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  • Matilde Cárdenas Santana

«Still Life, Estancias Patagónicas», Doris Barría (2da parte)

Por Marino Muñoz Aguero domingo 9 de junio del 2019

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El domingo recién pasado citábamos a la autora argentina Liliana Lolich a propósito de la reseña del libro Still Life “Estancias Patagónicas” de la fotógrafa magallánica Doris Barría: “En Patagonia, entendemos por estancia a un establecimiento rural con grandes extensiones de campo y destinado, preferentemente a la ganadería extensiva” (Lolich, “Patagonia, arquitectura de estancias”, pag. 87).
La ganadería ovina se inició a fines de la década de 1870 en la Patagonia y la Tierra del Fuego, tanto en Chile, como en Argentina. No obstante, su vital importancia en el desarrollo económico de esta porción de América, la actividad tuvo comienzos poco gratos, como el impacto sobre las razas originarias. El Premio Nacional de Historia Mateo Martinić es claro al respecto: “En conclusión puede atribuirse a la colonización ganadera el exterminio -en verdad un genocidio- por acción directa (muertes) y por acción indirecta (deportaciones) de la mayor parte de la población indígena existente en la Tierra del Fuego en 1893, colocándosela en el camino de próxima extinción en pocos años” (Martinić, “Historia de la Región Magallánica” (2006), tomo II, pag. 820).
Otra herida abierta viene desde las huelgas de los trabajadores rurales de 1920 y 1921 que, según el historiador argentino Osvaldo Bayer, terminaron con un saldo de 1.500 obreros fusilados en el territorio de Santa Cruz, Argentina y cuyos cuerpos quedaron para siempre en los campos de las estancias: “Nunca llegó la mano piadosa de algún fraile descalzo a ponerle a ninguno de ellos siquiera una cruz de palo. Ni un padrenuestro murmurado rápidamente para que Dios los perdone por la debilidad de pedir por los feos, los pobretes, la piojería” (Bayer, “La Patagonia Rebelde”, e-book, 2015, pags. 1337 y 1338).
La estancia fue la unidad productiva de la ganadería ovina. El eje central de la estancia es el “casco”, entendido éste como un conjunto arquitectónico: donde se distribuyen las construcciones según su función (las productivas y residenciales) y así también se agrupan. Más allá de la impronta arquitectónica que han dejado en la Patagonia y Tierra del Fuego, nos interesa (en general y para efectos de esta nota) la importancia de las estancias en nuestro modo de vida y relaciones sociales.
Doris Barría en este hermoso libro de fotografías nos lleva a los cascos de las estancias del continente y la Tierra del Fuego por el lado chileno. Por su lente desfilan Ci-Aike, El Ovejero, Los Canelos, Palomares, Parque Josefina, Río Paine, Cerro Castillo, San Gregorio, Oazy Harbour, Cerro Guido, El Mirador, Cameron, Timaukel, Vicuña, Caleta María, Caleta Josefina, China Creek, Palermo, Tres Pasos, Río Verde, Dos Lagunas, Cañadón Grande, Río Penitente, Cerro Negro, La Portada y Brazo Norte. Muchas de estas estancias se encuentran en estado de franco abandono, hemos pasado en atardeceres otoñales por casi todas ellas y a pesar de lo señalado, notamos que hay algo que se resiste a morir y ahí, en medio de la nada, se sienten las almas que piden respeto por un pasado demasiado importante como para olvidar.
Doris se dio el trabajo de recorrer, de llegar hasta el infinito de la estepa y en un estilo de reportaje no dejar escapar ni un solo detalle a su observación, pero más allá de lo que nos muestra, cobra valor lo que nos transmite. Al retratar lo que quedó de una época de esplendores y durezas, nos trasmite también lo que no está. Entonces vemos -sin que aparezcan en la foto- al administrador escocés, al peón chilote, a la comparsa dispuesta para una nueva faena y escuchamos la música la vieja vitrola animando a los obreros que montan una obra de teatro y nos sorprendemos con esas bibliotecas abarrotadas de libros en la mitad de la pampa. Todo ello hasta que los gritos de una raza que se extingue y el último aullido de un perro ovejero, nos despiertan de este sueño que nos regala Doris en un conjunto de páginas con olor a soledad, lejanía, y nostalgia.

* “Still Life, Estancias Patagónicas”, Doris Barría -1ª ed. – Punta Arenas, Chile, 2019.