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A 60 años del islote Snipe y 40 años de las islas Picton, Nueva y Lennox (Parte III y final)

Por La Prensa Austral domingo 12 de agosto del 2018

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Los conflictos del mar austral

Corría el año 1978 y miles de soldados chilenos y argentinos eran movilizados hacia distintos puntos de la frontera común, una posible guerra se acercaba. Ambos países estaban regidos por dictaduras militares y ninguno quería ceder en la posesión de las islas del sur: Picton, Nueva y Lennox

Existen testimonios y relatos de los protagonistas de esta cuasi guerra con Argentina, que realmente nos trasladan a la época y lugar de los hechos, donde sus palabras expresan tensión, temor y un elevado espíritu patriota que los conduce a cumplir su juramento al emblema patrio “rendir la vida si fuese necesario”.

José Miguel Sánchez Aquez consigna algunos relatos que corresponden a los cerca de 120 efectivos del Destacamento de Fusileros 411, 412 y del Grimbea, el Grupo de Infantes de Marina Beagle, los cuales permanecieron en las islas hasta 1982, cuando ya la mediación del Vaticano estaba bien adelantada.

“La tarde del 16 de diciembre de 1978, los cabos Luis Oyarzo y su compañero Bustamante -quien prefiere no entregar su nombre de pila- miraban el canal regional de TVN Punta Arenas cuando un mensaje los alarmó: “El Club Deportivo Río Los Ciervos tiene reunión a las 20 horas”. El mensaje era una clave. Llamaba a los infantes de marina del Destacamento Cochrane a presentarse en su unidad naval ante un inminente conflicto bélico en las islas del Beagle. No iban a tener comunicaciones ni fecha de regreso.

“Estaba oscureciendo cuando me despedí de mi familia. Al entrar a la unidad se nos comunicó que íbamos a esperar el desembarco argentino en el Beagle. Entramos a la sala de armas del regimiento a retirar pistola, un fusil y una bolsa de equipo personal (calzoncillos fiscales, botas y parka). Subimos al destructor Serrano y partimos a toda máquina a Puerto Williams a tomar munición, raciones de combate, arroz, leche y cordero. En esa noche desembarcamos en Picton, cavamos trinchera y tomamos posiciones”, relata el cabo segundo Bustamante.

Chile envió refuerzos de infantes de marina desde el Fuerte Vergara en Valparaíso. Cerca de 221 hombres llegaron a apoyar al Destacamento 412 al sur de Punta Arenas. “Partimos en el buque Navarino, que hubo que reparar a mitad de camino, con 50 vehículos anfibios y armamento pesado para esperar hostilidades. Nuestra misión era recuperar las islas cuando cayeran en manos argentinas. Era una tarea difícil, porque si Argentina tomaba la zona iba a poner a lo menos un batallón reforzado y nosotros no teníamos esa capacidad”, relata el entonces teniente José Cáceres.

Los tenientes Cáceres y Vicente Montecinos fueron los primeros en llegar a Dawson. “Atracamos en junio de 1978, con instrucciones de efectuar operaciones de inteligencia que alertaran el desembarco en playas chilenas. Se montó en Dawson una unidad logística y en un container se instaló un hospital de campaña de emergencia, con cinco doctores. Entre ellos recuerdo a Minoletti, Niclander y a un ginecólogo cuyo nombre no recuerdo”, comenta Cáceres.

El 411 fue el primero en arribar a Lennox. Lo relata un oficial de la Armada que participó de las actividades y que prefiere mantener el anonimato: “Por semanas estuvimos en silencio total. Un grupo de buzos tácticos colocó una serie de minas subacuáticas antiblindadas, algunas disfrazadas de erizos, y minas antipersonales en la playa. Para ello se hizo un mapa con la ubicación de los artefactos y se enterraron explosivos a detonación. La orden de la comandancia en jefe era evitar como fuera el desembarco”.

Desde Punta Arenas, otro efectivo, del 412, comenta detalles desconocidos de las trincheras de Picton: “Desembarcamos de noche de la torpedera Tegualda en Picton y cavamos parapetos. Llegamos a la posición con un mapa táctico con el camino a seguir, una huella de estacas rojas indicaba el paso seguro, ya que la playa estaba completamente minada”. “La noche del 19 de diciembre, volviendo a Picton, tuvimos ‘zafarrancho de combate real’. Nos encontramos de frente con una torpedera argentina a 30 metros. En el buque sonó el gong (alarma de ataque) y corrimos a tomar posición de combate, más un fusil o lanzacohetes porque era ataque seguro. Eran las 3 de la mañana, teníamos órdenes de no disparar primero. Tras media hora frente a frente, ellos se devolvieron”, recuerda.

Según testigos, el almirante José Toribio Merino visitó en diciembre siguiente Dawson, Navarino y Williams. Hizo una arenga breve en la que aludió a Prat. “Nunca se ha arriado la bandera chilena, y nuestra bandera esta clavada en todos los territorios insulares, donde nunca nadie se ha rendido”, recuerdan. Sin embargo, el comando incomunicado que estaba en Picton supo de la mediación papal después de Año Nuevo. “El general Nilo Floody nos fue a dar la buena nueva a la isla”, sentencia Bustamante.

