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Polarización y confusión

Por Abraham Santibáñez sábado 10 de noviembre del 2018

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Más que un político tradicional, Donald Trump es una caricatura. El martes pasado, cuando ya estaba definido el resultado de la elección de mitad del mandato y todos los sectores sentían que, por distintas razones, podían cantar victoria, no vaciló en lanzar una última fanfarronada: “Hemos tenido un gran triunfo”.

Tiene razón: al mantener el control del Senado, es probable que los republicanos le ayuden a impedir problemas mayores y siga aspirando a un segundo período en la Casa Blanca. Pero los próximos dos años no estarán exentos de problemas: la oposición demócrata logró la mayoría en la Cámara de Representantes, aparte de algunos significativos triunfos en gobernaciones.

Lo más grave, sin embargo, es que Trump no ha abandonado su estilo. Lo primero que hizo después de la elección fue despedir vía twitter a Jeff Sessions, su fiscal general (equivale al ministro de Justicia). Hacía tiempo que le había perdido la confianza, pero esperó hasta saber el resultado de las elecciones para tomar la medida. Ello habla de una mente retorcida, sin duda. La misma que empleó para pelear con los periodistas en su primera conferencia de prensa. En la ocasión, gritoneó al periodista de CNN y usó el sarcasmo con una corresponsal francesa (dijo no entender su inglés), y se lanzó categóricamente a la carrera presidencial.

Según un primer análisis, los electores republicanos premiaron su extremismo, su lenguaje rudo y crudo y su agresividad. Así conservó el Senado y logró que algunos senadores republicanos moderados perdieran sus escaños.

El otro lado de la moneda, sin embargo, es que se produjo una alta polarización de los electores. En un tiempo de denuncia contra los abusos sexuales, más de cien mujeres fueron elegidas en las dos cámaras, el equivalente a casi un cuarto del total de los congresistas- Desafiando el machismo galopante de Trump y sus varios prejuicios, entre las triunfadoras están Sharice Davids, la primera nativa norteamericana; dos musulmanas, y la más joven diputada de la historia, todas demócratas.

Pero también, como precisó The Washington Post, fueron reelectos dos congresistas republicanos que enfrentan graves cargos de corrupción; un demócrata fue reelecto en New Jersey pese a que un jurado que analizaba sus cargos por fraude no llegó a acuerdo; lo mismo ocurrió con el fiscal general de Texas, reelegido aunque está acusado de fraude; igualmente, en Montana fue reelecto un diputado que fue condenado por golpear a un periodista.   

Trump puede cantar victoria, convencido de que su estilo le abrirá las puertas de la reelección. Los republicanos probablemente optarán por la línea dura. Y los demócratas enfrentarán un futuro complejo, difícil e impredecible, ya que la corriente parece va en su favor, pero hasta ahora no tienen una figura potente que puedan oponer a Trump en dos años.

Lo que algunos pensaban que sería un plebiscito -confiando en una gran derrota del actual presidente- deberán seguir buscando su líder.