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¿Por qué la Vía Elevada ignora el viento magallánico?

Por Juan Francisco Miranda jueves 11 de julio del 2019
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Es imposible pensar en Magallanes y no pensar o sentir el viento. Ese viento arrachado, frío, y caótico, que para quien vive acá es parte del paisaje y parte del espíritu magallánico, y que para los visitantes es parte de la aventura patagónica. El viento y sus rachas provocan cierres de puertos, muchas veces que se vuelen estructuras no suficientemente fijas, y si nos pilla desprevenidos, incluso, puede hacernos caer con lamentables consecuencias.

En Punta Arenas en particular, hay muchas obras públicas como el Edificio del Ministerio de Agricultura, o el de los Servicios Públicos donde reside el Mop, que su mal o nulo diseño aerodinámico (los arquitectos e ingenieros que los diseñaron no consideraron la fuerza y dirección de los vientos predominantes), hace que se deban cerrar los accesos principales cuando aparece el viento, pues si los dejan funcionando se terminan rompiendo. Es posible ahondar en la respuesta ante tales negligencias, y es porque probablemente los diseñadores no eran de la zona, sino que de Santiago, donde el caso más crítico de viento puede llegar a ráfagas de 30 ó 40 km/h, lo que es insignificante comparado con las ráfagas del viento magallánico que superar los 100 km/h.

El viento en superficie tiene menor velocidad que a una altura mayor debido al efecto del roce de la superficie y sus construcciones, y por ello aumenta el riego al recibir una mayor fuerza del viento a una mayor altura.

Es mejor recibir el viento de frente, que de costado, pues en aerodinámica se demuestra que un viento lateral pone en riesgo a los aviones al aterrizar y en general a cualquier superficie que lo recibe. Esto también ocurre en las rutas, pues todos los años vemos camiones o vehículos “tumbados” por el viento, en sectores donde la ruta va en un terraplén a sólo 1 ó 1,5 metros respecto del suelo natural. En estos casos el costado de un vehículo o el acoplado de un camión reciben en toda su superficie lateral la fuerza de vientos arrachados, con las consecuencias lamentables como en algunos casos con pérdidas de vida.

La vía elevada en la Ruta 9 con Av. Frei que insistentemente el Mop pretende construir consiste en dos puentes paralelos de 300 metros, a una altura promedio de 6 metros de la superficie en dirección norte sur, a un costado del Humedal de Tres Puentes. Para colosal infraestructura deberán colocar muchos pilotes a una profundidad de 30 metros para fundar la superestructura. Sin embargo, los ingenieros que diseñaron y fiscalizaron ese proyecto han olvidado dos factores climáticos importantes para esta zona, que todos conocemos, pero que quienes impulsan el proyecto desconocen.

En ese sector los vientos predominantes bajan del cerro en dirección al mar, y por lo tanto se dan condiciones de vientos laterales arrachados, los mismos que tumban vehículos a 1 ó 1,5 metros en las rutas magallánicas, pero con el agravante que en esta vía elevada lo harán a 6 metros donde la velocidad es mayor. Es importante establecer que la seguridad vial es un elemento esencial, y que es la Dirección de Vialidad la responsable cuando ocurren accidentes y se comprueba que no corresponden a una mala conducción. Ya que este gobierno insiste con hacer este proyecto, es importante señalar que ante eventuales accidentes de este tipo, los responsables tienen nombre y apellido.

Por otra parte, la sombra permanente en algunos días de invierno que generará la vía elevada, con ausencia de luz solar, ante baja temperaturas o acumulación de nieve generará riesgos para los vehículos que transitarán por debajo de este paso sobre nivel.

El Manual de Carreteras de la Dirección de Vialidad no hay un solo capítulo que fije criterios de diseño para vientos laterales en vías elevadas, probablemente porque esta condición se da excepcionalmente en el resto de Chile, pero en Magallanes el viento más que una excepción es una regla con la cual es esencial convivir. Sigo creyendo que este proyecto debe ser reformulado, reducido a la rotonda, y que se haga un análisis multisectorial que aborde no sólo los flujos proyectados, sino que el cambio de uso de suelo que experimenta el área norte de la ciudad, y las nuevas arterias que se deberán conectar a la Ruta 9, pues no tiene sentido hacer en cada cruce una vía elevada, y menos si a futuro terminaremos semaforizando la misma ruta hasta el aeropuerto, tal como ocurrió con la Avenida Bulnes a medida que se fue poblando.