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A 99 años del asalto e incendio del local de la Federación Obrera de Magallanes

Por La Prensa Austral jueves 15 de agosto del 2019

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Tras la huella de las ideas anarquistas

Parte III y final

Por Víctor Hernández, Sociedad de Escritores de Magallanes

En las anteriores reseñas publicadas los domingos 28 de julio y 4 de agosto, planteamos en varias ocasiones, la influencia ejercida en el movimiento obrero patagónico, chileno y argentino, del recuerdo de un episodio histórico conocido como la “Comuna de París”; de los postulados filosóficos llamados ácratas y de la praxis entendida como anarco-sindicalismo.

Al respecto, el director de los Archivos de Francia y presidente del Instituto de Historia Social de ese país, George Bourgin publicó en 1953 un libro señero sobre esta temática, “La Comuna”, en donde desmenuza los pormenores, el proceso y las consecuencias de un genuino movimiento popular que dirigió los destinos de la capital francesa durante setenta y tres días, desde el 18 de marzo hasta el 28 de mayo de 1871, texto que fue reeditado por la Editorial Universitaria de Buenos Aires en 1962, en plena época de ebullición de grandes ideas y proyectos políticos sociales en América Latina.

En las páginas 5 y 6 de su libro Bourgin afirma: “La Comuna de París está rodeada de un atmósfera mítica. En el mismo momento en que se afirma, pero sobre todo, en el curso de la instrucción judicial y de la represión que suscitaron sus actos, surge la sensación de que había sido concebida por la Asociación Internacional de Trabajadores.

Luego los partidos obreros de los distintos países permanecieron fieles a la creencia de que la Comuna de París fue la primera tentativa de organizar un gobierno proletario, y que su derrota fue la expresión del sentido mismo de esa guerra de clases que se ha desarrollado en el curso de los siglos XIX y XX. Se creyó al mismo tiempo que había sido un auténtico ejemplo de dictadura del proletariado”.

La represión ejercida hacia los comuneros por los sectores más conservadores de la sociedad francesa, obligó a muchos de sus dirigentes a escapar con lo justo, huyendo de preferencia hacia Inglaterra, Suiza y Bélgica. Según Bourgin, en este último país, “Todos estos refugiados tuvieron la buena idea de fundar una Caja de préstamos mutuales y de solidaridad que les rendirá muchos servicios. El empleo de la mano de obra francesa mejoró la producción belga, y los proscriptos ejercieron verdadera influencia en los medios políticos”.

Muchos otros se embarcaron en vapores a la carrera y se dirigieron a Sudamérica, recalando en los puertos de Buenos Aires y Montevideo. Aquí se desempeñaron en los más diversos oficios. Un estudioso de este flujo migratorio europeo fue el historiador Marcelo Segall, que en su libro editado en 1971, “La Commune y los excommunards en un siglo de América Latina”, en las páginas 28 y 29 plantea que: “los excommunards fueron la semilla del poderoso movimiento social de la Patagonia chilena y argentina”.

A su vez, el connotado vecino magallánico Juan Bautista Contardi narra en la página 14 de sus memorias “La pequeña Babel Magallánica, 1888-1889, texto editado en Rancagua en 1975, el encuentro con sobrevivientes de La Comuna, avecindados en Punta Arenas. “La primera inmigración desde Francia se inició en 1872. Llegaron en ese año unos trescientos ciudadanos franceses que constituían, en conjunto, una extraña amalgama de todas las castas sociales. Había, entre ellos, agricultores regularmente contratados en Europa y Buenos Aires, en calidad de colonos, por el Gobierno de Chile; jóvenes románticos en busca de aventuras y de emociones fuertes; marineros desertores; una legión de desplantados del suelo patrio por diversas causas; y muchos ilusos en pos de riquezas que les brindaba, en su imaginación, el mundo americano. Sobresalían de la generalidad, por su espíritu sagaz y resuelto, un grupo de comuneros, ex combatientes en la insurrección de los Federados de Marzo de 1871, en París, quienes, más afortunados que otros de sus correligionarios, con su huida apresurada habían logrado sustraerse a los fusilamientos en masa que tuvieran su trágico escenario en el cementerio de Pére Lachaise”.

La Fom en el rescate del anarquista Simón Radowitzky

La fuga del anarquista ruso Simón Radowitzky desde el penal de Ushuaia evidenció los nexos y el modus operandi ácrata, entre las organizaciones obreras, chilena y argentina, en la Patagonia.

