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  • Hernán Guerra Cowell

Universidad de Concepción centenaria

Por Carlos Contreras martes 8 de enero del 2019
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El año 2019 tiene un especial significado para la Universidad de Concepción, pues se trata del año en que cumple cien años de vida manteniendo intacta su vocación y decisión de constituir un eficaz instrumento, mecanismo, espacio y lugar para propiciar y asegurar el desarrollo libre del espíritu, como bien lo indica su himno institucional.

Hoy, más que nunca, valoro personalmente, así como sé que también acontece desde una perspectiva familiar, la vida y funciones que cumple esta prestigiada casa de estudios que detenta una serie de características que explican el porqué de su permanencia, importancia y proyección en el ámbito regional, nacional y sudamericano, trabajo y dedicación que hoy le permite mantener con orgullo un podio entre todos los planteles universitarios chilenos y acreditada institucionalmente por siete años como Universidad y cada una de sus facultades.

Me atrevo a señalar algunos hitos o rasgos que la distinguen y que explican su alta valoración a cien años de su creación, pues la UdeC desde siempre se proyectó enfrentando desafíos: primera universidad que se planifica y se instala regionalmente; surge del impulso absolutamente privado, aunque prefiero decir ciudadano, y con dicho apoyo ve la luz e inicia sus primeros pasos hasta el día de hoy; la ciudad Universitaria se construye en zona de pantanos, lo cual no deja de ser profundamente simbólico: sobre tierra inestable se fundan sólidas bases del conocimiento; si bien es cierto la Universidad de Chile ya presentaba características de enseñanza laicista, es la Universidad de Concepción que no dependía del Estado y, por ende, no estaba sujeta a la unión Iglesia-Estado que sólo fue superada con la constitución de 1925, el primer proyecto realmente laicista de educación superior que se instala y florece en Chile y que establece la pree-minencia de la tolerancia y la diversidad en su seno; conforma un patrimonio regional que no pertenece a un grupo determinado, si bien es cierto siempre se le ha asociado a la masonería, sólo se puede afirmar que ilustres masones colaboraron con su fundación, instalación y desarrollo, como muchas otras personas e instituciones y por ello su gestión trasciende a un grupo de interés particular privado o público, siendo la ciudad Universitaria parte de la comunidad; ha mantenido y desarrollado con convicción y vocación las tres principales tareas de la universidad, esto es, la docencia, la investigación y la extensión evolucionando con los tiempos y manteniéndose vigente en un mundo cada vez más complejo.     

Pero, por sobre todas las cosas, y este es el motivo de mi columna, la Universidad de Concepción entrega herramientas culturales, profesionales y humanas que permiten distinguir a sus egresados quienes se esfuerzan, con mayor o menor éxito, en transmitir su impronta y de ello estoy orgulloso, así como mi abuelo, mi madre, tíos, primos y, espero, lo estén mis hijos si optan por seguir estudios superiores.

Mis últimas palabras son de homenaje a sus fundadores y gestores en su primer directorio: Enrique Molina Garmendia, Virginio Gómez, Pedro del Río Zañartu, Rodolfo Briceño, Octavio Bravo, Esteban Iturra, Carlos Elgueta, Eliseo Salas, Samuel F Guzmán, Julio Parada, Aurelio Lamas, Pedro Villa, Luis Cruz, Víctor Bunster, Vicente Acuña, Edmundo Larenas, Augusto Rivera y Guillermo Gleisner, entre tantos otros, como a sus primeros 139 alumnos del año 1919.

Gracias por mantener el pluralismo en lo religioso, político y filosófico: por el desarrollo libre del espíritu… Universitarios arriba, arriba… de pie!!