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  • Julio Sebastián Calderón Maclean

Representación legal de los hijos

Por Palmira Muñoz miércoles 10 de febrero del 2016

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La razón de ser de esta particularidad, constituye la incapacidad del hijo que requiere de un representante legal. Así tenemos al absolutamente incapaz que puede actuar a través de éste y el relativamente incapaz que puede actuar a través de su representante legal o autorizado por éste, o el representante legal ratifique sus actos.

Cabe hacer presente que si el hijo actúa prescindiendo de su representante legal, en aquellos casos en que es importante la participación de éste, debemos distinguir para determinar el efecto que se produce: a) Si el hijo es menor de 12 si es mujer o menor de 14 si es hombre, le afecta una incapacidad absoluta, todo lo que ejecute por sí mismo sin intervención de su representante legal, es nulo de nulidad absoluta, ni siquiera genera obligaciones naturales. El tercero que contrata con este impúber no puede pedir que se declare la nulidad del acto, porque en este caso debió saber que el acto era absolutamente nulo. Si es un legitimario activo quien solicita la nulidad del acto y en el hecho así sucede, el tercero sólo podrá recuperar lo pagado en virtud del contrato, si prueba que el impúber con esto se ha hecho más rico, bajo el concepto de enriquecimiento sin causa. Aun cuando se tenga que reembolsar al tercero, se asegura de no pagar los perjuicios si se opone la excepción de nulidad ante el cumplimiento forzado o resolución interpuesta por el éste. b) Si el menor es un menor adulto, esto es, mujer mayor de 12 y menor de 18; hombre mayor de 14 y menor de 18. Si esta autorización no existe, el acto o contrato sería anulable de nulidad relativa y se generaría una obligación natural, que permite retener lo pagado.

Si el hijo tiene peculio profesional, por mucho que haya actuado fuera de él, el tercero goza de acción para perseguir el cumplimiento de la obligación en los bienes que conforman el peculio profesional o industria del hijo. Este derecho de acción está condicionado al hecho que exista un peculio profesional y debe existir al momento que decide perseguir el cumplimiento.

Nuestra legislación establece expresamente que los actos y contratos del hijo no autorizados por el padre o la madre que lo tenga bajo su patria potestad, o por el curador adjunto, en su caso, le obligarán exclusivamente en su peculio profesional o industrial. Pero no podrá tomar dinero a interés, ni comprar al fiado, excepto en el giro ordinario de dicho peculio, sin autorización escrita de las personas mencionadas. Y si lo hiciere, no será obligado por estos contratos, sino hasta concurrencia del beneficio que haya reportado de ellos.

Si entre los padres hubiere sociedad conyugal, los actos y contratos que el hijo celebre fuera de su peculio profesional o industrial y que el padre o madre que ejerce la patria potestad autorice o ratifique por escrito, o los que éstos efectúen en representación del hijo, obligan directamente al padre o madre en conformidad a las disposiciones de ese régimen de bienes y, subsidiariamente, al hijo, hasta concurrencia del beneficio que éste hubiere reportado de dichos actos o contratos. Si no hubiere sociedad conyugal, esos actos y contratos sólo obligan, al padre o madre que haya intervenido. Lo anterior no obsta a que pueda repetir contra el otro padre, en la parte en que de derecho haya debido proveer a las necesidades del hijo.

Cabe recalcar que el menor adulto no necesita de la autorización de sus padres para disponer de sus bienes por acto testamentario que haya de tener efecto después de su muerte, ni para reconocer hijos.

Por otra parte, cuando el hijo tenga que litigar como actor contra el padre o la madre que ejerce la patria potestad, será necesario la intervención del tribunal y éste, al otorgarla, le dará un curador para la litis. El padre o madre que, teniendo la patria potestad, litigue con el hijo, sea como demandante o como demandado, le proveerá de expensas para el juicio, que regulará incidentalmente el tribunal, tomando en consideración la cuantía e importancia de lo debatido y la capacidad económica de las partes.

El hijo no puede parecer en juicio, como actor, contra un tercero, sino autorizado o representado por el padre o la madre que ejerce la patria potestad, o por ambos, si la ejercen de manera conjunta. Si el padre, la madre o ambos niegan su consentimiento al hijo para la acción civil que quiera intentar contra un tercero, o si están inhabilitados para prestarlo, podrá el tribunal suplirlo, y al hacerlo así dará al hijo un curador para la Litis.

En las acciones civiles contra el hijo deberá el actor dirigirse al padre o madre que tenga la patria potestad, para que autorice o represente al hijo en la Litis (juicio). Si ambos ejercen en conjunto la patria potestad, bastará que se dirija en contra de uno de ellos.
Si el padre o madre no pudiere o no quisiere prestar su autorización o representación, podrá el tribunal suplirla, y dará al hijo un curador para el juicio.

Finalmente, no será necesaria la intervención paterna o materna para proceder criminalmente contra el hijo; pero el padre o madre que tiene la patria potestad será obligado a suministrarle los auxilios que necesite para su defensa.