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Somos el medio ambiente

Por Marcos Buvinic domingo 9 de junio del 2019

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En la columna del domingo pasado escribí sobre el fenómeno mundial del cambio climático y sus efectos en nuestra Patagonia. Quisiera continuar ahora con el tema, pues en esta semana se conmemoró el Día Mundial del Medio Ambiente y una vez más, por todos lados se levantaron voces insistiendo en la importancia del cuidado del medio ambiente, y esto ocurre ante la indiferencia indolente de muchos que siguen viviendo, consumiendo y contaminando como si aquí no pasara nada, ciegos ante la catástrofe ecológica que estamos provocando.

Quisiera invitar a los amables lectores a reflexionar sobre el concepto de “medio ambiente”, pues frecuentemente se habla de él y se hacen llamados a cuidarlo como si fuese algo externo a nosotros, como si fuese -simplemente- el agua, el aire, los bosques, la biodiversidad de animales y plantas; es decir, como si sólo fuese el soporte natural donde se desarrolla nuestra vida y que -por lo tanto- tenemos que aprender a respetar y cuidar.

En realidad, esa es una visión parcial y limitada del medio ambiente, pues así permanece como algo externo a nosotros, y es sólo el “medio” en que nosotros nos instalamos y desarrollamos nuestra vida, y por tanto -se repetirá en muchas campañas de educación ecológica- que tenemos que cuidar nuestro “entorno”.

Precisamente en esa manera de entender el medio ambiente como algo externo a nosotros es donde -entre otras causas- se explica el fracaso de tantas campañas de educación ecológica, que a pesar de reiterados llamados a cuidar el medio ambiente o nuestro entorno no logran provocar un cambio en la actitud indiferente de mucha gente que sigue consumiendo y contaminando sin que nada les importe.

Muy distinta es la perspectiva de la mirada cristiana al medio ambiente, en la cual éste no es -simplemente- el entorno de nuestra vida, sino que nosotros somos parte del medio ambiente en una red vital en la que todo está relacionado. Así lo señalaba el Papa Francisco en su Carta sobre el Cuidado de la Casa Común, al decir: “Todo está relacionado, y todos los seres humanos estamos juntos como hermanos y hermanas en una maravillosa peregrinación, entrelazados por el amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas y que nos une también, con tierno cariño, al hermano sol, a la hermana luna, al hermano río y a la madre Tierra” (n° 92). Por eso, “cuando se habla de ‘medio ambiente’, se indica particularmente una relación, la que existe entre la naturaleza y la sociedad que la habita. Esto nos impide entender la naturaleza como algo separado de nosotros o como un mero marco de nuestra vida. Estamos incluidos en ella, somos parte de ella” (n° 139). Los seres humanos somos el medio ambiente, junto a toda la naturaleza. Respetar, proteger y cuidar el medio ambiente es cuidar una red de relaciones de la que somos parte.

Esta mirada inclusiva de nosotros como parte del medio ambiente no es sólo propia de la fe cristiana, sino que también pertenece a todas las grandes religiones y a la vivencia religiosa de los pueblos originarios. Al respecto quisiera recordar un fragmento de una famosa carta del jefe Seattle, del pueblo de los Suwamish (en América del Norte), enviada en 1855 al presidente de los Estados Unidos, Franklin Pierce: “De una cosa estamos seguros: la Tierra no pertenece al hombre. Es el hombre quien pertenece a la Tierra. Todas las cosas están relacionadas entre sí. Lo que hiere a la Tierra, hiere también a los hijos e hijas de la Madre Tierra. No fue el ser humano quien elaboró el tejido de la vida; él es solamente un hilo de ella. Todo lo que haga al tejido, se lo hará a sí mismo… Despreciar a la Tierra es despreciar a su Creador… Comprenderíamos las intenciones del hombre blanco, si conociésemos sus sueños, si supiésemos qué esperanzas trasmite a sus hijos e hijas en las largas noches de invierno, qué visiones de futuro ofrece a sus mentes para que puedan formular deseos para el día de mañana”.

La visión de futuro que demanda el jefe Seattle en lo relativo al medio ambiente es la toma de conciencia de que el medio ambiente no es nuestro entorno, sino que somos parte de él; somos -junto a toda la creación- el medio ambiente que hay que respetar, proteger y cuidar.