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Se necesitan niños

Por Marcos Buvinic domingo 11 de junio del 2017
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En este año de elecciones, se escucha a los candidatos que llaman a discutir proyectos y realizar una campaña con ideas, mirando el conjunto del país. Ojalá suceda así, pero -personalmente- tengo mis dudas a causa de los intereses cortoplacistas que se lanzan a una verdadera cacería de votos.
Me ha llamado la atención -hasta ahora- la ausencia de muchos temas que tocan los fundamentos de la vida en común; de esa vida que hace un país. Entre muchos de los ejemplos posibles está la ausencia de alguna reflexión y propuesta sobre los cambios demográficos de nuestro país.
La semana pasada, diversos medios periodísticos hicieron ver dos importantes situaciones que impactan directamente en la vida de nuestra sociedad, pero que no aparecen en la llamada agenda política. Se trata del dato que en los próximos cinco años se duplicará en Chile el número de personas jubiladas por edad y, así mismo, el dato de que hoy Chile tiene medio millón de niños menos que hace catorce años.
La primera mirada a esas cifras nos indica un fuerte proceso de envejecimiento de la población y un significativo descenso de la natalidad. Veamos las cifras más de cerca. Actualmente hay en Chile alrededor de 800.000 mujeres y hombres jubilados por edad, pero dentro de cinco años se sumarán otras 750.000 personas.
De ahí surgen muchas e importantes preguntas: ¿qué sistema de pensiones va a resistir este aumento tan significativo de jubilados por edad?, ¿qué va a seguir ocurriendo con las miserables pensiones que hoy reciben los más pobres?, ¿va a haber en el país una masa laboral capaz de mantener el funcionamiento de una economía que sostenga a una población envejecida?, ¿cómo vamos a enfrentar los cambios culturales en un país de adultos mayores?
Este envejecimiento de la población va de la mano del descenso de la natalidad: en 1960, el 40% de la población tenía menos de 14 años, en 2015 era sólo el 20%. En 1978, las madres tenían un promedio de 3 hijos, hoy es de 1,8 por madre (los estudios señalan que un promedio de 2,1 hijos por madre permite que se mantenga la población de un país y su masa laboral). En este proceso aumentan los hogares sin hijos o con sólo un hijo: de 1990 a 2011 los hogares con sólo un hijo pasaron de 46,3% a 58,4 %. En fin, podríamos seguir con cifras que evidencian que la dinámica de la población chilena ha cambiado significativamente.
El descenso de la población pone muchas cuestiones -de distinto tipo-, y por señalar un aspecto: sucede que el hijo único pasa a ser un “hijo tesoro” y eso trae cambios en la sicología de los padres y de los niños, en la educación y en las actitudes ante los demás. Algo de eso ha sucedido en China, donde la política estatal del hijo único ha traído nuevas generaciones más individualistas, menos solidarias, con menor participación social y política. Otra pregunta que no es menor es acerca de la relación que tendrán esas nuevas y mermadas generaciones con los adultos mayores a quienes tendrán que mantener con su trabajo.
En fin, se trata de situaciones y preguntas que tienen que ver de manera significativa con el país que vivimos y el país que podemos ser. Es de esperar que algo de esto tenga que ver con las ideas y proyectos de quienes quieran servir como autoridades en el país.
Aunque la sociedad de consumo puede disuadir a las personas de tener hijos para mantener su libertad y estilo de vida, en cualquier caso, ¡hacen falta niños! Y, en la experiencia del amor son los niños los que muestran y recuerdan lo mejor del ser humano, y el Señor Jesús los pone como modelo de lo que es conocer el amor de Dios: “si no se hacen como niños no entran en el Reino”. Sin duda, no es bueno que un país pierda sus modelos en el amor y en la relación con Dios.