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Por Diego Benavente viernes 5 de agosto del 2016

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Durante las últimas semanas ha existido gran revuelo por la situación del Sename y su pésimo tratamiento dado a los menores, con una cantidad de niños fallecidos impresionante y que ha sido motivo de discusión. En buena hora, ya que en el pasado reciente y casi nunca, este ha sido tema para la sociedad.
Esta grave problemática, entre otros, tiene en la cuerda floja y recientemente interpelada a la ministra de Justicia, Javiera Blanco, quien en uno de sus últimos desatinos, calificó como “stock” a la cantidad de niños y jóvenes que actualmente están en una residencia del Servicio Nacional de Menores.
No sólo los estudios de la Unicef cuestionan las cifras oficiales de niños muertos, 185 en la última década, días atrás el diputado René Saffirio sorprendió a todos declarando que la cantidad de niños fallecidos, se eleva a 477 y desafió a la autoridad ministerial a transparentar las cifras. Por lo informado por la prensa, recién ahora se establecerá un protocolo para registrar e informar los fallecimientos de niños. Es impresentable que esto no haya existido hasta la fecha, es decir cuando moría algún niño no lo sabía prácticamente nadie, oficialmente se les registraba como un egreso por fallecimiento. El secretismo ampara los malos procedimientos y las conductas desviadas, no cabe duda que el solo hecho de existir un protocolo, hará más difícil que ocurran este tipo de casos, independiente de que se necesita corregir, de raíz la administración, así como la operación y tratamiento que se da a los niños en estos hogares del Sistema de Protección. A estas alturas la expresión más parece un chiste cruel.
Nuestra sociedad ha sido tan indolente, que el diputado René Saffirio tuvo que renunciar a su partido en protesta por la inacción estatal y la falta de apoyo de su bancada DC en el tema. En lo personal me correspondió conocer documentos que daban cuenta de estos atropellos a los derechos humanos de la infancia más desvalida, elaborados el 2002 y 2004 por el Dr. Edoardo Tosti Croce de la UFRO, quien tiene una experiencia de vida en esta temática, digna de admiración, donde a su vez plantea caminos innovadores de solución al sistema. Estas propuestas, realizadas por alguien que conoce a fondo la materia, hechas llegar al Sename, a distintas autoridades, parlamentarios e incluso a la Presidencia de la República, salvo por el diputado Saffirio, duermen el sueño de los justos, en los correos de las distintas autoridades a las cuales se los hizo llegar. Por el contrario, este proyecto de desinstitucionalizar a los niños y niñas de larga permanencia y ser acogidos por familias como lo hizo el propio Tosti Croce, recibió una elogiosa felicitación de parte de la Unicef.
Cuesta creer que instituciones como el Sename, a cargo de temas tan delicados, no permitan ni toleren que otros actores opinen sobre lo que ellos hacen o sobre las innovaciones que se pueden implementar. Claro que en este caso no se trata de innovaciones de procesos productivos, como lo expresa Tosti Croce, estamos hablando de la infancia de miles y miles de niños y niñas que, si se les permitiera poder contar con ese indispensable alimento intangible que es el afecto de una familia y saberse perteneciente a ella, podrían desarrollarse normalmente y sentirse perteneciente a una sociedad.
El sistema de protección así diseñado, le niega este aspecto tan básico para el desarrollo normal a la enorme mayoría de los niños, niñas y adolescentes. Por lo tanto, no es de extrañar que muchos de ellos se sientan ajenos a la sociedad y busquen evadirse de diversas formas, incluido el suicidio o bien tratan de vengarse, probablemente sin entender bien por qué, de esa misma sociedad donde el riesgo de convertirse en auténticos antisociales, es muy alto.