Necrológicas
  • Julio Sebastián Calderón Maclean

La “Región Antártica Famosa” de Ercilla

Por La Prensa Austral domingo 10 de enero del 2016

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– Según Ercilla, Chile se ubica en la “Región Antártica Famosa”. ¿Cómo se hace posible esta frase en el siglo XVI? Mediante un estudio de la geografía vigente en la época de Ercilla, el siguiente trabajo da cuenta de la concepción del mundo en aquellos tiempos y de la idea que los europeos tenían de los polos durante aquel siglo. Junto con esto, sostiene que la referencia a la “Región Antártica” era común entre los escritores de entonces, según consta en otras obras que aquí se citan.

“… Aunque no está en mayor altura que de veinte y cinco a cuarenta y dos grados, que tiene este reino de longitud yendo de norte a sur, con todo eso es el más allegado al polo Antártico llamado medio día, que hay en todas la América, porque la
tierra que va más adelante acercándose al dicho polo austral o es despoblada o por descubrir; la cual se va prolongando por el largo estrecho de Magallanes…”,
descripción del Reino de Chile del cronista Pedro Mariño de Lovera.

No es extraño que Ercilla haya descrito a Chile como “fértil provincia, y señalada en la región Antártica famosa”. Su referencia era esperable y típica de su tiempo. Los ecos antárticos también se dejaron sentir en otras obras épicas de la época. Pedro de Oña, se refirió al “Antártico hemisferio”, en su “Arauco Domado”, aparecido en Lima en 1596. Juan de Miramontes y Zuazola escribió sus “Armas Antárticas”, cuya escritura se estima que fue realizada entre 1608 y 1615, donde alabó a conquistadores como Francisco Pizarro y Diego de Almagro, a quienes se llamó “terror de las antárticas regiones”.

“La región antártica atraía a poetas y conquistadores por igual, cada uno de ellos seducido por los relatos de aventuras, conquistas y descubrimientos que llenaban los anales del Imperio Español, sobre el cual siempre brillaba el sol y que abarcaba el océano Austral y la eternidad misma de los hielos antárticos”, sentencia César Gamboa.

En un pasaje famoso de su obra maestra, Cervantes alabó e inmortalizó la obra de don Alonso de Ercilla y Zúñiga, publicada en tres volúmenes aparecidos en 1569, 1578 y 1589 respectivamente. Sobre “La Araucana”
y otros dos libros (“La Austriada” y “El Monserrate”), el príncipe de los escritores españoles sentenció que “son los mejores que en verso heroico en lengua castellana están escritos, y pueden competir con los más famosos de Italia”, agregando que se deben guardar “como las más ricas prendas de poesía que tiene España”. Tal llegó a ser el prestigio que alcanzó el poema épico de Ercilla, escrito entre “las vicisitudes y fatigas de la guerra, entre combate y combate, en los descansos que seguían a las marchas, en los ocios forzados de las guarniciones”, es decir, en circunstancias difíciles y penosas, con materiales muchas veces improvisados.

En su conjunto, “La Araucana” es mucho más que una obra literaria, pues se ha comprobado que su contenido es también histórico y
sus descripciones geográficas se ajustan con realismo a los paisajes descritos, en general bien conocidos por el autor, quien vivió entre 1533 y 1594. Según José Toribio Medina, “Ercilla sólo a sí mismo, a los paisajes que le rodeaban y a los actores entre los cuales se movía, debe única y exclusivamente la mejor producción de su talento y su timbre inmortal de gloria”. No obstante, este juicio sobre sus fuentes no parece suficiente al considerar que el poeta miraba y describía el mundo según los conceptos y las ideas propios de su época, que conoció el auge máximo del Imperio Español.

Alonso de Ercilla tuvo la suerte de nacer en el seno de una familia bien acomodada, hijo de Fortun García de Ercilla, un famoso jurista conocido en el extranjero como el Sutil Español. El padre murió cuando el joven Alonso contaba recién poco más de un año, sin afectar la fortuna familiar que era cuantiosa. El prestigio de su familia explica que su madre, Leonor Zúñiga, no encontrara gran dificultad para que su hijo fuera nombrado paje del príncipe Felipe de Habsburgo, siendo todavía un niño.

