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Pecados capitales

Por Carlos Contreras martes 26 de julio del 2016

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El ejercicio de la actividad política al igual que cualquier actividad humana, a mi juicio, está sujeto a los aciertos y errores de quienes la ejercen o desarrollan, y en el caso de Chile, existe una clase política que de una u otra manera, con algunos matices y nuevos miembros, es responsable de lo que hoy acontece. Desde ya me parece necesario asumir que me considero un ciudadano en propiedad y con ello confieso mi ser político y mi necesidad que existan opciones políticas en el ejercicio del poder, pero lo anterior no obsta una crítica, aún más hace necesario que se enfrente con franqueza algunas cosas que es necesario debatir, entendiendo que no soy portador de la verdad absoluta, pero sí de una verdad que requiere discusión.
Llevo más de 26 años ligado a la actividad política, he participado en gobiernos de manera directa y como ciudadano, milité 21 años en un partido político y hoy me siento más libre y comprometido con una determinada mirada que se subsume en un sinnúmero de miradas de sociedad, pero que creo amerita dedicación. Por ello siento que puedo compartir mi convicción en torno a algunos pecados de la mentada clase política haciendo presente que es una mirada, más o menos fundada, que sólo pretende las bases de un debate que hoy es necesario en una sociedad chilena en que cada uno de sus sectores sólo descalifica y, con mayor o menor razón, pretende imponer de manera automática sus miradas. Así las cosas los pecados capitales del mundo político tiene que ver con los siguientes aspectos.
SOBERBIA: definida como el sentimiento de superioridad frente a los demás que provoca un trato distante o despreciativo hacia ellos, es la forma natural que tienen los distintos personeros de los diversos partidos y movimientos políticos; a veces parece que sólo hay interés en hacerse escuchar y oírse, perdiendo la capacidad de escuchar al resto del mundo, sea de tu sector o no, pues al final del día sólo quien habla con propiedad y en forma categórica sería el que destaque en este mundo.
PEREZA: entendida como la falta de ganas de trabajar, o de hacer cosas, propia de la persona perezosa, pues parece que sólo basta hablar para ejercer la actividad política y ello en desmedro del necesario estudio de las cuestiones a debatir o de los antecedentes que se deben considerar para ello; hay también pereza cuando se deja de atender personalmente al electorado o no se hace el esfuerzo para escuchar y atender con dedicación a sus necesidades y requerimientos.
Por supuesto que existen otros pecados capitales, pero también ellos existen desde la perspectiva de los ciudadanos, gobernados o la sociedad, pero ello será materia de otra columna, pues no es posible, lógico ni real que la culpa de los males de la sociedad sean sólo de un sector.