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PC: aliados difíciles

Por Abraham Santibáñez sábado 18 de noviembre del 2017

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Al insinuar que, tras el apuñalamiento de Fulvio Rossi podía haber un autoatentado, el diputado Hugo Gutiérrez coronó una serie de desafortunadas acciones y declaraciones suyas y de sus correligionarios.
El mismo reconoció en El Periodista en 2008 que “de alguna forma, la política de rebelión popular hizo a los comunistas sentirse ‘más choros’, alejarnos un poco de la gente. Tenemos que retomar el partido de antes del golpe, abierto, tolerante, con amplia aceptación del otro…”.
Pese a su declarada intención de acercarse a la gente y ser reconocido por la defensa de los derechos humanos, labor que cumplió en la Vicaría de la Solidaridad durante la dictadura, Gutiérrez ha sido el paladín de las denuncias -justificadas o no- contra cualquier adversario político. “Se ha transformado en el diputado de las querellas, pero sólo las presenta en contra de sus rivales políticos o posibles competidores”, sostuvo en marzo la vicepresidenta de Amplitud, Elizabeth Armstrong.
Cuando los tribunales no le dieron la razón a Gutiérrez en su querella contra Sebastián Piñera por el caso Exalmar, insistió: “Es preciso reiterar que jamás nos inhibiremos en la búsqueda de la verdad y de la lucha contra hechos eventualmente constitutivos de delito y que importen a nuestro país. Ese es nuestro compromiso y no cesará nuestro esfuerzo por dilucidar y enfrentar a todos aquellos poderosos que detentan el poder económico y creen que la ley debe someterse a ellos”, dijo.
Pese al énfasis, el 3 de agosto, el Juzgado de Garantía de Santiago determinó que no existe delito, ni menos responsabilidad penal de Piñera en las inversiones que realizaron las sociedades de su familia en la pesquera peruana Exalmar y en la mina Dominga. Hace un mes, luego que se sobreseyera al ex Presidente en todas las instancias, la jueza Carolina Araya, determinó que Gutiérrez debía pagar dos millones y medio de pesos como costas.
Se puede estar de acuerdo o no con el diputado, pero es evidente -y así se corroboró ahora- que su persistencia no siempre está bien encaminada. Por desgracia, lo que se podría llamar “la patrulla juvenil” del PC, que parecía ofrecer un enfoque menos estridente de la política, ha caído en lo mismo. Agravado por la inconsecuencia de querer estar al mismo tiempo en el gobierno y en la calle. Peor aún, desde esta ambigua posición, los dirigentes comunistas han estado fustigando permanentemente a otros partidarios del gobierno por no estar de acuerdo con ellos. Es, como ya dijo el diputado Gutiérrez, la altanera seguridad de creerse “más choros”.
Eso explica que, a comienzos de octubre, la candidata de la Democracia Cristiana Carolina Goic tuviera duras expresiones: “A ellos (los comunistas) los veo tratando de imponer una postura que no comparto, incluso un tono de amenaza que no comparto. Así no se hacen las cosas. No puede ser que un partido de gobierno, no respalde la actuación de su gobierno en materia internacional, ahí se rebasa un límite”.
La alusión era por el hecho de que el PC se haya restado a la reacción oficial frente a la crisis venezolana. Y hay más.