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¿Qué tiene la “Casa de Papel” que nos encanta?

Por Eduardo Pino viernes 18 de mayo del 2018

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Aunque no he sido muy aficionado a las series, debo confesar que sucumbí en mi curiosidad debido a la cantidad de personas que comentaba la calidad de esta producción en las pantallas de Netflix. Y la verdad es que tenían toda la razón, pues la creación del español Alex Pina lleva varias semanas en el tope de audiencia en la plataforma comercial dedicada al entretenimiento. Pero no es sólo un logro de rating, difícil de medir debido al sigilo con que se manejan las cifras en Netflix, debiendo considerar además la calidad de un producto que siempre será fácil evaluar cuando se ha observado el impacto en el público, pero tan complejo de anticipar cuando sólo es un proyecto o una idea en las mentes de sus creadores.

Lo cierto es que para una generación como la mía, cercana a los 50 y que creció con la televisión en transición blanco y negro-color y una limitada oferta de canales abiertos, esta serie viene a ratificar el cambio que para tantos jóvenes y niños era una realidad obvia: el formato de entrega por televisión tradicional se muere y la emisión por plataformas de entretención ha venido a ocupar su sitio. Era algo que personalmente me negaba a aceptar, ya sea por una emoción nostálgica o por no informarme lo suficiente acerca de los cambios en la mentalidad de los consumidores más nóveles; pero los tiempos en que nuestra generación seguía fielmente los capítulos de una serie una vez por semana, aguantando tandas eternas de comerciales, trasnochando y con la incertidumbre que si lo perdíamos no tendríamos otra oportunidad de verlo de nuevo; han dado paso a la inmediatez y disponibilidad del producto en su totalidad, para disfrutarlo en un “atracón” que cabe incluso en nuestra propia palma.

Ratificar que Antena 3, televisora que presentó en sus pantallas la serie el año pasado, obtuvo ratings de más de 4 millones de espectadores al principio y terminó con menos de la mitad hacia el final, lo que da una evaluación sólo discreta de esta serie; para que luego de ser vendida a Netflix y se redujeran los capítulos de 70 a 50 minutos, se rearmaran los Cliffhangers (dejar enganchado al espectador debido a lo inconcluso de una situación extrema de algunos de sus personajes), se evitaran las tandas comerciales que cortaban el ritmo frenético de la trama, además de tener la certeza que la temporada estaba hasta el final al alcance de un click, es que logramos comprender la forma que se está imponiendo al consumir entretención. Guardando las proporciones, lo más cercano a una situación así, en que una obra sin pena ni gloria lograba un arrollador éxito al reestrenarse en forma replanteada, fue cuando en 1988 Giuseppe Tornatore no lograba resignarse que su creación cinematográfica cumbre “Cinema Paradiso”, pasara como una película con escasa taquilla y una crítica mediocre. Después de darle muchas vueltas, acepta con escepticismo la sugerencia de sus cercanos de acortar su tiempo, pues la gente se cansaba de verla antes de terminar. Aunque estaba reticente, corta más de media hora y saca uno de los nudos más importantes de la trama, lo que como Director le dolió en el alma, según confesaría después. El resultado fue sorprendente, pues “Cinema Paradiso” pasó de ser una producción del montón, a ganar el Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 1989, además de muchos otros premios que la llevaron a convertirse en la película no producida en Hollywood más vista de todos los tiempos. 

Más allá de todos los méritos de “La Casa de Papel”: un cuidado equilibrio entre la acción y la inteligencia del guión, despliegue de efectos especiales y locaciones que nada tienen que envidiar a las producciones yanquis, una moralidad flexible en que los malos tienen mucho de buenos y viceversa, una clara rebeldía de los menos privilegiados ante un sistema opresor y abusivo, además de personajes atractivos y fácilmente identificables, hacen de los mamelucos rojos, las máscaras de Dalí y los nombres de ciudades una gran serie, pero sobre todo nos muestra a los que aún teníamos alguna duda que la forma de ver televisión cambió para siempre.