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A 99 años del asalto e incendio del local de la Federación Obrera de Magallanes

Por La Prensa Austral jueves 1 de agosto del 2019

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Parte I

Origen de la organización

Para explicar los acontecimientos acaecidos el martes 27 de julio de 1920 se requiere desmenuzar e interpretar el período histórico que precedió a los hechos, desde las ideas filosóficas y políticas que estaban en boga en el mundo; el escenario económico y social que se vivía en Chile y, en particular en Magallanes; y el contexto de por qué esta Federación se constituyó como una asociación única de su tipo en el país, que logró combinar los intereses de casi todos los gremios y fuerzas laborales de la Patagonia. Por otra parte, debe considerarse al momento de hacer un análisis, que para ese entonces, aún no se habían creado los partidos políticos ni las organizaciones sociales que hoy día representan a los ciudadanos; ni las diversas instituciones que protegen y cobijan a los trabajadores; ni tampoco, la policía civil y militar que observamos a diario. La mayoría de las llamadas “leyes sociales” como la de Contrato de Trabajo, de Indemnización por accidentes o enfermedades profesionales, la de Juntas de Conciliación, la de Organización Sindical y la de Seguro Obligatorio por enfermedad, invalidez, vejez y muerte, ni siquiera existían en la legislación chilena.

Orígenes del movimiento obrero en Chile: las primeras grandes huelgas

El siglo XIX es reconocido por las profundas transformaciones experimentadas en el ámbito laboral, el surgimiento de las grandes ideas sociales, manifestadas en las utopías ideológicas tanto de derecha, con sus variantes, fascismo y nacionalismo, o de izquierda, con su interpretación hacia el socialismo, el comunismo o el anarquismo.

Esto fue posible en la medida en que las clases trabajadoras empezaron a tener mayor participación en las decisiones del Estado. De esta manera, los obreros se fueron agrupando en organizaciones para luchar por la reivindicación de sus legítimas aspiraciones e intereses. En Chile, los primeros atisbos de asociaciones que desde un prisma intelectual, manifestaron inquietud por la problemática social, hay que buscarlas en la constitución de la Sociedad de la Igualdad (1850) y en el Club de la Reforma (1869) en que destacadas personalidades del mundo de las artes, las ciencias y las letras, proponían profundos cambios en las estructuras de la sociedad chilena.

La incidencia de la clase trabajadora en el área productiva ocasionó inevitables conflictos con la clase social que detentaba el poder político y económico produciéndose las primeras huelgas caracterizadas por el aumento de salarios. Durante la administración del Presidente Balmaceda ocurrió en 1890 una gran movilización social que duró 30 días y cuya finalidad fue peticionar el pago de sueldos en dinero efectivo, en reemplazo de los “vales” o “fichas”. La huelga culminó con el incendio de la “Compañía Salitrera San Donato” e incidentes en las oficinas Ramírez, Rosario y Tres Marías. Diez años después, en 1900, ocurrió una gran concentración en Santiago, que duró 15 días, llevada a efecto por el personal de tranvías. En 1903, se produjo la huelga de los trabajadores portuarios de Valparaíso, que duró semanas y con varias víctimas fatales que lamentar. Otro tanto aconteció en la capital en 1905 por la exigencia de los gremios de trabajadores para que la carne argentina pagara derechos aduaneros. Sin embargo, la mayor tragedia acaeció el 21 de diciembre de 1907 en Iquique, cuando obreros salitreros y sus familias, en conjunción con sus similares de ferroviarios, marítimos y portuarios, efectuaron una huelga multitudinaria en la plaza principal de la ciudad, y en la Escuela Santa María, la que fue reprimida de forma brutal por el Ejército, ocasionando más de tres mil víctimas fatales.

