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A 40 años del primer aterrizaje de un avión Hércules de la Fuerza Aérea de Chile (Fach) en la Antártica

Por La Prensa Austral miércoles 25 de marzo del 2020

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Por Víctor Hernández

El 1 de noviembre de 1979 un avión C-130 Hércules de la Fach sobrevoló el territorio antártico en un vuelo de nueve horas y veinte minutos, con el propósito de completar antecedentes para la construcción de una pista de aterrizaje en la Isla Rey Jorge

El sábado 22 de marzo de 1980 se produjo el aterrizaje del primer avión C-130 Hércules de la Fach en la recién terminada pista ubicada en lo que hoy se conoce como Aeródromo Teniente Marsh en la Península Fildes de la isla Rey Jorge, en las islas Shetland del Sur, en el territorio antártico chileno.

Chile se colocaba en ese momento dentro del selecto clan de cinco naciones junto a Estados Unidos, Nueva Zelanda, Inglaterra, Argentina y Unión Soviética, de un total de trece países que suscribieron el Tratado Antártico en 1960, que empleaban a la aviación como apoyo a sus actividades antárticas.

Y de ese reducido grupo Chile se integraba a Estados Unidos, Nueva Zelanda y Argentina como el cuarto país antártico en utilizar aviones de gran tonelaje como el Hércules, para operar en el continente helado. Hace cuatro décadas, sólo existían tres pistas de aterrizaje operativas en toda la Antártica para el uso de aviones habilitados con ruedas o con esquíes: la estadounidense llamada “Williams Field”, situada en el alejado sector de Mac Murdo, construida enteramente sobre hielo; la Base Marambio de Argentina y la recién creada por la Fuerza Aérea de Chile en la Península Fildes, ambas diseñadas sobre terreno ripiado.

Presencia de Chile en el continente antártico

El 6 de noviembre de 1940 el Presidente de la República, Doctor Pedro Aguirre Cerda, firmó el Decreto 1747 que fijaba los límites del territorio antártico chileno e incorporaba a la Patria un total de 1.250.000 kilómetros cuadrados, desde el Polo Sur Geográfico hasta el mar de Drake. El texto aludido señalaba:

“Forman la Antártica Chilena o Territorio Chileno Antártico, todas las tierras, islas, islotes, arrecifes, glaciares (packice) y demás, conocidos y por conocerse y el mar territorial respectivo, existentes dentro de los límites del casquete constituido por los meridianos 53º longitud Oeste de Greenwich y 90º longitud Oeste de Greenwich”.

Para sentar este precedente geopolítico, el entonces Primer Mandatario (1938-1941) fue asesorado por el ministro de Relaciones Exteriores Marcial Mora Miranda y el subsecretario de la misma cartera Marcelo Ruiz Solar; el capitán de navío en retiro, Enrique Cordovez Madariaga y el jurista, experto en Derecho Internacional, Julio Escudero Guzmán, encargado de reunir, clasificar y documentar todo el cúmulo de información que sustentó la tesis chilena sobre posible soberanía en la Antártica, sintetizada en el ensayo: “El estado actual de los problemas del Antártico y su eventual vinculación al interés de Chile”, obra de carácter oficial, publicado por Decreto Nº1.574 el 7 de septiembre de 1939.

Los tripulantes del «Hércules» se reúnen en la pista para la foto histórica, 22 de marzo de 1980. De izquierda a derecha personal de la Base (los dos primeros), CDA Jorge Iturriaga, Oscar González, CDA Guillermo Aird, SOM Guido Larraín y CDE Patricio Ríos.

