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“A pesar de mi pobreza soy feliz”

Por La Prensa Austral domingo 29 de julio del 2018

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– Vive sin suministro de agua potable, en medio del barro, y al lado de un microbasural y chatarras de embarcación.

Las veredas con jardines, pasajes y calles pavimentadas las conoce de lejos, y por lo que sus ojos pueden ver en otros sectores de su querida Punta Arenas. Hace alrededor de 10 años que vive una realidad que quizás muchos no quisieran experimentar.

Rosa Mardones es oriunda de Porvenir y tiene 61 años. Vive con su nieta, un gato y cuatro perros en una pequeña casa celeste. Esta se caracteriza por dos cosas: no es parte de un barrio -está cercana a la población El Pingüino en un sector periurbano- y la rodea un barrial.

Esta dueña de casa tiene diabetes, hipertensión, artrosis y leucoma corneal (capa blanca y opaca en la córnea del ojo producida por una herida o úlcera). Es dependiente de por vida de un frasquito de gotas para los ojos. Sin ellas, perfectamente podría perder la visión.

“Todos los meses me trato en el hospital por mis enfermedades. Es tremendo el viaje que tengo que hacer para llegar hasta allá: tomo dos colectivos. La artrosis me está jodiendo harto; me entregaron bastón, pero me da vergüenza usarlo”, cuenta.

Rosa carece de muchas comodidades que millones de personas tienen. Un baño común, dentro de casa, y agua potable:

“No voy al baño porque tengo que subir el cerro y… como soy de patas cortas (ríe). Me falta el agua, pero me la consigo con una vecina. Todos los días acarreo garrafas hasta mi casa”. Para evitar salir de casa rumbo al baño, esta mujer se abastece de un balde todas las noches. Es su cruda realidad.

Según cuenta, afortunadamente tiene gas y luz. No obstante, mantiene una deuda que asciende a los $800.000 por concepto de suministro eléctrico.

“Lo que me favorece es que no pago arriendo. Mi ex pareja y su amigo hicieron el contrato con trago (ríe). Los papeles no quedaron legales. No tengo derecho a hacer ningún tipo de arreglo porque el terreno no es mío”, reconoce. El sentido del humor aún no lo pierde.

Donde vive todo es tranquilo. Rosa se acuesta y no escucha nada desde el exterior. Quizás ni siquiera a otro tipo de seres que habitan al lado de su terreno, en medio de un microbasural y chatarras de embarcación. “Aquí los guarenes son del porte de un gato”.

Si bien está acostumbrada al frío y al clima de una ciudad austral, hay días en que Rosa pasa más frío de lo habitual. Su casa es de material muy ligero y el viento le entra por todos los rincones y aberturas: “Menos mal tengo gas. Mi cocina es a leña pero la tengo conectada al gas. En mi dormitorio tengo un calefactor a luz”.

Pero, ¿por qué frente a las adversidades de su vida esta mujer ríe y persevera? La respuesta es una y sólo le pertenece a ella:

“Porque no tengo problemas con nadie, salvo los de mi salud. Me gustaría vivir en mejores condiciones que las que tengo hoy en día y poder postular a una vivienda para adultos mayores, pero… A pesar de mi pobreza soy feliz”.

Siendo una habitante más de una de las regiones de Chile más caras para vivir, esta mujer recibe poco más de $200.000 líquidos mensuales y por proyecto en la Municipalidad de Punta Arenas. Trabaja como pintora, pero Rosa Mardones anhela un mejor trabajo, más estable, como recuerda que era antiguamente.