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Píldoras para un verano feliz

Por Jorge Abasolo lunes 13 de enero del 2020

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Escribo esta columna luego de dormir una plácida siesta, privilegio insuperable de una ciudad sureña como Angol.

Estoy más solo que un leproso, ya que mi hermana María Teresa (Pelu) se me fue a Santiago por una semana a un Retiro Espiritual con el padre López, un cura de excepción. Con un diez por ciento de sacerdotes de este jaez tendríamos otro planeta.

Y también otra Iglesia, claro…

Esto de quedarme solo es un eufemismo, pues mis perros Tití, Antú y Totó son fieles compañeros.

Mi problema es que soy nulo en la cocina.

Hasta el momento he quemado dos ollas y fundido tres teteras.

Y eso que estoy preparando la ensalada, no más…

SOLAZ

Cuando estoy solo me recrea regar el patio, leer lo atrasado y acicalar un poco mi viejo coche Dodge Neón que tiene más años que la injusticia.

Recuerdo que cuando lo compré se lo fui a mostrar (el auto) orgulloso a mi mujer. Ella lo miró y farfulló:

– ¡Qué tierno el autito, Jorge! ¿Y lo hiciste tu mismo?

Me pisoteó el autoestima, admito.

Cuando salgo a la calle con mi coche aprovecho de tocar la bocina bien seguido.

Es lo que mejor le funciona.

RIVERA

Me pongo al día y termino de leer “Santos de mi devoción”, un libro de cuentos de Roberto Rivera (Simplemente Editores)

Su relato “Viejos perros” destaca por sobre el resto. Habla de modo descarnado de la vejez y de las relaciones sexuales promiscuas.

Y bueno, hacer el amor después de los 70 es fregado. Es como jugar pool con una soga.

Y como si fuera poco a esa edad todo duele.

Y lo que no duele no funciona.

“Santos de mi devoción” es un libro que agarra. Los trabajos de Rivera han sido publicados en revistas de México, Suecia, España, Estados Unidos, Uruguay y Argentina. Es decir, sus cuentos están más paseados que guitarra de canuto.

DE MI BITACORA FILOSOFICA

Si usted no encuentra el amor de su vida en el décimo intento, se le asignará una mascota.

Atentamente:

La Vida

Dios llama a Adán y le dice:

– Hijo, tengo una buena noticia para ti;y otra mala.

– Deme la buena primero, Jefe Máximo.

Y Dios retruca:

– Te voy a hacer dos regalos: un cerebro y un pene.

– ¡Genial!  ¿Y cuál es la mala?

– Es que no tendrás suficiente sangre como para hacer funcionar las dos cosas al mismo tiempo.

PREGUNTA INOCENTE

– Mamá, ¿a qué edad te enamoraste de papá?

– A los 65.

– ¡¡Pero si tienes 46!!

– Bueno, dame un poco de tiempo…

DIGNO DE RIPLEY

Un caníbal levanta la tapa de la olla en la que se está cocinando a un explorador y le pega un puñetazo.

Otro caníbal le grita:

– ¡Déjalo tranquilo, si total…le queda poco tiempo!

– ¡Es que el desgraciado se estaba comiendo el arroz…!

CAMBIOS DE LA MEDICINA DE HOY

Mi vecino fue al psiquiatra porque se sentía deso-rientado.

Y el médico le recetó un mapa.