Se consideraron entre otras materias, antecedentes históricos y geográficos como las Bulas Papales de Alejandro VI entregadas en 1493 y el Tratado de Tordesillas establecido en 1494; la Real Cédula concedida a Pedro Sancho de Hoz el 24 de enero de 1539 para gobernar las tierras al sur del Estrecho de Magallanes hasta el Polo Sur; el “Utis Possidetis” de 1810, (Lo que poseéis seguiréis poseyendo); los tres decretos presidenciales firmados por el Presidente Germán Riesco Errázuriz, en el período 1902-1906, que otorgaba concesiones pesqueras a Pedro Pablo Benavides para la caza de lobos marinos en la isla de “San Ildefonso” y a la firma dirigida por Enrique Fabry y Domingo de Toro Herrera que incluía actividades agrícolas y pesqueras en las islas “Diego Ramírez”, “Shetland del Sur”, “Georgia” y “Tierra de O”Higgins”. Además, se agregó en el informe del profesor Escudero a las distintas faenas desplegadas desde 1906 por la Sociedad Ballenera de Magallanes que llegó a disponer de una numerosa flotilla de barcos, teniendo como base de operaciones el puerto de ”Balleneros Chilenos”, en la isla Decepción.

Se enumeraron también, los distintos estudios formulados por el militar, perito en temas antárticos y experto en Geopolítica, el entonces teniente coronel Ramón Cañas Montalva (1896-1977) quien, desde septiembre de 1931 escribía con regularidad en el diario El Magallanes, enfatizando la necesidad de despertar la conciencia del pueblo chileno sobre sus derechos en el continente helado, territorio al que el militar solía referirse como el “Espolón Austral Antártico”. El 1 de abril de 1939, Cañas Montalva publicó en el desaparecido diario La Verdad de Punta Arenas, un documento clave intitulado: “Nuestra Soberanía hacia el Antártico”, que revela el pensamiento y el valor futuro que le asigna este uniformado a la inevitable incorporación de una parte de la Antártica como posesión chilena, estratagema que profundizó en escritos posteriores como: “Terra Australis” y “Reflexiones geopolíticas sobre el presente y el futuro de América y de Chile”, editadas en la “Revista de Geografía de Chile”.

La Fach y la creación de las primeras bases antárticas

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1945, el gobierno de Chile inició los preparativos para sentar soberanía en la Antártica, siguiendo el derrotero esbozado en el Decreto Nº1.747. De esta manera, el 6 de febrero de 1947, la Armada Nacional inauguró la Base Naval Capitán Arturo Prat; en tanto, el Ejército efectuó una obra similar con la recepción de la Base General Bernardo O”Higgins, el 18 de febrero de 1948, estrenada con la presencia del Presidente Gabriel González Videla junto a una numerosa comitiva, convirtiéndose aquél Mandatario en el primer Presidente en el mundo en pisar suelo antártico.

A su vez, la Fuerza Aérea marcó presencia en la Antártica desde tempranas horas. El sábado 15 de febrero de 1947, nueve días después de inaugurarse la Base Naval Arturo Prat, varios oficiales de la Fach sobrevolaron en el avión Vought Sikorsky Nº308 en dos vuelos distintos los cielos antárticos; el primero de ellos, estuvo a cargo del teniente 1º Arturo Parodi Alister, quien llevó de copiloto al comandante de Escuadrilla Aérea, Enrique Byers del Campo; el segundo vuelo fue ejecutado por el teniente 2º Humberto Tenorio Iturra llevando de observador al comandante de Brigada Aérea, Eduardo Iensen.

Este avión formó parte de la expedición naval compuesta por el transporte Angamos y la fragata Iquique comandada por el capitán de navío Federico Guesalaga, con el propósito de erigir la primera Base Antártica de Chile, cuyo honor le cupo a nuestra Armada Nacional. En un total de veintidós horas de vuelo, reconocieron por primera vez las Islas Decepción y Levington; la Bahía Soberanía, además de la zona de Lockroy. Oscar Vila Labra, que ofició de periodista acreditado para este magno acontecimiento histórico, escribió:

“La primera vez que descendió hasta nosotros, desde el aire, el ruido del motor de un avión, se hacía imposible creer que bajo sus alas brillaran los colores del escudo nacional chileno”.

