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Turismo: ¿qué nos pasó?

Por Ramón Arriagada miércoles 6 de diciembre del 2017

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¿Qué nos pasó?, ahora nos asusta las consecuencias de nuestro desarrollo turístico. En pocos años hemos visto crecer la ciudad, visto llegar nuevos habitantes, el Parque Nacional Torres del Paine se ha convertido en portadas mundiales; la infraestructura hotelera ha crecido y vemos pasar raudos en Vans y Suv a viajeros Vip cuyos rostros sólo imaginamos. ¿No era acaso lo que soñábamos hace treinta años para nuestro pueblito esmirriado y despreciado?

Es posible que todo haya rebalsado nuestras esperanzas de desarrollo. Ahora todo es más caro; el suelo que pisamos se valorizó y se está transformando en objeto de especulación. Hay empleo pleno para los jóvenes. Somos llevados en nuestras vidas por fuerzas ocultas que modelan nuestra economía. Ya no tenemos como preocupación diaria el valor del peso argentino  como sucedía en los años de nuestro pueblo mendicante. Así como llegan miles de turistas ávidos se conocer nuestros paisajes, también llegan miles de toneladas de alimentos y antibióticos que lanzados al mar, están generando  muchos dólares en ventas de salmones. Los entendidos, ya nos convencieron, que turismo y salmonicultura pueden convivir. Nadie pide datos para comprobar la hipótesis, porque a nadie le interesan dichos datos.

Hace poco, cuando al jefe de las aguas que bebemos, le preguntaron sobre el pago de indemnizaciones por los cortes del “tanquetazo”, dijo que no pagaría, pues nadie pide recompensa. Muestra evidente de un sonambulismo social,  siesta pueblerina, que a las autoridades políticas no les interesa perturbar. Ciudadanos de un pueblo perfecto, que para elegir alcalde vota por la derecha más de derecha y para diputado por la izquierda-izquierda.

Los viajeros nos han quemado tres veces nuestro venerado lugar, consagrado a nuestras riquezas paisajísticas. En el último el fuego llegó hasta el frontis de nuestro hogar-santuario. Hordas de trashumantes con mochilas deshonraron nuestros senderos, ríos y lagos con sus vaciados  excrementicios, deposiciones y evacuaciones urinarias. No en vano el gran jefe indio Seattle en famosa misiva ya pronosticaba: “Todo lo que ocurra a la Tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, están escupiendo en sí mismo”.

Pasamos a ser destino turístico, a costa de tres incendios dramáticos. ¡!Hurras!! vociferábamos, una tras otras las revistas de “trekking” nos consideraban entre los diez destinos top para caminantes en el mundo. Apasionados llamados para enviar muchos votos a las revistas que decidían sobre nuestro Paine el reino terrenal para aventureros del caminar. Nuestra “W” en el mundo tenía tanta fama como la de Wrangler. La Patagonia Profunda era nuestra, éramos un polo de atracción, adiós publicidad argentina. Hasta nos tragamos lo de la Octava Maravilla. El Estado de Chile estaba dispuesto a entregar muchas lucas, para ir a cuanta feria de turismo los promotores quisieran asistir. Por qué no pensar en un millón de visitantes, insinuó alguien. Todos en acción.

Y pregunto nuevamente. ¿Qué nos pasó? Tarde nos dimos cuenta que había un inmenso abismo entre nuestras aspiraciones y la realidad. El frenazo vino desde Conaf. No hay lugar para tantos trotamundos en el interior del Paine.  Desde ahora en adelante nadie podrá circular por senderos sin tener asegurado su destino final al acampar el final del día. La “W” se transformó en una pobretona “U”, adecuación al bolsillo de muchos viajeros que prefieren ir a caminar donde es gratis. Las sinrazones aparecen por doquier.

De qué valieron tantos esfuerzos en ser la mejor puerta de entrada al Parque Nacional Torres del Paine; ahora nos recomiendan reinventarnos como destino turístico, porque el Paine ya no nos pertenece.