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Punta Arenas, el desafío de ser ciudad

Por Marcos Buvinic domingo 18 de diciembre del 2016
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Hoy día, nuestra ciudad de Punta Arenas, cumple 168 años y, como sucede casi todos los años, el cumpleaños de nuestra ciudad pasó desapercibido para casi todos los habitantes. No es que en el aniversario de la ciudad haya que echar la casa por la ventana, pero a todos nos hace bien -y nos hace falta- reconocernos como habitantes y  testigos de una historia y de un modo de vida, y ser los que hoy acogemos los desafíos de lo que significa ser ciudad y ser ciudadanos.
Quizás alguien pueda sentirse ofendido cuando digo que Punta Arenas tiene el desafío de ser ciudad, pues pensará que Punta Arenas “es” una ciudad. Sucede que una ciudad no es -simplemente- una aglomeración de personas en un punto de la geografía, sino que es un proyecto de vida en común que está siempre haciéndose y nunca está acabado; más bien, esa es una tarea permanente y siempre pendiente ante los nuevos desafíos.
Nuestra ciudad de Punta Arenas es el símbolo de la historia que la ha habitado, es la expresión de lo que son sus habitantes y de lo que han hecho.  La ciudad es el reflejo del modo de vida de los habitantes, de lo que les interesa y les preocupa; es la expresión de lo que aman y de lo que no aman, es expresión de los valores que sus habitantes promueven y de los valores que olvidan o postergan. Todo queda plasmado en el cemento y la madera, en las calles y la ubicación de los barrios, en la distribución de los servicios urbanos y en el modo en que los ciudadanos participan de ellos. Así, quien ve la ciudad, puede conocer a los habitantes y su historia, y -en  especial- puede conocer lo que hay en su corazón.
El desafío de ser ciudad es realizar una obra colectiva animada por un dinamismo de encuentro y diálogo, de búsqueda del bien común -aun en medio de los eventuales conflictos-, y de colaboración en un proyecto que nos sobrepasa en el tiempo y será nuestro legado a futuras generaciones de habitantes.
Esta obra común que es nuestra ciudad, requiere que los habitantes aprendamos a ser “ciudadanos”, es decir, corresponsables de esta gran obra colectiva. Sin ciudadanos, Punta Arenas se muere. El aprendizaje de ser ciudadano es un desafío cuando tiende a predominar el “usuario”: el ciudadano se identifica con su ciudad y se siente responsable de ella; el usuario, en cambio, “usa” la ciudad, se sirve de ella y los bienes comunes para sus intereses, no invierte en ella -ni bienes ni tiempo-, ni le importan los excluidos de los bienes comunes.
Aprender a vivir como ciudadanos es una tarea que pone a prueba la convivencia democrática y la honestidad pública. Es esta una tarea que requiere prudencia y sensibilidad creativa, además de generosidad y de la tenacidad de las generaciones que nos precedieron.
Por último, el desafío de ser ciudad nos interpela a todos con la pregunta acerca de los habitantes que quedan al margen del dinamismo de creación de la ciudad. Punta Arenas irá siendo cada vez más una ciudad, en la medida que todos sus habitantes participen de los beneficios del bien común que es la misma ciudad.
Los excluidos, los pobres y sufrientes, sitúan a la ciudad de Punta Arenas ante la opción de construir su presente y futuro como ciudad solidaria en que todos los habitantes se identifiquen con ella, o como ciudad de la exclusión y la marginación.  Tal es el desafío mayor en el proyecto de ir siendo ciudad y no una mera aglomeración de personas en un punto de la geografía.