Los hechos ocurrieron de la siguiente manera: el 14 de noviembre de 1909, en un atentado perpetrado con una bomba fue ultimado el jefe de la policía de Buenos Aires, coronel Ramón Falcón y su secretario Juan Alberto Lartigou. Seis meses antes, Falcón había ordenado cargar a caballo y disparar contra la multitud para disolver la manifestación que conmemoraba el 1º de mayo, con un saldo de 49 lesionados, entre muertos y heridos. De modo, que su asesinato fue interpretado como una venganza organizada desde el mundo obrero. Pronto la justicia halló culpable al activista ruso Simón Radowitzky, que fue condenado a prisión perpetua en la “Siberia argentina”: el penal de Ushuaia.

Desde la regional de Buenos Aires, fue comisionado a Punta Arenas, el periodista y director del periódico “La Protesta”, Apolinario Barrera. En la capital austral, utilizando la chapa de Antonio Lucero, junto a dirigentes de la Fom, tramaron el rescate del convicto ruso. Los dirigentes locales contactaron al aventurero y navegante Pascual Ríspoli, conocido como “Pascualini”, y así, en noviembre de 1918, consumaron la fuga de Radowitzky. Lo significativo de este acontecimiento fue comprobar los nexos y el modus operandi anarquista, entre las organizaciones obreras, chilena y argentina, en la Patagonia.

Sucesos de Puerto Bories y la “Comuna de Natales”

En el importante trabajo de investigación efectuado por el sociólogo Ramón Arriagada titulado “La rebelión de los Tirapiedras, Puerto Natales- 1919”, editado por la Universidad de Magallanes en 2009, se propone que: “Para comprender mejor el impacto de los “Sucesos de Puerto Natales” del año 1919, ponemos a disposición del lector algunos pasajes de la discusión en el Senado de Chile, al solicitar el gobierno de la época facultades extraordinarias por sesenta días. En ese lapso, los gobernantes podrían limitar la libertad de prensa, declarar estado de sitio y aplicar en forma más dura la Ley de Residencia, que facultaba al ejecutivo a expulsar extranjeros que difundiesen ideologías contra la estabilidad del país. Son los días siguientes a nuestro 23 de enero, cuando la prensa santiaguina y bonaerense, habla de los “quinientos bandoleros que avanzan desde Puerto Natales hacia Río Gallegos”, para, según esas informaciones periodísticas, liberar a líderes anarquistas presos en la cárcel del poblado argentino”.

Del análisis de Arriagada se induce que, paralelo al accionar colaborativo de las centrales anarquistas, hubo un contubernio a nivel de altas esferas entre los estados de Chile y Argentina para neutralizar al movimiento obrero en la Patagonia. De ahí la conformación, por elementos reaccionarios en ambos países, de un grupo conocido como “Liga Patriótica y de su brazo armado, Las Guardias Blancas”.

Ello lo refrenda Osvaldo Bayer, en las páginas 74 y 75 del tomo 1º editado en 1972, de su obra magna “La Patagonia Rebelde”, en que se lee: “El 24 de enero de 1919, el interventor Pozzo recibió una comunicación urgentísima del gobernador de Magallanes (Chile) coronel Contreras Sotomayor en el cual le informaba que se habían declarado huelgas revolucionarias en Punta Arenas y Puerto Natales y como no disponía de elementos para restablecer el orden de esta última población, donde habían ocurrido hechos sangrientos, le rogaba destacar alguna fuerza en la frontera cercana a Natales para impedir que los revoltosos cumplieran el propósito de internarse armados en territorio argentino. Sin pérdida de tiempo, el interventor Pozzo dispuso que el jefe de policía interino y titular de la Guardia de Cárcel, D. Diego E. Ritchie, saliera con el efectivo disponible de 40 hombres en camiones cedidos por particulares, e impidiera la incursión de gente armada a nuestro territorio. Mientras tanto, la custodia de los presos de la Cárcel de Río Gallegos fue confiada a los ciudadanos de la población que se ofrecieron para reemplazar momentáneamente a los encargados del servicio”.