“El Vought Sikorsky que más semejaba un mosquito volando en esas blancas y gélidas latitudes, era un monoplano monomotor; estaba equipado con flotadores tan grandes como su cuerpo”.

Mientras tanto, la revista de la Fach en la página editorial Nº25 de 1947 reseñaba lo siguiente: “La Fuerza Aérea de Chile que tras una lucha cruenta y prolongada en que cayeron muchos de los suyos, dominó los desiertos del norte, las selvas del centro y los mares australes, ha llevado triunfalmente sus alas hasta el más remoto confín del territorio”.

Oscar Vila Labra finalizó su libro “Chilenos en la Antártica”, haciendo una sutil anticipación de la futura importancia de la aviación como medio de transporte para reducir grandes distancias: “El transporte Angamos de la Armada Nacional, en esta misma oportunidad, demoró 6 horas entre Bahía Soberanía e Isla Decepción. Pues bien, el Sikorsky recorrió esas mismas 60 millas en sólo 15 minutos”.

Los aviones de la Fach se hicieron presentes en la Antártica dos años después, en 1949, cuando realizaron el relevo de las dotaciones del Ejército y de la Armada que habían quedado atrapadas por el bloqueo marítimo provocado por la acción de los hielos. En aquella oportunidad, dos anfibios de la Base de Quintero volaron hasta Tierra del Fuego. Allí fueron izados en un buque de la Armada que los trasladó a Bahía Soberanía donde se hallaba la unidad naval. Desde ese lugar, iniciaron las maniobras de rescate de todo el personal militar que trabajaba en las Bases Prat y O”Higgins. El éxito de esta operación, unido a la fundación de las dos primeras Bases de la Fuerza Aérea en el continente helado, Gabriel González Videla, inaugurada el 12 de marzo de 1951 y Pedro Aguirre Cerda, el 18 de febrero de 1955, motivó el diseño del primer vuelo directo de un avión Fach a la Antártica, acción concretada un 28 de diciembre de 1955, cuando la aeronave Catalina PBY-5 Nº406, llamado “Skua”, al mando del comandante de escuadrilla Humberto Tenorio, unió Punta Arenas con Bahía Decepción en 6 horas y 47 minutos. El retorno a la capital austral se realizó al día siguiente, también en un vuelo directo que demoró 6 horas y 26 minutos.

A partir de allí, los viajes de aviones Fach a la Antártica se hicieron frecuentes, destacando entre éstos, el relevo de personal que se efectuó en la Base Pedro Aguirre Cerda, el 27 de diciembre de 1963. En esa ocasión, dos aviones Grumman, el Nº569 y el Nº571, que habían despegado de Quintero doce días antes, pudieron llegar a la Isla Decepción después de varios intentos y producir la sustitución de los aviadores. Consumada la operación, ambas aeronaves regresaron a las 2 horas del 28 de diciembre, llegando al Aeropuerto de Los Cerrillos en Santiago a las 19,20 horas, y luego, a la Base de Quintero a las 20,30 horas de ese mismo día.

Hacia la construcción del Aeródromo Teniente Marsh

El 1 de noviembre de 1979 un avión C-130 Hércules de la Fach sobrevoló el territorio antártico en un vuelo de nueve horas y veinte minutos, con el propósito de completar antecedentes para la construcción de una pista de aterrizaje en la Isla Rey Jorge.

Un mes más tarde, se produjo la llegada al continente helado del contingente militar destinado a ejecutar esa obra. Al respecto, el comandante de Grupo de aquél entonces, Guillermo Aird Gajardo, recordó en el número especial de aniversario elaborado por la Revista de la Fuerza Aérea, correspondiente a abril-junio de 1980, los pormenores de la obra:

Nuestro arribo a la Isla Rey Jorge fue el 2 de diciembre de 1979, y una de las grandes sorpresas, para los que íbamos por primera vez, fue que nuestro Centro Meteorológico Antártico estaba junto a la Base Rusa (Soviética) Bellinghausen, a una distancia no mayor de 200 metros. Una vez fondeado el transporte de la Armada Aquiles, el cual llevaba la Escuadrilla de Reparaciones, maquinarias e implementos necesarios para la materialización de todos los proyectos, se inició de inmediato la descarga, la que comenzó con la bajada de la balsa – para 16 toneladas -, la cual se había construido especialmente para bajar la maquinaria” (…).

