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Una fiesta del amor

Por Marcos Buvinic domingo 13 de mayo del 2018

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Una de las principales fiestas familiares es el Día de la Madre, que celebramos esta semana. Es una fiesta hecha de encuentros familiares, regalos a las mamás, salidas o paseos, y llena de gratitud y promesas de amor hacia las mamás.

Es una fiesta hermosa que festeja a esa persona única en la vida de cada ser humano. La mamá es esa mujer que acogió el regalo de la vida, la cuidó para que naciese la persona que es cada uno de nosotros, y luego en una interminable cadena de generosos sacrificios nos alimentó, cuidó nuestra salud, veló nuestro descanso, procuró darnos lo mejor en todos los aspectos de la vida que estaban a su alcance, nos enseñó las principales cosas de la vida, desde enseñarnos a hablar hasta enseñarnos a dar y recibir amor y perdón. También, en muchos casos, la mamá fue la persona que nos enseñó a conocer a Dios y a relacionarnos con Él en la oración. Sin duda -y aunque a algunos les cueste creerlo- la mamá es la persona que más ha influido en lo que somos y en el modo en que somos como personas.

Uno de los mayores secretos del amor son esos diálogos silenciosos de cada mamá con el hijo que se va gestando en sus entrañas. Esos diálogos que acontecen durante nueve meses en el silencioso secreto del seno materno, y que son para cada persona la primera experiencia de encuentro con otro y de apertura al amor. ¡Esos diálogos son una maravilla de amor, cuyo secreto sólo conoce cada mamá!

Sin duda, el amor maternal y la relación entre cada mamá y sus hijos es una de las relaciones más profundas que existen entre los seres humanos, una de las que está más llena de sentimientos de amor y gratitud y donde aprendemos la gratuidad del amor. No se trata de subir a nuestra mamá a un altar y endiosarla, pues ella es un ser humano que también, como todos, tiene sus límites y sus defectos, sino que se trata sobre todo de maravillarnos ante el hecho de que -en nuestra pequeñez y fragilidad- los seres humanos podemos hacer cosas grandes y maravillosas, como lo que hace cada mamá por sus hijos.

Para cada mamá su maternidad es uno de los mayores regalos que Dios le ha hecho, enriqueciendo su propia persona con el hecho de dar vida a otra persona. La maternidad es uno de los acontecimientos en que el ser humano hace de modo más claro la experiencia de ser un colaborador de la obra de Dios, el amor incondicional de los mamás es lo que más se parece al amor de Dios.

Por eso, festejar a nuestras mamás es un acto de amor y de reconocimiento agradecido que nos alegra el alma y nos llena de sonrisas; es una fiesta que ennoblece nuestras vidas y la de nuestras familias. Ojalá cada familia pueda tener una hermosa celebración en este día.

Pero, también, esta celebración nos ayuda a darnos cuenta que el reconocimiento a nuestras mamás no puede ser sólo cosa de un día, sino que tiene que ser una actitud permanente que ponga el tono del amor a nuestras relaciones familiares. Esto es muy importante, pues no podemos olvidar que hay mamás no son reconocidas ni son valorados sus esfuerzos y sacrificios, a veces son maltratadas y otras viven en la soledad y en el olvido de sus hijos. Ante tantos dramas familiares -de todo tipo- que se viven a diario, necesitamos hacer más familia y -sin duda- mirar a nuestras mamás con amor agradecido es uno de los mejores modos de ir haciendo más familia.

Festejar hoy, en un día especial, el Día de la Madre nos ayuda a todos crecer en la actitud de que cada día tenga algo de especial en el amor agradecido a nuestras mamás, y eso es algo que nos hace mejores a todos.

¡Gracias a nuestras mamás por lo que son y por todo que significan en nuestras vidas!