Necrológicas
  • Norma Luisa Muñoz Sánchez
  • Valeria Aguilar Díaz

A los 82 años murió la vecina Dinka Buljan Ljubetic

Por La Prensa Austral lunes 27 de julio del 2015

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El antiguo barrio Croata perdió a una de sus hijas ilustres. A los 82 años dejó de existir ayer -a causa de un paro cardiorrespiratorio- la vecina Dinka Yerka Buljan Ljubetic. Su fallecimiento se certificó a las 15,32 horas de este domingo en el que fuera su domicilio, en calle Caupolicán 169.

Su deceso produjo honda consternación entre su familia, vecindario y magallánicos descendientes croatas.

Su velatorio se realizará hoy y mañana en calle Caupolicán 169. El miércoles, el féretro será llevado a las 9 de la mañana hasta la capilla del Cementerio Municipal, para ser velado hasta las 11 horas.

Doña Dinka era viuda y madre de tres hijos: Arturo Ocampo (fallecido), Iván y Dinka. Junto a ellos le sobreviven sus nietos Vanessa, Iván, Ninoska, Alejandra, Juan Ignacio, José Luis y Carola, y cuatro bisnietos.

El cronista Mario Isidro Moreno, publicó en julio del año pasado en el suplemento dominical de El Magallanes, la historia del barrio Croata, incluyendo en uno de los capítulos, la historia de la Sra. Dinka Buljan, el que a continuación reproducimos:

“En una de sus últimas calles encontré a Dinka Buljan Ljubetic, hija de croatas que llegó al sector a los dos años de edad, junto a sus progenitores Gregorio y Lukrecia. Su padre viajó a Magallanes desde la isla de Brac a la edad de 13 años estableciéndose donde unas tías en calle José Nogueira. Al tiempo después regresó a su patria a pedir la mano de su novia con la cual, ya casados, se establecieron en la calle Caupolicán del entonces barrio Yugoslavo.

“La casa -me cuenta Dinka- la compró mi padre a los Bonacic, quienes poseían un varadero al lado de la vivienda.

“Mis recuerdos de niña son la tranquilidad, la paz con la que se vivía en aquel tiempo. Mis padres, de situación algo acomodada, me tenían de todo en el hogar de tal forma que mis amigos del barrio llegaban hasta mi casa a jugar en los balancines del patio, con mis muñecas y juguetes. Todo esto lo había logrado mi padre atendiendo su labor de mercachifle que desarrollaba en la isla Tierra del Fuego”.

“Yo estudié en la Escuela Yugoslava que era atendida por profesores de esa nacionalidad, además de la maestra Nelda Barassi, que enseñaba el idioma español. Dirigía el establecimiento educacional don Andrés Kukol y su esposa Catalina. La escuela Yugoslava de esa época se ubicaba en calle Magallanes entre José Menéndez y Avenida Colón”.

Entre sus recuerdos, Dinka añora los tiempos en que hacían las compras en los negocios del barrio. Los artículos de primera necesidad se adquirían en los boliches, lo más grande venía a domicilio. Evoca al panadero Francisco Eterovic que andaba con su carro y su caballo, el cual estaba tan bien amaestrado que se detenía en cada casa donde había que dejar el pan. La leche la distribuía Domingo Yankovic. Había una vendedora de guatitas y patitas de cordero: Sabina, la cual andaba siempre un poco mareada por el licor que bebía y, al verla, la gente le gritaba ¡sujétate Sabina! Otro comerciante que concurría al barrio era conocido con el apodo de Manteca. Fabricaba hermosas perchas de cuerno de vacuno y madera labrada. También estaba Tomiche, el centollero.

Cuatro veces
viajó a Croacia

“Mi sueño -continúa diciéndome Dinka- como el de la mayoría de la gente, era conocer la tierra de mis antepasados. He viajado, gracias a Dios, en cuatro oportunidades a Croacia y ya en la isla de Brac, la ciudad natal de mis padres he podido conocer y abrazar a dos tías ancianitas que aún quedan de nuestra familia”.

Finalmente, Dinka, con su alegría característica me aporta una anécdota tragicómica ocurrida en el barrio Croata:

“Eran épocas terribles cuando el río de las Minas se desbordaba inundándolo todo. Mi marido tenía un bote con el cual socorría a los damnificados. En cierta oportunidad un español de apellido Ruiz, se levantó en la mañana de su cama y comprobó que sus zapatos flotaban en el agua.

“Incluso fue testigo presencial de las inundaciones el propio Presidente de la República de la época, don Carlos Ibáñez del Campo. El Primer Mandatario se constituyó en el barrio Yugoslavo, que era el más afectado y comprobó que el fango lo cubría todo. El automóvil en el cual se trasladó al sector también sufrió los efectos del barro y debieron empujarlo entre varios hombres para sacarlo del lodazal.

“Vecina del barrio, era la famosa Polaca, que tenía su casa en calle Angamos. Al ver la tragedia de la inundación y al divisar a la primera autoridad del país, también en problemas, desde la puerta de su vivienda le gritaba: -Sálvanos papito! ¡Sálvanos papito!”

Dinka posee un hostal donde atiende con su característica cordialidad a sus clientes nacionales y extranjeros, siendo reconocida por ello en revistas nacionales e internacionales, mencionándola incluso en el libro “Mujeres en Tierra de Hombres” de la escritora argentina Virginia Haurie.

Los funerales de Dinka Buljan tendrán lugar este miércoles, a contar de las 11 horas en el Cementerio Municipal Sara Braun.