Los soldados de la indiferencia tras el Día D en el Beagle

Corría el año 1978 y miles de soldados chilenos y argentinos eran movilizados hacia distintos puntos de la frontera común, una posible guerra se acercaba. Ambos países estaban regidos por dictaduras militares y ninguno quería ceder en la posesión de las islas del sur: Picton, Nueva y Lennox.

Algunos protagonistas “anónimos”, cuentan sus historias en un trabajo realizado por Felipe Betancour, Camilo Calderara y Juan Vera.

“Esa noche, en la escuadra chilena no se escuchó el zafarrancho de combate que fue reemplazado por un mensaje del almirante Raúl López Silva, quien recuerda que “si bien el año 1978 nos exigió estar muy lejos de nuestras familias y de nuestros amores, nos permitió estar muy cerca de la gloria”.

Este era el fin de una guerra que no alcanzó a ser guerra, pero que si dejó varias secuelas en el camino.

El caso de Argentina

Dos años antes, cuando aún no amanecía en Argentina y el reloj marcaba las 6,45 de la mañana del 24 de marzo de 1976, el pueblo argentino se despertaba con sus calles llenas de tanques, camiones y autos militares con la noticia que el ejército había derrocado a la Presidenta Isabel Martínez de Perón. De ahí en adelante comenzaría el calvario para miles de jóvenes y familias argentinas. 27 mil personas desaparecidas fue el cruel número que siguió al golpe.

Así, en 1976, Chile y Argentina eran gobernadas por sus instituciones militares.

Desde aquel día sólo transcurrieron tres meses para que la milicia argentina comenzara a reclutar adolescentes, quienes hasta entonces sólo sabían jugar al fútbol con sus amigos y realizar comidas con su familia.

Ahora tenían que enviarlos a hacer entrenamiento militar, sin saber que vendría después.

Según recuerdan los “Veteranos del Canal de Beagle”, organización que se mantiene aún en el país trasandino, los militares pasaron casa por casa, revisaron cada rincón e incorporaron a sus filas a todos los jóvenes que encontraron quienes, en su mayoría, tenían sólo 16 años.

El motivo de toda esta movilización, era el plan de la nueva Junta Militar Argentina reconocida como el Proceso de Reorganización Nacional, que buscaba la soberanía en un grupo de islas ubicadas al sur de Tierra del Fuego, que siempre habían estado en disputa, pero legalmente pertenecían a Chile: Picton, Nueva y Lennox.

En la inocencia de su juventud nunca pensaron en participar de un conflicto bélico contra Chile.

En el año 1976, los primeros jóvenes fueron arrancados de sus casas, les informaron que estaban reclutados y los trasladaron a San Salvador de Jujuy, al norte del país, al Regimiento Nº20 de Infantería de Cazadores de los Andes.

Los medios informativos en el Beagle

Periodista de las Últimas Noticias; Jaime Rojas, Víctor Carvajal y Alberto Guzmán.

Alberto Hugo Guzmán Herrera, funcionario de radio Presidente Ibáñez de Punta Arenas, participó en una visita que realizaron periodistas de los medios informativos de la capital y de la región, a la zona del conflicto.

“Era el mes de noviembre de 1978 y la tensión del conflicto estaba en su punto máximo de tensión”.

“Voy llegando a mi trabajo en radio Presidente Ibáñez una mañana y su director Roque Tomás Scarpa me dice: -prepárate porque deberás viajar junto a otros medios a Puerto Williams”.

“Obedecí la orden de mi jefe y premunido de una grabadora me fui al aeropuerto donde me embarqué en un avión Twin Otter junto a Patricia Stambuk, en ese entonces periodista de El Mercurio, Jaime Rojas, camarógrafo del Canal 6 de TV Nacional, Víctor Carvajal, periodista de la Prensa Austral y el periodista Patricio Caldichouri”.

“Los medios informativos capitalinos ya habían viajado en otro avión a la capital de la provincia Antártica”.

“Nos alojaron en la hostería Wala, donde recibimos la visita del comandante en jefe de la Armada, almirante José Toribio Merino, que en una entretenida velada que se postergó hasta pasada la medianoche, demostró sus dotes de agradable anfitrión, además de gozar con los chistes sobre la junta de gobierno chilena, que traían ‘fresquitos’ los periodistas santiaguinos”.

“Nuestra misión fue solamente observar y luego hacer la noticia, sin captar imágenes ni sonidos, por motivos estratégicos, de tal manera que en un recorrido por el canal Beagle y las islas, debimos dejar en Puerto Williams grabadoras de audio y video”.

“A las 10 de la mañana del día siguiente a nuestra llegada se realizó una ceremonia en la plaza de la localidad, ocasión en que el almirante Merino entregó un encendido y patriótico discurso a las tropas, luego de lo cual iniciamos la navegación hacia los puntos ocupados por las tropas nacionales”.

“Cumplida nuestra misión, los regionales regresamos a Punta Arenas bordo del destructor almirante Riveros y los periodistas capitalinos lo hicieron vía aérea”.

“Fue, sin lugar a dudas, una extraordinaria experiencia de estar en el frente, a pocos días que al ambiente de guerra llegara su punto máximo”.