“Los trabajos se iniciaron removiendo la nieve que cubría la futura pista, llegando en algunas partes a tener una altura superior a 1,50 metros. Los trabajos parecían muy lentos, pese a que trabajaban 24 horas diarias, todos los días. La gente que participó en este proyecto sólo descansó 4 días en los 4 meses, y el tiempo pasaba muy rápido. Pero después de haber movido 30.000 metros cúbicos de nieve y 18.000 metros cúbicos de material, a fines de enero teníamos una pista de 600 metros de longitud por 30 de ancho y con bermas de 10 metros a cada lado, un radio-faro que podía ser captado a 500 M.N. y unos deseos inmensos de que llegaran los aviones”. (…)

Ello ocurrió el 12 de febrero de 1980. Dos aviones Twin Otter despegaron a las 13,30 horas desde Chabunco en Punta Arenas con destino a la Antártica. Aird Gajardo rememora los instantes finales:

“Después de cinco horas de vuelo y de haber efectuado la aproximación instrumental correspondiente, aterrizaban a las 18,30 horas local el Twin Otter Nº 942 y tres minutos más tarde, el Nº 938. (…) Muchos de los presentes veían que su trabajo, su desvelo, tal vez su sueño era una realidad. Existía una pista y en ella estaban posados dos aviones de la Fuerza Aérea. Para otros, ya no estarían tan aislados del resto del mundo, ahora estaban a tan sólo cinco horas de vuelo de la civilización, es decir, más cerca de Punta Arenas y de Santiago” (…)

“A partir del 18 de marzo, teníamos todos los trabajos terminados, faltando por recepcionar seis shelters de comunicaciones (casetas que tienen todos los equipos instalados en su interior), que transportaba el Aquiles y debíamos instalar sobre sus fundaciones de concreto, las que se habían construido especialmente”.

“Este mismo día llegó el avión C-130 Hércules a Punta Arenas, que debía trasladar a la Escuadrilla de Reparaciones a Santiago; pero desgraciadamente para nosotros, a partir de este día entró una niebla a la isla y que se mantuvo hasta el día 21, con la consiguiente desesperación y nerviosismo de todos los que regresábamos, ya que el transporte Aquiles debía regresar también por esa fecha y la incertidumbre era si nos embarcábamos en el Aquiles o esperábamos el avión”.

“Afortunadamente el 22 de marzo amaneció totalmente despejado y sin viento y como tenía concertado un comunicado por radio a las 6 horas con el coronel de Aviación (A) Sr. Jorge Iturriaga, piloto del C-130, se le informó de las condiciones favorables para el vuelo. Despegó de Punta Arenas a las 8,50 horas para aterrizar a las 11,37 horas en la Antártica, después de haber lanzado seis paracaidistas” (…)

“Finalizado el salto, tocó ruedas el Hércules, siendo aclamado por todos los presentes. Nuevamente afloraron lágrimas y en esta oportunidad no de la gente de la Base, sino de los turistas chilenos que se encontraban en el lugar”.

“Al día siguiente, 23 de marzo, día inolvidable para la Escuadrilla de Reparaciones, despegábamos a las 9,15 horas para llegar a Los Cerrillos a las 18 horas, habiendo hecho escala técnica en Punta Arenas. Por primera vez en la historia, en unas pocas horas, regresaba desde la Antártica a la capital de Chile la Escuadrilla de Reparaciones”.

Empezaba para Chile una nueva época en la historia de su Aviación y para la Fach se abría para las décadas siguientes, un gran proyecto aeronáutico centrado en la exploración y en la investigación científica en el continente del futuro: la Antártica.