Hacia la fundación de la Fom

En la página 53 del libro “Historia del Movimiento Obrero en Ultima Esperanza” (1911-1973) sindicalistas, anarquistas y socialistas, escrito por el profesor Pedro Cid Santos, publicado por Editorial Ateli en 2004, se lee: “En Chile, a comienzos del siglo XX, el anarquismo tuvo un papel importante en el ámbito obrero, fomentando y creando numerosas organizaciones sindicales y participando en numerosas acciones reivindicativas de los derechos de los trabajadores. Sin embargo, este papel ha sido minimizado, ignorado o aún despreciado por la historiografía conservadora o académica y por la historiografía de corriente marxista”. El desarrollo de este ideal político en el austro hay que rastrearlo en lo que el propio Cid denomina el espíritu societario que caracterizó al Magallanes de comienzos del siglo XX, y que tuvo como preludio al movimiento mutualista generado entre otras cosas, – siguiendo la idea de Cid- “a la razón de nacionalidad que llevó a los inmigrantes aquí radicados, a unirse para estrechar sus relaciones y para mantener vivas las tradiciones del país o región de origen como formas de protección espiritual y para mejor adaptación en la nueva comunidad a la que pasaban a integrarse”.

En paralelo, y a medida que se ampliaba y consolidaba el monopolio económico de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, fueron apareciendo las primeras Sociedades de Resistencia que incluyeron el principio de huelga como un mecanismo de presión. De esta forma, nació en Punta Arenas, en 1896, la primera institución de este tipo llamado “Unión Obrera”, que editó un periódico semanal titulado “El Obrero”, habilitó una importante biblioteca en su sede social, dispuso de una oficina para proveer las colocaciones de sus socios y organizó la primera celebración de un 1º de Mayo en Magallanes, en 1897.

Más adelante, surgieron otras sociedades como: “Unión Internacional de Obreros de Punta Arenas” en 1903; el “Centro Unión Internacional de Obreros y Trabajadores” en 1909; la “Asociación de Resistencia Oficios Varios”, en 1910 y a principios de 1911, de la Sociedad Cooperativa de Fogoneros y Marineros de Magallanes”. Otro antecedente significativo en esta problemática, fue la aparición de las ideas ácratas que buscaron ampliar el concepto organizacional, involucrando distintos gremios y generando un mayor espectro de tolerancia ideológica. Se les denominó Mancomunales. Al respecto, la fundación de la Sociedad de Carniceros “Unión y Progreso”, en el domicilio del obrero Marcos Mancilla, en calle Errázuriz 667, el 30 de marzo de 1911, supuso el paso previo para la consolidación de esta gran iniciativa de constituir a diversas agrupaciones en una sola organización. La comunicación final llegó el 10 de junio de 1911, a través de una misiva enviada desde Pecket por los trabajadores del campo. Se había decidido iniciar una serie de reuniones con el propósito de fundar la Federación. El periódico “El Trabajo”, en su edición de 24 de junio de ese año describe las reuniones iniciales y los acuerdos preliminares alcanzados.

“Compañeros: animados por la idea de formar una asociación compuesta de todos los trabajadores de campo en general, no hemos titubeado en dar los primeros pasos para llevarla a feliz término; un grupo de carneadores fue el que primero se constituyó, fueron los primeros en arrojar la simiente, simiente que caído en surco fecundado por ideas sensatas y mirar altruista de muchos de nuestros compañeros, no tardó en levantarse vigoroso y lozano el árbol de la sociabilidad a cuya sombra esperamos descansar de las rudas tareas del trabajo.(…)

“La Sociedad Unión y Progreso” de obreros carneadores, los esquiladores y trabajadores de campo reunidos en asamblea el 11 de junio del presente año, acordaron formar una sociedad para propender al mejoramiento de la clase trabajadora y nombró una comisión compuesta de nueve miembros, para que estudiara la mejor forma de organización, la que celebró reuniones con asistencia de la comisión administrativa de la Sociedad de carneadores y otras personas pertenecientes a la clase obrera, en las noches del lunes 12, miércoles 14 y viernes 16 del presente mes, y después de largas deliberaciones se acordó por unanimidad, en los salones de la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos, formar una Asociación de Obreros en general, Sociedad que se denominó: “Federación Obrera de Magallanes”(F.O.M).

