Necrológicas

«Para hacer bien el amor hay que venir al Sur» (Recordando a Raffaella Carrá)

Por Marino Muñoz Aguero domingo 28 de junio del 2020

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Regia, estupenda, divina; cualquier adjetivo sería mezquino para catalogar a nuestra Diosa de la canción de las postrimerías de la década de 1970 y el primer lustro de la siguiente. La escuchamos por primera vez en 1976 con el recordado “Bobo Step”. En esa década llegó también por primera vez a Chile, no obstante, su actuación memorable (gestionada por el Sacerdote Raúl Hasbún) fue en el Festival de Viña del Mar de 1982. En dicha edición fue elegida Reina del certamen. Inolvidables hasta la fecha son, además, sus participaciones en los estelares de Canal 13, gestionadas también por Hasbún; el entonces canal católico se rendía a sus pies y a sus escotes.
Raffaella Maria Roberta Pelloni, nació en Bolonia, Italia. Es cantante, compositora, bailarina, presentadora de televisión y actriz. A temprana edad se inició en el estudio de la danza y la actuación y, partir de 1960 participó en películas italianas y francesas. En 1965 se trasladó a Hollywood con un contrato de 20th Century Fox, allí actuó junto a Frank Sinatra en “El expreso de Von Ryan”; la prensa rosa de la época apunta que rechazó los cortejos de Sinatra al percatarse que “Era amable conmigo, pero no con los demás”. A pesar de prometedoras ofertas, regresó a Italia iniciando su carrera en la televisión como actriz y luego, a principios de la década de 1970 como presentadora, cambiando su cabellera morena por el rubio platinado que fuera su sello característico. En 1975 se trasladó a España donde también trabajó en televisión e impulsó el despegue definitivo de su carrera de cantante.
La Carrá impactó con sus canciones alegres y sus despliegues escénicos acompañada de bailarines varones. Derrochaba energía en el baile, al tiempo que cantaba enfundada en atrevidos vestuarios que resaltaban su cuidada figura.
La lista de éxitos sería interminable, y aún cuando cada canción pudiera parecer intrascendente, encontramos en ellas hilos comunes referidos generalmente a las reivindicaciones femeninas en épocas dominadas por el machismo y la censura. Muchos de sus temas fueron censurados en Italia, España, Argentina o Chile y le generaron problemas con el mismísimo Vaticano. Hablar o cantar de amantes y de la libertad que al respecto ejercen las mujeres no era fácil en 1980: “para hacer bien el amor hay que venir al sur, lo importante es que lo hagas con quien quieras tu”.
No era fácil tampoco referirse a Lucas, el chico de cabellos de oro al que ella “quería casi con locura”, y quién era gay: “porque una tarde desde mi ventana, le vi abrazado a un desconocido, no se quien era talvez un viejo amigo, desde ese día nunca más le he vuelto a ver”.
Más allá del personaje, la Carrá ha sido una férrea defensora de los derechos femeninos en los planos sociales y laborales. Jamás aceptó ni amparó los abusos contra las mujeres y era una más en sus equipos de trabajo, a pesar de ser la Diva. Ha sido también defensora de la diversidad, transformándose en ícono de la comunidad homosexual.
En el plano político, nunca guardó silencio y no ha tenido empacho en dar opiniones públicas lo suficientemente informadas. Identificada con las ideas de izquierda, declaró en España “Yo siempre voto comunista” (Revista Interviú, Nº55, junio 1977). Lo anterior debe entenderse en el contexto del Eurocomunismo (ideología apartada en 1970 de la Unión Soviética) línea a la que pertenecía el entonces Partido Comunista Italiano.
A partir de 1990 la Diva retorna a la televisión en Italia y España y, a contar de la década pasada, registra apariciones esporádicas como cantante y presentadora.
Hoy, a sus 77 años, y con dos matrimonios a cuestas, mantiene su simpatía, su glamour, su sencillez y su estupenda figura sin ninguna cirugía. Como dicen en Italia: “Nada es eterno, excepto la Carrá” (modestamente, desde el Barrio Sur de Punta Arenas opinamos lo mismo).