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Territorios vacíos y leyes de excepción

Por Ramón Arriagada miércoles 10 de enero del 2018

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Recién nos estamos dando cuenta del daño inmenso producido por el fracasado Censo del año 2012. Estábamos navegando sin hoja de ruta, pues la carencia de la información demográfica, nos impedía saber si las políticas públicas iban por buen camino. Sobre todo en Magallanes donde lo más sensible está concentrado -en la realidad- en si somos un territorio que atrae o  expulsa población. Sin ir más lejos, muchos pronosticaban un crecimiento poblacional, nunca visto, para Ultima Esperanza; habían razones subjetivas alrededor del auge de la actividad turística y el desarrollo explosivo de la salmonicultura.

No obstante, apenas nos empinamos sobre los 21 mil habitantes en Puerto Natales, el centro neurálgico de nuestro quehacer económico; la constatación evidente -que así como muchos llegan- también la cantidad de quienes parten es de tanta envergadura como la reposición poblacional. 

Las políticas neoliberales siempre presentes desde la transformación social  y económica, aplicadas sin anestesia por los economistas de Chicago, aprovechando las instancias de ausencia de instituciones democráticas, pretendían generar en el país, como único objetivo, instancias de crecimiento económico. Las leyes de excepción tanto territoriales como tributarias, para las regiones extremas en Chile, fueron  planteadas con el predicamento que estaban hechas para atraer inversión. Después vendrían los pobladores.

A diferencias de las leyes argentinas en el contexto patagónico  donde el enfoque estaba dirigido a estimular la llegada de las personas. De hecho los estímulos eran individuales, prodigados por un Estado presente, interesado en aumentar población a todo evento. Desde acá, le llamaban paternalismo inconducente, no obstante sus buenos resultados.

Pero los años y la evolución de los procesos sociales y económicos han traído nuevos escenarios. Todos consideraban legítimo bonificar la actividad económica fundamentalmente en Tierra del Fuego; las empresas salmoneras que se instalaban con sus centros de cultivos en las cercanías de Porvenir, por su lejanía de la metrópolis puntarenense, necesitaban de una legislación que les favoreciera; la Ley Tierra del Fuego fue implementada con la Ley Navarino. Los productores recibirían estímulos tributarios.

Hoy nos enfrentamos a un nuevo estatus en la producción de salmones. A los lugares más recónditos de Magallanes han llegado empresas productoras, estableciéndose en lugares en extremo aislados y de difícil abastecimiento como lo son la boca noroccidental del estrecho de Magallanes, canal Gajardo, golfo Cabo Tamar y todo ese sector de influencia, sin exigencias de leyes de excepción tributarios para sus emprendimientos; imagino que ellos se conforman tan sólo con ser favorecidos tributariamente con la Ley Austral.

Es equivalente, lo anterior, a las grandes tiendas, que para poder ser competitivos, no han gestionado en ningún momento ser usuarios de Zona Franca, con el fin de recibir beneficios como  ventas exentas de Iva y otras regalías tributarias.

Con el tiempo, desaparecieron los “sectorialistas”, que nos entregaban estudios de correlación sobre  los costos y beneficios de las leyes de excepción.  Son platas que entrega el Estado en beneficio de una población y su arraigo. Hace dos años la autoridad, tibiamente pedía revisar las leyes de excepción  por las cantidades que le significaban al Estado su mantención. El año 2015, se decía por la autoridad económica, que el erario nacional debía ponerse con 40 mil millones de pesos por concepto de bonificaciones a la  mano de obra (DFL 15) y Ley Navarino. ¡Ocho mil millones más de lo entregado por el Estado como presupuesto para la región!

Desconocemos qué fuerzas se mueven para lograr el inmovilismo en cuanto a reconsiderar leyes de excepción disonantes absolutamente con la necesidad de las personas. Los datos del último Censo de población y sus resultados esquivos para nuestra región, nos hace parafrasear una socorrida cita, que tenemos lo que queremos,  pues nos contentamos con lo que tenemos.