A continuación, se procedió a constituir el directorio, el cual quedó conformado por: Manuel Muñoz, presidente; Juan Barrera, secretario; Gregorio Iriarte, prosecretario; Ismael Toro, tesorero. Consejeros: Rejino Virriel, Lorenzo Suazo, Marcos Mancilla, Carlos Pedraza, Nicolás Mladinich, Simón Switanich y Antonio Talia. Además, se nombró a una comisión con el objeto de redactar los estatutos de la Institución, se mandaron a imprimir talonarios y se autorizó a los socios Manuel Muñoz y Marcos Mancilla para cobrar cuotas sociales.

En la edición del periódico “El Trabajo” de 16 de marzo de 1912, se establece que los gremios pertenecientes a la F.O.M según, la asamblea constituida el 2 de marzo de ese año, ascienden a 11 asociaciones, la cual, quedó compuesta por los zapateros, con Juan Barassi como delegado encargado; Juan Ursich a cargo de los albañiles; Vicente Stankovich por los jornaleros de Bahía; José Villegas comisionado por los fogoneros; Nelson Miranda por los carpinteros y José Lineros por los fundidores; Manuel de la Cuesta quedó en representación de los mecánicos; Pedro Mella de los tipógrafos; Jesús Méndez de los soldadores; Ismael Preuss por los marineros y Antonio Urquiza por los carpinteros de ribera.

La Federación Obrera se extiende a Puerto Natales

El siguiente paso fue ampliar el radio de acción hacia el territorio de Ultima Esperanza. Para octubre de 1911, los dirigentes de la F.O.M, Alfredo Rivera y Primitivo Osorio, concentraron su actividad proselitista en Puerto Bories; en tanto, Santiago Cucciuni y Juan Bautista Martínez, consiguieron adherentes en el pequeño pueblo de Puerto Natales, fundado unos meses antes.

El año 1912 fue dramático para Magallanes. Con la instalación de la Aduana en abril, se suprimieron los beneficios que otorgaba el Puerto Libre a la economía regional. A ello se sumó una serie de alzas desmedidas, que originó un paro general en el territorio. El historiador Pedro Cid, sintetiza en su texto antes mencionado, las consecuencias de aquél levantamiento: “La primera gran huelga que hubo de enfrentarse fue la declarada por la F.O.M en diciembre de 1912, con el fin de conseguir aumentos salariales para los obreros de campo. Esta huelga abarcó la Tierra del Fuego y toda la Patagonia. Los encargados de coordinar el paro en Ultima Esperanza fueron, entre otros, Carlos Pedraza, Ismael Villarroel y Rejino Virriel que contaron con toda la ayuda del señor Rogelio Figueroa, de la estancia Tres Pasos, que ofreció carne y leña mientras durara la huelga. La F.O.M logró con este movimiento huelguístico el Primer Convenio Colectivo de Trabajo para los obreros rurales de la región magallánica. Hecho inédito hasta entonces en la historia, no sólo regional, sino que nacional”.

En el reportaje publicado por el periodista Carlos Vega Delgado en la revista “Impactos”, Nº61, página 27, del 1 de octubre de 1994 se asegura que: “No obstante su reciente fundación, La Federación Obrera cuenta anualmente con 5.847 asociados y posee un edificio en Punta Arenas y otro en Natales, valuados en 20.000 y 15.000 pesos, respectivamente, y que reditúan un total de 560 pesos mensuales; un taller tipográfico tasado en 14.000 pesos y un fondo de reserva que la pone a cubierto de todas las emergencias futuras, pues cuesta poder sostener una huelga general durante nueve meses, proporcionando subsidios a las tres cuartas partes de los asociados”.

Fueron los primeros logros de un movimiento obrero, cuya capacidad de organización y cohesión de sus miembros, llegaron a ser reconocidos más allá de las fronteras de la propia Patria.