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Red Senda Cuech: un desafío que se sigue consolidando

Por Eduardo Pino viernes 18 de noviembre del 2016

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La semana pasada se realizó el encuentro nacional del proyecto Senda Cuech en la ciudad de Valparaíso, que reúne a las universidades estatales en torno a la temática de drogas, abordando las áreas de prevención, formación, investigación e intervención que estos centros educativos realizan en pos de su comunidad universitaria y hacia el entorno social general, especialmente escolar. Esta red se encuentra trabajando hace varios años y ha sistematizado sus encuentros hace cuatro, considerando que el año pasado nuestra región fue sede de su tercera versión  en dependencias de la Universidad de Magallanes.
Trabajar en el consumo de drogas con nuestros adolescentes y jóvenes se ha ido transformando en una  temática relevante en las casas de estudio de educación superior, por lo menos en aquellas que poseen una impronta estatal y por ende están llamadas a un servicio e intercambio permanente respecto a la comunidad en que se encuentran insertas. Además se destacan por un sello regionalista, por lo que deben estar atentas a las características propias de su entorno, que en un país tan diverso como el nuestro cobra mayor importancia para lograr una vinculación efectiva y funcional que devenga un mutuo beneficio. Con apoyo del Senda, esta red se ha ido fortaleciendo en el tiempo, capacitando docentes y compartiendo diversas experiencias con el fin de sistematizar conocimientos que sean entregados a  futuros profesionales, recibiendo una formación en aulas que inevitablemente deben extenderse a su comunidad. Los tiempos de académicos enclaustrados en sus propias cavilaciones y proyectos personales deben ir dando paso a dinámicas en que las universidades están llamadas a asumir un protagonismo para contribuir al bienestar y progreso de sus entornos, al servicio de escenarios complejos y cambiantes que desafían a la academia. Pero no sólo debe entenderse este fenómeno como una entrega de conocimientos reflejados en conceptualizaciones, datos, estadísticas o procedimientos, ya que además se requiere de una sensibilización ante una temática que por más cotidiana que la percibamos, muchas veces hipoteca proyectos de vida de personas en formación. La importancia de concientizar a futuros profesionales como agentes educativos en la temática pretende ir más allá incluso de las tradicionales áreas de las Ciencias Sociales, Educación y Salud, para integrar a todos quienes han optado por la educación superior como impulsor de su vocación.
Es que trabajar en prevención de drogas y alcohol en ambientes universitarios resulta complejo por la natural relación que se establece con los “carretes” cotidianos. A diferencia del escolar, el universitario es un adulto, un individuo que muchas veces toma sus propias decisiones sin la supervisión o compañía de su familia; algo para lo que no siempre está preparado, especialmente cuando ingresa a un sistema cuya cultura informal desconoce y probablemente se adaptará sin medir algunas de sus consecuencias.
La idea no es prohibir, es crear espacios para la información y sobre todo la discusión de las consecuencias que traen las adicciones, reconociéndolas como una forma autodestructiva a la que muchas veces no se imaginó llegar.  Reconocer sus factores de riesgo y sus factores protectores, hará que se domine un mejor manejo de los conflictos personales y sociales implicados. Una tarea para seguir trabajando y un desafío para seguir consolidando en nuestras universidades.