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  • José Cárcamo Galindo

¿Y las AFP?

Por Eduardo Pino viernes 29 de noviembre del 2019
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Las expectativas que se tenían de cambios relevantes en el sistema de AFP como producto del clamor ciudadano no se avizoran por ninguna parte. Ni siquiera han sido mencionados en los comunicados, lo que llama la atención pues sin lugar a dudas es una de las demandas sociales más vociferadas por la gente. Es que definitivamente, “no se oye padre”.

El primer recuerdo cuando niño que tengo de las AFP fue cuando aparecieron en 1981. En ese tiempo, la desaparecida AFP “Invierta” era promovida en sendos comerciales por la Selección Chilena que fue al Mundial del 82. O cómo olvidar el comercial donde Don Francisco (el comunicador más creíble del medio gracias a la Teletón) expresaba las bondades de “Provida”. En mi inocencia de niño pensaba en los buenos servicios que entregaría este sistema debido a lo potente de la propaganda, aunque no creo equivocarme que muchos adultos se cautivaron de igual manera, aunque sin mucha información al respecto. Es que tampoco no había elección para la población civil, pues sabemos la paradoja de su origen.

Hoy, el promedio de las pensiones de quienes se han jubilado es de  $178.500, y se proyecta que 6 de cada 10 jubilados recibirá menos de $150.000. Si bien hay anuncios que habrá reajustes a las pensiones más bajas, éstas siguen siendo un subsidio del Estado (o sea, de todos nosotros), no un “gesto” o un “esfuerzo” de las AFP. 

Pero para los que creen que esta es una abominable herencia del régimen militar, no se engañen, pues en los tiempos de democracia las AFP lejos de ceder beneficios en pos de sus clientes, han ido incrementando su poder de manera arbitraria. Por eso éste es uno de los temas transversales en que prácticamente ninguno de los colores políticos puede rasgar vestiduras, pues han sido protagonistas, o en el “mejor” de los casos espectadores pasivos, del fortalecimiento de este gran imperio. El aumento de la flexibilidad en sus evaluaciones de de-sempeño de uno a tres años, la creación del concepto de “rentabilidad negativa” (adivinen quién paga) o la creación de multifondos con el objetivo de invertir audazmente traspasando el riesgo al inocente y cautivo afiliado, son algunos de los cambios más claros. Por ejemplo, en la crisis global de 2008, los ahorrantes perdieron 19.000 millones de dólares, y las AFP 10 millones de dólares. 

Por motivo de espacio no puedo seguir enumerando en profundidad más aspectos, pero hay uno especialmente sensible y que se originó en la Ley de Rentas Vitalicias, promulgada en 2004. Esto trajo como consecuencia que en un país donde el promedio de vida con suerte alcanza los 79 años, para calcular la jubilación la expectativa de vida se aumenta desde los 85 a los ¡110 años! Si tan sólo esto se modificara, los pensionados incrementarían cerca de un 50% sus mensualidades, con cero costo adicional para las AFP, a pesar que sus defensores se esfuercen en decir lo contrario, pues en una de esas el espíritu de Matusalén nos favorece con su bendición.

Pero si la ecuación parece ser tan simple, ¿por qué no ha sido uno de los primeros anuncios para apaciguar el ambiente y dar una muestra verdadera de preocupación social?, ¿es sólo porque manejarán menos dinero para sus inversiones y préstamos entre los mismos de siempre?  A final de cuentas, ese dinero es de los propios ahorrantes y son más las restricciones que el legítimo derecho a recibirlo las que se han fomentado durante estos años.

En tiempos donde más de 90% de los encuestados exige cambio de Constitución, pero menos del 10% la ha leído alguna vez, urge que conozcamos la dinámica de lo que ha pasado durante estos años con nuestros ahorros pues será nuestro futuro. Todo chileno debe saber, entre otras cosas,  qué es el DL 3500, porque parece que la mejora de nuestra previsión es ahora, o nunca.