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Un chileno de 3 siglos

Por Eduardo Pino viernes 20 de abril del 2018
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Este miércoles a las 6 de la mañana dejó de existir el hombre más longevo de nuestro país, don Celino Villanueva Jaramillo, nacido en Río Bueno el 25 de julio de 1896, supuestamente siendo el último ser humano que alcanzó a vivir en el siglo XIX.  Esto porque la Organización Oficial de Record Guinness no reconoció a nuestro compatriota como el anciano de mayor edad, debido a que faltaban documentos oficiales que respaldaran tal condición, pues recién se le inscribió en el Registro Civil en la década de los 60. Si a esto le agregamos que perdió muchas de sus pertenencias en un incendio hace 7 años, se confirma el rechazo del reconocimiento mundial como el hombre más longevo, aunque su pequeña figura y expresión serena serán recordadas con gran cariño por nuestro país.

Celino pasó con largueza el centenario y su vida se caracterizó por ser activa y presentar un excelente estado de ánimo. Sólo en los últimos años se encontró aquejado por problemas a la vista y audición, aunque lo que más le perjudicó fue una caída que le provocó una fractura, lo que a su edad derivó en una mayor vulnerabilidad.

Ante casos tan excepcionales como el de Celino, parece inevitable preguntarse cómo hizo para vivir tanto tiempo. Algunos dirán que la vida sana del campo, el trabajo duro, mantenerse en constante actividad, etc. Pero la respuesta no es tan simple de responder. Lo cierto es que la expectativa de vida cuando Celino nacía era de 23 años y medio para hombres y mujeres, mientras que en la actualidad llega a los 80 para los varones y 85 para el sexo femenino. Enfermedades que durante décadas del siglo XX eran una condena mortal irreversible, hoy se encuentran controladas y no revisten una amenaza real. El que tanto nos admiremos de los viejos que hoy llegan a cumplir tantos años, radica en que son unos verdaderos sobrevivientes de la selección natural, presentando una calidad de vida que muchas veces nos sorprende. Por eso los denominados “Centenarios”, personas que han pasado el siglo de vida, generalmente presentan deterioros bajo control, destacando que según el último Censo serían 4.770 personas. Si hay algo en que los especialistas concuerdan, es que cada vez aumentará la gente que vivirá más en nuestro país, quizás no para llegar a ser un “Centenario”, pero sí para sobrepasar la estadía que presentaron sus anteriores generaciones.

El caso de Celino nos hace volver a mirar la realidad actual y las proyecciones de nuestras políticas hacia el adulto mayor. La tecnología, los avances científicos y el mayor acceso a la información hacen que vivamos más, pero no necesariamente todos llegarán con una calidad de vida que esté caracterizada por la autonomía y el bienestar saludable. A muchas personas les gustaría vivir la mayor cantidad de años posibles, pero pocos se preguntan y analizan en profundidad el ¿cómo? o ¿para qué?   

Por eso es que una de las paradojas más interesantes que plantean los expertos en tercera edad es cómo un ambiente y una sociedad que nos posibilita vivir más años, al mismo tiempo nos facilita tantas condiciones para deteriorar esta etapa final de nuestras vidas, debido a hábitos poco saludables que estamos practicando hoy.  El siglo XX ha presentado décadas tratando comprender y enseñar el funcionamiento infantil, para que especialmente los padres y educadores entendieran que los niños no son un “adulto pequeño”, presentando niveles cualitativamente distintos en su desarrollo cognitivo, emocional y social. Parece que el siglo XXI estará dedicado a la comprensión del adulto mayor, con su complejidad en necesidades e intereses. Si bien el apremio parece venir por la explosión demográfica que se observará en las próximas décadas, la invitación es a sensibilizarnos con nuestros adultos mayores en general. Preocuparnos de aquellos que nos rodean y que a veces ignoramos, como también del autocuidado que debemos tener con nuestros propios hábitos de salud, para recibir en algunos años más al adulto mayor en que nos convertiremos.