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Segunda vuelta presidencial

Por Juan Francisco Miranda jueves 30 de noviembre del 2017
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En toda competencia se puede ganar o perder, tener un triunfo o una derrota, pero también es importante la forma de competir. Desde hace siglos que el mundo se divide entre quienes “el fin justifica los medios” siguiendo a Maquiavelo o el moderno “pragmatismo”, y quienes privilegian el sentido ético en el fin y en los medios para conseguir dicho fin. Sin ánimo de discriminar ni imponer una superioridad moral, observo que, de los grandes sueños colectivos pasamos a privilegiar los intereses individuales, y en una sociedad de consumo como la nuestra, en época de campañas simplemente se busca la mejor oferta, olvidando que cuando se elige un gobierno también se elige un sueño país.
En la política actual abundan quienes con tal de mantener un espacio de poder “propio” se olvidan del colectivo, como es el caso de muchos parlamentarios o caudillos, a quienes no les importa cómo y sólo les importa ganar. En el caso de la DC, partido del que soy militante, ejemplos hay de sobra, pues no sólo en esta elección, algunos parlamentarios y militantes del partido no apoyaron a Carolina Goic, sino que antes no estuvieron con Claudio Orrego, Eduardo Frei hijo, ni con Soledad Alvear. Para esos parlamentarios era más importante su reelección que trabajar porque la mirada país de nuestros candidatos y candidatas presidenciales llegara a los chilenos. Esto no sólo ha venido ocurriendo en la DC, sino que con frecuencia lo hemos visto en todos los sectores políticos, lo que ha venido generando la desafección a los partidos políticos. La solución no pasa por populistas oportunistas que con astucia dicen lo que la gente quiere escuchar y con una buena consigna ganan adeptos sin importar ni menos decir la forma en que harán lo que la gente quiere. El país necesita volver a confiar en sus políticos, y para ello es necesario tiempo y testimonio, buenos ejemplos, sentido de ética en la acción, menos pragmatismo y más corazón.
En la reciente primera vuelta presidencial hubo un 55% de abstención, lo que claramente es una derrota. También creo que todos perdieron ya que ninguno logró tener mayoría absoluta, y en esta segunda vuelta hay que elegir entre Sebastián Piñera y Alejandro Guillier. A Piñera las encuestas lo situaban en un 46% y obtuvo un 36%, lo que claramente fue una derrota para las expectativas de algunos que incluso apostaban ganar en primera vuelta. En el caso de Guillier al menos las encuestas fueron más coherentes con lo que obtuvo.
El futuro presidente no tendrá mayoría en el Parlamento para gobernar, y por lo tanto tendrán que ser capaces de dialogar, buscar acuerdos, y dar gobernanza al país (aunque sea obvio y redundante decirlo). Por ello es importante la forma en que se gane la elección y cómo se busquen y se den los apoyos.
Convengamos que Piñera ni Guillier son lo mismo ni representan lo mismo, por más que a algunos les guste decir que son lo mismo para diferenciarse y afirmar un espacio. Convengamos que se requiere mucho diálogo político y menos frases para la galería, y convengamos que los cambios que Chile necesita no se hacen en cuatro años, y que para enfrentar los problemas de fondo se requiere de mucho tiempo, valorar lo avanzado y acelerar más. Por lo tanto, se requiere mirar el país a mediano plazo, y desde esa vista determinar cuál proyecto país es el que se acerca al que uno desea para Chile. Yo tuve una opción distinta con Carolina Goic, a quien admiro y respeto por su testimonio y esfuerzo por resaltar el sentido ético en la acción política, y a quien reconozco su gran aporte en materia programática en las más diversas materias. Perdimos esta vez, pero las ideas quedan, y que éstas sean acogidas por Guillier es bueno para Magallanes y para Chile.