La circunstancia de estar al servicio del futuro monarca Felipe
II permitió que el joven Alonso tuviera oportunidad de viajar por
las principales ciudades de Europa, donde conoció a importantes personalidades de su época. Entre sus viajes, uno especialmente importante fue el que lo llevó a Londres en julio de 1554, cuando Ercilla tenía 21 años. En aquella ocasión acompañaba la comitiva del príncipe Felipe, quien se dirigía a contraer nupcias con la reina María Tudor.

Mientras se encontraba en Londres, llegaron a Europa las noticias del asesinato de Pedro de Valdivia y la sublevación de los araucanos en Chile. Al mismo tiempo, la competencia por el título de gobernador llevó a Jerónimo de Alderete hasta la capital inglesa con la finalidad de solicitar del Príncipe Regente de España el mando de la Capitanía General de Chile. Allí, Alderete conoció a un joven Alonso de Ercilla a quien deleitaba al hablar sobre “las bellezas de estos países, las penalidades de la conquista, el valor indomable de los indios de Chile y el campo de hazañas, de glorias y de riquezas que aquí se abrían al heroísmo y a la pasión de los castellanos por las lejanas aventuras”.

Estos relatos despertaron en Ercilla un profundo entusiasmo, que lo llevó a solicitar permiso para partir junto a Alderete, a quien se había designado en Londres como nuevo gobernador de aquella lejana
y épica provincia de Chile, que tan bien describió con el poderoso español que gestó su obra.

Es Chile norte sur de gran longura

costa del nuevo mar, del Sur llamado; 

tendrá del este a oeste de angostura 

cien millas, por lo más ancho tomado; 

bajo del polo Antártico en altura 

de veinte y siete grados. Prolongado 

hasta do el mar Océano y Chileno 

mezclan sus aguas por angosto seno.

Y estos dos anchos mares, que pretenden, 

pasando de sus términos, juntarse, 

baten las rocas y sus olas tienden; 

mas esles impedido el allegarse;

por esta parte al fin la tierra hienden

y pueden por aquí comunicarse: 

Magallanes, señor, fue el primer hombre

que, abriendo este camino, le dio nombre.

Con aquellas palabras, Ercilla no se alejó un ápice de lo que, en realidad, constaba en los documentos oficiales de la época sobre Chile. Por ejemplo, las Actas del Cabildo de Santiago, fechadas en 14 de febrero de 1554, atestiguan que la Capitanía General de Chile se extendía hasta el Estrecho de Magallanes. En la primera Real Cédula entregada a Jerónimo de Alderete, también se reafirmó que la Gobernación entregada a Pedro de Valdivia se extendía hasta el Estrecho de Magallanes. Sin embargo, en la segunda Cédula, fechada el 29 de mayo de 1555, se entregó un mandato especial de avanzar más allá del Estrecho y tomar posesión de la tierra:

… y porque nos deseamos saber las tierras y poblaciones que hay de
la otra parte del dicho Estrecho, y entender los secretos que hay en aquella tierra, vos mando que de las dichas provincias de Chile enviéis algunos navíos a tomar noticia y relación de la calidad de aquella tierra y de la utilidad de ella… y proveeréis que se tome posesión en nuestro nombre de las tierras y provincias que caen en la demarcación de la corona de Castilla.

El conocimiento geográfico que Jerónimo de Alderete exhibe en sus negociaciones con la corona y los contactos que mantuvo con Ercilla en Londres hacen muy probable que este experimentado conquistador haya sido la primera fuente del conocimiento geográfico del ilustre poeta español. De hecho, la descripción de Chile escrita por Ercilla parece ajustarse a los términos de la Real Cédula expedida en favor del gobernador Alderete, que nunca llegó a ejercer su cargo.

