Necrológicas
  • Francisca Javiera Puchi Nahuelquín
  • Ana Delia del Carmen Paredes Aguila
  • Blanca Guillermina Chiguay Cheuquepil
  • Sergio “Monito” Cárdenas Barría
  • Germán Estay Silva

Sin historia no somos nada

Por Gabriel Boric domingo 9 de septiembre del 2018

Compartir esta noticia
136
Visitas

Los movimientos sociales en Chile comenzaron a principio del siglo XX con la reivindicación de la masa trabajadora que vulnerada, comenzó a exigir mejores condiciones laborales y de vida organizándose a sí misma. Ante la nula respuesta del Estado y las autoridades por mejorar las condiciones paupérrimas de cientos de obreros, mineros, campesinos y campesinas, los movimientos sociales tomaron fuerza y alzaron la voz. La respuesta fue la matanza sin piedad en Valparaíso, Iquique y Magallanes, entre tantas otras.

La Federación Obrera de Magallanes (Fom) lideró en nuestra región una de las primeras luchas obreras, la que surgió del malestar y efervescencia de la clase trabajadora ahogada por los gerentes y administradores de estancias que los obligaban a trabajar jornadas inhumanas y los mantenían en habitaciones insalubres e indignas. Ante la resistencia y organización, el Estado a través de sus fuerzas militares, asesinó a obreros que permanecían en el edificio de la Federación en una de las peores matanzas que conocemos. Sin duda que esta dolorosa historia ha marcado la lucha haciéndola aún más necesaria y legítima.

Estas movilizaciones lograron que hoy las trabajadoras y trabajadores tengan beneficios que a estas alturas parecen de sentido común, pero que en su momento le costó la vida a muchos: descanso dominical, mejores condiciones de viviendas o la Ley de Accidentes Laborales.

El sindicalismo nace entonces como un espacio de solidaridad entre los mismos trabajadores que buscaban protegerse de la precariedad a la que se veían expuestos. Como una forma de democratización de la sociedad, porque en su organización expresa la solidaridad consigo misma de las clases sociales más postergadas y que han debido movilizarse, incluso radicalizarse, para poder acceder a mejoras en su calidad de vida. Y han debido mantenerse unidas porque no han encontrado acogida en quienes ostentan el poder.

Pero hoy la precariedad se mantiene. Nos hemos hecho esclavos como sociedad del trabajo: donde por ejemplo el horario de mall no permite a muchas chilenas y chilenos tener un descanso adecuado y donde las cotizaciones previsionales no son pagadas como corresponde.

El Estado es un empleador que precariza a muchos de sus funcionarios contratándolos a honorarios: sin cotizaciones previsionales y sin los beneficios de cualquier otro trabajador, pero exigiéndoles como tal. ¿Qué logra con eso? Evitar la organización de todos ellos, sin permitir que se vayan a huelga, por eso el Código del Trabajo aún no penetra en el sistema público.

Hoy en Magallanes se está conformando una agrupación de sindicatos que busca generar las herramientas para trabajar por mejorar las condiciones de diversos trabajadores, que buscan protección laboral, mayor seguridad en sus labores y respeto por la labor que desempeñan a diario. El sindicalismo, a pesar de no tener la fuerza de antaño, se hace más importante que nunca en esta sociedad que no valora el recurso humano y que sigue buscando la protección que nuestros obreros, campesinos y mineros iniciaron hace más de un siglo.  ¿El desafío? Recuperar esa historia que tiene mucho de presente, apoyar la organización por mejoras en derechos laborales y trabajar junto al mundo sindical.