De acuerdo con el análisis del proceso hecho por Carlos Vega Delgado que aparece señalado en las páginas 151, 152 y 153 de su trabajo “La Masacre en la Federación Obrera de Magallanes, el movimiento obrero patagónico-fueguino hasta 1920”, se interpreta que los hechos comenzaron en Bories por una discusión entre el administrador Kidd y el dirigente Viveros, quien disparó al ejecutivo Wood, hiriéndolo en el pecho.

Los carabineros fueron emboscados por los obreros encabezados por José Therán, resultando muertos tres de ellos; luego, los trabajadores se fueron en tren a Puerto Natales donde saquearon y quemaron el almacén, la bodega y el garaje de la casa Braun y Blanchard y, de paso, atacaron a carabineros nuevamente, en un tiroteo que duró cerca de cuatro horas. Aquí intervino la Cruz Roja que logró el cese al fuego y la entrega de las armas. El balance final indica que cuatro carabineros murieron en el enfrentamiento; tres de ellos, en Bories: Modesto Godoy, Adolfo Zapata, y Juan de Dios Cid; en tanto, Efraín Riquelme falleció en la refriega de Puerto Natales. Los trabajadores sufrieron las pérdidas de sus compañeros, Juan Saldivia, Alejandro Muñoz, Manuel Mansilla, Enrique Espinoza, Carlos Viveros y José de la Rosa Therán.

El destacado abogado y escritor Julio Munizaga Ossandón, se hizo cargo de la defensa de los inculpados Juan Flores, Ignacio Torres, Jorge Ursic, Ventura Muñoz, Juan Ruiz, Martín Romero, Delfín Oyarzún, Isaías Latorre, Eugenio Silva, Juan Silva, Artemio Gutiérrez, Pedro Cárcamo, Manuel Muñoz, Ángel Legnazzi, Pedro Godoy, Hilario Cárcamo, Francisco Cárcamo, Francisco Montes y Antonio Vidal.

Se aprobaron las siguientes condenas: diez años y un día de presidio para José Labra, Abraham y Froilán Vásquez; once meses de cárcel para Juan Ruiz; treinta días de arresto para Domingo Miranda.

El reconocido historiador Luis Vitale, en el tomo V, página 120, de su clásica obra “Interpretación marxista de la historia de Chile”, comentando estos hechos señaló: “los sucesos de Puerto Natales merecen especial consideración, porque los trabajadores, por primera vez en el siglo XX, fueron capaces de tomar el poder local durante varios días”.

El asalto e incendio del local de la Fob

Hasta el momento de la publicación del texto “La masacre…” de Carlos Vega Delgado en 1996, sólo se contaban con testimonios de algunos sobrevivientes y de breves reseñas aparecidas en distintas épocas en los diarios regionales. Vega reconstruye el proceso histórico que antecede a los hechos acontecidos en la madrugada del 27 de julio de 1920, y edita, un año antes, en formato de libro, incorporando un prólogo interpretativo, el cuadernillo que algunos obreros hicieron circular en 1922, casi de forma clandestina, en donde narraban con la firma de Marcolín Piado, “Los horrorosos sucesos del 27 de julio, incendio del local de la Federación Obrera de Magallanes, y otros crímenes cometidos el año 1920”. En la página 13 se ofrece la siguiente síntesis:

(…) “En el asalto a la Federación quedaron tres cuerpos de obreros calcinados, tan destruidos que jamás pudieron ser identificados en forma legal; otro trabajador falleció posteriormente, como consecuencias de las graves lesiones que sufrió en la golpiza, y uno de los asaltantes murió debido a un disparo que recibió durante el atentado. La represión duró varios días y hubo más desaparecidos”.

El entonces director del diario “El Magallanes”, Gregorio Iriarte, luego de comunicar en una misiva dirigida al diputado Guillermo Bañados sobre los hechos de sangre del 27 de julio, presentó su renuncia a este medio de prensa. En la parte final de su carta escribe: (…) “Las declaraciones de cientos de testigos, que todos coinciden en los detalles, son los siguientes: Fuerzas del Batallón Magallanes, carabineros y policía acompañados de algunos particulares, cuyos nombres se dan, atacaron a la Federación. Los de adentro se defendieron y se generalizó el tiroteo. Se calcula que quemaron alrededor de dos mil tiros. Muertos parte de los defensores y huidos 12 y 2 de los otros, los asaltantes prendieron fuego a la casa”.

Un mes después, la nota fue leída en la Cámara Baja. Empezaba a escribirse la centenaria historia de la Fom.