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Trump President: ¿it’s a joke?

Por Eduardo Pino viernes 6 de mayo del 2016

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Según el modelo de la “comunicación persuasiva”, para llamar la atención la fuente de información debe al menos poseer una de estas dos características: ser creíble y/o atractiva.
Donald Trump inició en junio del año pasado su candidatura para representar al Partido Republicano en las Primarias de Estados Unidos. Comenzó sólo con el atributo de “ser atractivo”. Es que una personalidad como la suya en un país cuya cultura valora la individualidad, la devoción a la imagen y el culto al materialismo, no podría pasar inadvertida ni menos desentonar. Trump simboliza el “sueño americano”, reflejado en sus ostentosos edificios que proyectan el éxito que desde pequeño expresaba a todos quienes querían escucharle, y a quienes no, también. Interesante contraste con su padre, un hombre dedicado a la construcción de viviendas para gente de clase media y que siempre criticó el derroche innecesario invertido en estas megaedificaciones. Es que su visión del mundo, práctica y terrenal, no comulgaba con la de su hijo, que valoraba la ostentación de cimentar un imperio.
Los mismos integrantes del Partido Republicano no vieron con buenos ojos la presentación de Trump, ya que no representa precisamente lo que desean reflejar los conservadores; pero como muchos analistas predijeron en ese momento, la popularidad del millonario no debía mantenerse más allá de fin de año debido a lo controvertida de su imagen pública, siendo su credibilidad en política prácticamente nula, asociada más a los negocios, la farándula y la frivolidad. Esto sumado a la experiencia en política tradicional de sus contendores, daba como resultado una campaña que no pasaría de ser una anécdota caprichosa de un millonario jugando a llamar la atención utilizando descalificaciones y un escaso filtro conciliador.
Sin embargo, esta semana Trump ha dado un zarpazo que resulta sorprendente, pero no tan inesperado según el transcurso de las Primarias hasta ahora. Sus oponentes más cercanos, Ted Cruz y John Kasich, bajaron sus aspiraciones de representar a los “elefantes”, por lo que el magnate esperará cómodamente sentado a su contendiente demócrata para decidir quién sucederá a Obama en la Casa Blanca.
Si bien los sondeos dan ganadora a Hillary Clinton en la hipotética y decisiva contienda de noviembre, el vertiginoso ascenso de Trump da para especular y estar atentos a lo que pueda pasar. Es que de ser un “payaso” o un “niño mimado con juguete nuevo”, el millonario está siendo percibido por una parte importante del pueblo estadounidense como el único que puede enfrentarse al infranqueable “Establishment”, tan propio del gigante del norte. A pesar que su impopularidad le juega en contra, no olvidemos que Clinton le sigue de cerca en las encuestas en este poco feliz atributo. Es que efectivamente, esta será una paradojal elección en que los políticos menos populares en décadas se enfrentarán para decidir el mando de la nación más poderosa del planeta.
A Trump no le tiembla la voz para expresar su deseo de construir un muro en la frontera mexicana, no dejar ingresar a más musulmanes a suelo yanqui, endurecer las políticas inmigratorias, fortalecer aún más el Ejército para terminar con Isis, etc; para recuperar el “verdadero espíritu estadounidense” que se ha perdido en las últimas administraciones.
A pesar de las voces disidentes y que el mundo mire con incredulidad y hasta temor la posibilidad que Donald Trump sea el próximo presidente de USA, será muy interesante seguir estos meses el camino de un poderoso, ególatra e impredecible brabucón que podría estar al mando de una de las economías más influyentes y del ejército más poderoso de la tierra. Y no es broma.