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Rumores explosivos

No es la primera vez. Difícilmente será la última. Pese a este convencimiento, el Ministerio del Interior se tomó en serio lo ocurrido al anochecer del miércoles cuando las gasolineras se vieron copadas en Santiago. Un rumor que cruzó raudo las redes sociales, hizo creer a miles de automovilistas que el combustible se agotaría por un paro de camioneros. Al día siguiente, el Subsecretario Mahmud Aleuy anunció que “nos vamos a querellar por desórdenes públicos (…) a raíz de este pánico que se irradió a partir de una información falsa de que no iba a haber combustible”.
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Por Abraham Santibáñez sábado 11 de julio del 2015

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No es la primera vez. Difícilmente será la última. Pese a este convencimiento, el Ministerio del Interior se tomó en serio lo ocurrido al anochecer del miércoles cuando las gasolineras se vieron copadas en Santiago. Un rumor que cruzó raudo las redes sociales, hizo creer a miles de automovilistas que el combustible se agotaría por un paro de camioneros. Al día siguiente, el Subsecretario Mahmud Aleuy anunció que “nos vamos a querellar por desórdenes públicos (…) a raíz de este pánico que se irradió a partir de una información falsa de que no iba a haber combustible”.

Antiguos como son, los rumores son difíciles de combatir. Según el estudio clásico de los investigadores norteamericanos Allport y Postman, “el rumor es una proposición específica para ser creída, que pasa de persona a persona generalmente por vía oral, sin medios de prueba seguros para demostrarla”.

Allport y Postman analizaron lo ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial, cuando en Estados Unidos florecían los rumores acerca de soldados horrorosamente mutilados o que el alto mando había sido sobrepasado por la eficacia del enemigo. Según ellos, los rumores “circulan porque cumplen una doble función de explicar y de descargar las tensiones emocionales que sienten los individuos”. En otras palabras, los rumores se multiplican cuando están dentro de los límites de lo creíble y hay dudas acerca de la veracidad de las informaciones oficiales. En este siglo, habría que agregar el desarrollo tecnológico que transmite información -falsa o verdadera- con la velocidad del rayo al mundo entero.

El historiador catalán Alberto Reche es enfático: “Es una forma de expresión del habla colectiva, que toma forma propia una vez que el rumor se pone en circulación. Cobra vida”. Una voz que se reconoce como autorizada, hace imparable un rumor. Esta vez, según La Tercera, la alarma se activó tras el apoyo explícito que entregó un grupo de parlamentarios a los trabajadores encargados de la distribución de combustibles de Copec. Ante la denuncia de que sus condiciones de trabajo eran precarias, la diputada Alejandra Sepúlveda sostuvo: “No podemos permitir que estas empresas poderosas hagan y deshagan con los trabajadores… ante lo expuesto, estos sindicatos iniciarán movilizaciones desde las 24 horas de hoy, lo cual significa que no habrá distribución de combustible a lo largo del país”.

Hace más de una década, en 2003, otra diputada -Pía Guzmán- aseguró públicamente que el entonces senador Jovino Novoa estaba implicado en la red del caso Spiniak. No fue fácil para el parlamentario despejar las dudas.

Como decía el antiguo dicho respecto de las armas: las redes también las carga el diablo.