En cualquier caso, la utilización del Polo Antártico en su descripción no era una novedad en su época. Por ejemplo, la “Suma de Geographia”, de Martín Fernández de Enciso, obra que se puede considerar como texto español oficial sobre la geografía del mundo ofrece una representación de la tierra, dividida por dos trópicos o círculos, desde el Ecuador hacia los polos.

Esta esfera según cosmografía y geografía se reparte en cinco zonas: la una se llama equinoccial, la cual parte la esfera por medio en dos partes iguales, y llámase equinoccial porque las partes en que ella divide a la esfera son iguales porque tanto hay desde la equinoccial al polo ártico como al antártico…

Según Fernández de Enciso, entre la equinoccial y los polos existen dos regiones, los trópicos, que hacia el norte se llaman trópico estival y ártico respectivamente y, hacia el sur, se designan trópico yemal y antártico. Estas regiones se configuran de la siguiente forma:

…así mismo desde la equinoccial al polo antártico hay otras dos zonas a que llaman trópicos: y el uno se llama trópico yemal,
y éste está a veinte y tres grados y medio de la equinoccial,
y a este trópico llega el sol cuando llega al primer punto de Capricornio que es a doce de diciembre, y desde allí se comienza a volver hacia la equinoccial; y el otro se llama trópico antártico y está a veinte y tres grados y medio del polo.

Si se considera que la ubicación de Chile, según Ercilla, es “bajo del Polo Antártico en altura de veinte y siete grados”, y que desde allí se prolonga hacia el sur, se concluye entonces que, según las coordenadas geográficas de la época, la Capitanía General se ubica en la zona
del trópico antártico, según lo describe la “Suma de Geographi”a de Fernández de Enciso, o en la “región Antártica famosa”, como diría Ercilla en su poema épico.

Estas referencias geográficas no eran un invento del siglo XV ni del
XVI. Al contrario, durante la Edad Media ya se había delimitado bien la concepción de que la Tierra se dividía en cinco partes «por dos círculos, ártico y antártico, y por dos trópicos», como escribió Pierre d’Ailly, uno de los autores que Colón había leído antes de su primer viaje. Los polos eran la referencia obligada en todos los textos de cosmografía que trataban sobre las partes de la Tierra. Y, aunque no se puede establecer con plena certeza que Ercilla haya conocido la obra de Fernández de Enciso, tampoco se puede negar que las coordenadas geográficas utilizadas por ambos sean las mismas.

Efectivamente, hacia el siglo XVI, la representación de la Tierra ya reconocía la existencia de los polos y los utilizaba como referencia geográfica, siendo posible señalar a Chile como parte de la Zona Antártica. Por ejemplo, el cronista Pedro Mariño de Lovera describió el Reino de Chile en las siguientes palabras:

… aunque no está en mayor altura que de veinte y cinco a cuarenta y dos grados, que tiene este reino de longitud yendo de norte a sur, con todo eso es el más allegado al polo Antártico llamado medio día, que hay en todas la América, porque la
tierra que va más adelante acercándose al dicho polo austral o es despoblada o por descubrir; la cual se va prolongando por el largo estrecho de Magallanes…

No es extraño, a la luz de este párrafo, que Ercilla haya descrito a Chile como “fértil provincia, y señalada en la región Antártica famosa”. Su referencia era esperable y típica de su tiempo. Por esto mismo, los ecos antárticos también se dejaron sentir en otras obras épicas de la época. Pedro de Oña, se refirió al “Antártico hemisferio”, en su “Arauco Domad”o, aparecido en Lima en 1596. Juan de Miramontes y Zuazola escribió sus Armas Antárticas, cuya escritura se estima que fue realizada entre 1608 y 1615, donde alabó a conquistadores como Francisco Pizarro y Diego de Almagro, a quienes se llamó “terror de las antárticas regiones”.

La región antártica atraía a poetas y conquistadores por igual, cada uno de ellos seducido por los relatos de aventuras, conquistas y descubrimientos que llenaban los anales del Imperio Español, sobre el cual siempre brillaba el Sol y que abarcaba el océano austral y la eternidad misma de los hielos antárticos.