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¿Venezuela, un diálogo (im-) posible?

Por Gloria Vilicic Peña jueves 28 de febrero del 2019
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Conversando con una señora, que votó por Bachelet y luego por Guillier, sobre la situación en Venezuela, me preuntaba por qué el actual Presidente de Chile (Sebastián Piñera) se inmiscuía en asuntos internos de otros países. Se trata de una larga doctrina chilena de neutralidad internacional y no intervención en asuntos nacionales de otros países. Y así como esa señora, algunos magallánicos se plantean la misma pregunta ante la desesperada situación que viven millones de venezolanos dentro y fuera de la República Bolivariana.

Los tiempos, sin embargo, han cambiado y las doctrinas de ayer se van desvaneciendo ante el cambio de paradigma valórico en nuestra sociedad. ¿Recuerda usted el dicho popular de que en peleas de parejas no hay que meterse? Un dicho de nuestros abuelos que ya no es compatible con nuestros valores actuales, especialmente cuando observamos violencia familiar del hombre hacia la mujer, del más fuerte hacia el miembro más desprotegido dentro de la familia. Guardar silencio ante la práctica de violencia contra alguna mujer dentro de nuestro círculo de amigos, conocidos o vecinos sería un acto de irresponsabilidad. No intervenir para proteger a una mujer golpeada sería un acto de complicidad y cobardía. ¿Y cuál es la diferencia entre la violencia que se practica sistemáticamente en el seno de una familia vecina y la violencia estatal que practica Maduro sistemáticamente encontra de los venezolanos? Pues ninguna, así como tampoco hay diferencia entre los hombres machistas que justifican la violencia contra la mujer dentro de la vida familiar y los hombres de izquierda que toleran la violación a los derechos humanos en otros países “amigos“ por tratarse de asuntos netamente internos.

¿Se imagina usted sentar a una mesa a una mujer golpeada y vejada por su pareja, con ese hombre violento, para que conversen y lleguen a un acuerdo pacífico de seguir conviviendo? Sólo personas que siguen creyendo que nosotras las mujeres debemos supeditarnos a la voluntad de los hombres, aceptaría tan dispar diálogo. De igual manera sólo aquellas personas que piensan que los derechos humanos son sólo para las personas que comulgan sus propias ideas políticas y no para el resto, son las que siguen invitando a los maltratados venezolanos a sentarse en una mesa con el violentista de Maduro, para buscar una salida “pacífica” a la situación “interna“ que vive Venezuela, mientras Maduro sigue violando cotidianamente los derechos humanos en su país. Al igual que en los casos de violencia familiar reiterada, sólo la comunidad internacional puede dar garantías para una salida a la violencia estatal y sistemática de Maduro en contra de los venezolanos en Venezuela y en la diáspora. Sólo la comunidad internacional puede detener el uso de la fuerza ilegítima de un estado en contra de sus ciudadanos. Defender el diálogo “interno“ en Venezuela, sentando al abusador con sus víctimas a una mesa, sin garantías y protección a las personas abusadas, sólo puede y viene de sectores que no creen entonces en los derechos humanos.

Criticar al Presidente Piñera por haber ido en ayuda de una población que pide a gritos que no la golpeen más, es apoyar la violencia intrafamiliar, la violencia contra los más débiles, es apoyar la violación a la dignidad de las personas, es no haber aprendido nada de la historia reciente de Chile.

Venezuela se plantea un diálogo (im-) posible, para salir de la espiral de violencia que el mismo chavismo generó y Maduro fomentó. ¿Y como magallánicos seguiremos cerrando los ojos ante la realidad de la violación a los derechos humanos en Venezuela o apoyaremos a nuestro Presidente en el fomento a la protección de mujeres y niños maltratados por su propio estado en otros países? Magallanes está por la familia, la libertad y democracia.