Necrológicas
  • Norma Luisa Muñoz Sánchez
  • Valeria Aguilar Díaz

Todo es herida

Por Marcos Buvinic domingo 31 de julio del 2016

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Las complejas situaciones que vivimos en nuestra sociedad y la sucesión de situaciones de corrupción que van minando la fe pública, evocan el poema de Gonzalo Rojas (Premio Nacional de Literatura, 1992), que comienza formal y dolidamente: “Cumplo con informar a usted que últimamente todo es herida: la muchacha es herida, el olor a su hermosura es herida, las grandes aves negras, la inmediatez de lo real y lo irreal tramados en el fulgor de un mismo espejo gemidor es herida…”.
Detrás de la herida que parece extenderse por todo el cuerpo social, también se percibe que hoy -para muchas personas- todo es rabia y agresión, desaliento y confusión, suspicacia y recelo, cansancio y agobio, miedo y amenaza, y una larga lista de situaciones propias de un estado de desconcierto y frustración ambiental. Por otro lado, la experiencia de cada día también nos ofrece hermosas vivencias que muestran que este negro panorama es de corto alcance -no es el horizonte total-, pero sí es el pantano que desgasta las fuerzas que permitirían salir de él.
Para ser sanadas, las heridas tienen que ser expuestas, lavadas y examinadas, y así recibir el tratamiento adecuado. Este elemental procedimiento terapéutico es fuertemente resistido por quienes temen que queden en evidencia sus turbios manejos, o su irresponsabilidad e ineptitud para enfrentar y solucionar los problemas que de ellos dependen, en la función que la sociedad les ha confiado.
Hay heridas que son clamorosas y despiadadas: la crisis de confianzas y el descrédito de la fe pública por la corrupción, el escándalo de las pensiones miserables de la mayoría de los jubilados, la millonaria delincuencia de cuello y corbata, el imparable avance del consumo de drogas, la escandalosa brecha entre ricos y pobres, el aumento de la cesantía, etc… Pero hay otras heridas que son silenciosas y quedan escondidas, y por lo mismo son las más peligrosas.
Como todo proceso de sanación comienza exponiendo las heridas, entre las heridas que no parecen sentirse ni verse hay dos que son indicadoras de muy malas señales, pues muestran el deterioro de varios otros factores que las producen. Me refiero, por una parte, a un estudio de Unicef (el organismo de las Naciones Unidas para los asuntos educacionales), el cual señala que en Chile, entre el 15% y 19% de los jóvenes no terminan el 4° medio. Según datos de 2013, en Chile, los escolares que desertaron del sistema escolar son cerca de 146.000 jóvenes (en Magallanes son 673 jóvenes). ¡Es tremendo lo que eso significa en términos educacionales y sociales para el país!
Otra herida que no es clamorosa ni visible, pero que trasluce mucho dolor, es que en Chile -según datos del Ministerio de Salud- en los últimos cinco años se duplicaron las hospitalizaciones psiquiátricas no voluntarias, indicando así un importante deterioro de la salud psíquica en el país. ¿Qué nos está pasando?
Probablemente, si nos atrevemos a sincerar y exponer las heridas, y mirarlas con atención podremos -cada uno, en su vida personal y social- buscar las salidas del pantano que parece tener atrapada a nuestra sociedad. Para sanar las heridas hay que mirarlas a fondo.