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¿Y Ud. que hacía a los 16 años?

Por Eduardo Pino viernes 12 de agosto del 2016

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Hoy nuestro compatriota Ricardo Soto competirá en octavos de final frente al holandés Sjef Van Der Berg, 5° a nivel mundial en la disciplina de Tiro al Arco. Si analizamos el ranking, probablemente el ariqueño sea eliminado de su primera participación olímpica, pero ya ha saboreado varios logros que bien le valen entrar en las páginas del deporte chileno. Es el participante más joven en la historia de las delegaciones nacionales que ha asistido a una olimpiada, con sólo 16 años. El hecho de poder competir en la cita de los anillos ya es un privilegio para cualquier deportista a nivel mundial, pero este adolescente se ha dado el gusto de eliminar a otros competidores más avezados y ubicarse entre los 16 mejores, lo que lógicamente ha acaparado la atención y asombro de los medios. Claro, no faltarán los que opinen livianamente que en estas instancias sólo valen las medallas, pero quienes conocen las grandes diferencias en recursos y medios para competir a nivel mundial, valorarán el esfuerzo y talento de este “Benjamín” del Team chileno.
Más allá de la pequeña y efímera moda que pueda provocar este resultado, en que algunos padres  andan buscando un arco y flechas para que sus hijos se conviertan en Robin Hood, me parecieron muy simpáticas las reacciones de twitter donde los cibernautas opinan qué estaban haciendo cuando tenían 16 años. Muchos expresan que una de sus actividades habituales era “perder el tiempo”, buscando un destino que estaba un tanto extraviado. Otros más jocosos alaban la puntería de Ricardo para dar en el blanco, ya que a esta edad ellos con suerte le apuntaban a la taza del baño.
A los 16 años nos encontramos en plena adolescencia, que al ser una etapa de transición entre la niñez  y la adultez, se vuelve inestable y compleja. Su principal objetivo será el logro de la Identidad, que conferirá una estructura integral a la personalidad que se configurará pasados los 20 años. Su favorable o no tan efectivo desarrollo dependerá de una serie de factores influidos por  el ambiente, donde la estimulación se relacionará estrechamente con el aprendizaje en diversas áreas, además del grado de madurez en diferentes procesos, referido al desarrollo orgánico. Por eso, como en ninguna otra etapa de la vida, individuos de una misma edad pueden presentar diversos grados de adaptación y eficiencia ante los desafíos que encuentran en el ambiente, dependiendo de sus recursos y limitaciones en áreas de tipo físico, cognitivo, emocional y social.
Los cambios hormonales juegan un gran protagonismo en esta trama, modificando de manera relevante las estructuras físicas. Además, los cambios neuronales son importantes como sorprendentes. Por ejemplo, la corteza prefrontal encargada de evaluar las situaciones para tomar decisiones, planificar tareas y tiempos, inhibir conductas inadecuadas y formar la autoconciencia, aún se encuentra  en desarrollo, lo que unido al sistema límbico relacionado con las emociones, hacen de este dinamismo un complejo proceso evidenciado en aciertos y desaciertos conductuales. De ahí que establecer edades cronológicas para determinar capacidades absolutas como el discernimiento, sea un ejercicio referencial para diagnosticar la real competencia del sujeto, que muchas veces difiere de lo esperado. Por ejemplo, el logro del pensamiento abstracto, principalmente ejercido a través del razonamiento hipotético deductivo, va lográndose gradualmente en la pubertad y adolescencia, pero muchos adultos nunca logran su dominio efectivo. Por eso es que el acceso a salud y educación de calidad para todos, no sólo debe quedar en un slogan en tiempo de elecciones, pues influyen de manera trascendentes en el desarrollo integral de las personas. Si a esto le sumamos las estructuras de personalidad en formación, podremos entender la razón que para algunos esta etapa sea turbulenta y compleja, mientras que para otros resulte un desafío fascinante para colocar en práctica sus recursos personales.
Más allá que hoy pase de ronda o no, es justo reconocer el mérito de Ricardo Soto y tantos otros adolescentes que con sus acciones nos inspiran, porque ser adolescente en general no es fácil, pero con esfuerzo, perseverancia y talento para encontrar una vocación, se puede llegar lejos, muy lejos.