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Al encuentro de Silvestre Fugellie Mulcahy

Por La Prensa Austral sábado 21 de julio del 2018

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Por Víctor Hernández Godoy,

Presidente de la Sociedad de Escritores de Magallanes

El escritor, poeta y articulista magallánico falleció el jueves, a pocos días de cumplir 95 años y fue sepultado el viernes, en una sencilla ceremonia en el Cementerio Municipal

Parece mentira pero es terriblemente cierto. Silvestre Fugellie Mulcahy el más longevo de los escritores magallánicos, el más reposado y sereno de todos, el más reflexivo y ecuánime, ha partido. A solo días de cumplir 95 años, el poeta y narrador, comentarista de libros y articulista, el amigo de los amigos y de todos nosotros, los escritores, deja este espacio terrenal y silencia su voz reposada y tenue, para descansar el sueño eterno y entrar para siempre en el imaginario y la memoria de Magallanes.

Es que Silvestre Fugellie fue mucho más que un simple escritor. Fue el dirigente gremial que corporizó el ideario de una Sociedad de Escritores de Magallanes administrada y dirigida por los propios escritores de Magallanes. Aunque su presencia en este organismo data desde mediados del siglo pasado cuando nuestra organización firmaba como Centro de Escritores y sesionaba en dependencias del antiguo Círculo de la Prensa ubicado en calle Chiloé al lado del viejo Centro Austral (hoy Hotel Mercurio) Fugellie ya destacaba entre sus pares por su mesura, prudencia y modestia. Años más tarde con motivo de su nombramiento como miembro de la Academia Chilena de la Lengua, su amigo del alma y contertulio, el también académico Marino Muñoz Lagos, hacía ante sus pares la semblanza respectiva: “Para empezar Silvestre Fugellie es poeta. De aquellos poetas que han dejado la huella de sus estrofas en varios libros de hermosa raíz familiar y regional. Comenzó a escribir a una edad en que la mesura y el reflexionamiento se sobreponen a la estulticia y la improvisación. El hombre guardaba sus versos para la oportunidad precisa, el tiempo de la madurez y la cordura”. (1)

Quizá él prefería y se contentaba con ayudar a otros. Lo demostró en su derrotero laboral como empleado de la Compañía Chilena de Navegación Interoceánica a la que ingresó con apenas 17 años. O tal vez en la Enap en donde se desempeñó por espacio de casi tres décadas, hasta su jubilación como evaluador de cargos en 1975. Pocos saben o recuerdan su labor en el Directorio de la Sociedad Empleados de Magallanes, cuando esta noble Institución cobijaba a más 2000 afiliados que elevaban petitorios a Santiago en relación a la implementación de una ley de Puerto Libre para la provincia, la supresión de los derechos aduaneros y la mejora gradual de los salarios y beneficios para los trabajadores del austro. Fugellie fue el secretario silencioso que elaboraba las minutas, cartas e informes de todo el devenir social de un organismo que tuvo como socios activos a conspicuos personajes de la región y miembro honorario al mismísimo Mauricio Braun. Fue el hombre que permitió y avaló el ingreso a esta Institución de un joven llamado Juan Marino Cabello que empezaba a sorprender con la creación de sus radioteatros en la mítica Radio Militar Austral iniciativa del general Ramón Cañas Montalva y patentara más tarde al célebre personaje conocido como el siniestro Doctor Mortis.

Algún día se comprenderá la importancia que tuvo para el austro patagónico el trabajo efectuado por las Mutuales que dejaron su impronta en el meridión americano: Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos (1893), Sociedad de Instrucción Popular (1910), Federación Obrera de Magallanes (1911), Sociedad de Empleados (1911), entre otros. Podría reescribirse la historia social, cultural y deportiva de Magallanes. En este revisionismo, muchos hombres anónimos como Fugellie surgirían como los verdaderos constructores del progreso y del bienestar colectivo.

Dentro de esta línea es imposible dejar de soslayar todo el esfuerzo desplegado por bosquejar una mirada común para la literatura de Magallanes, tanto para escritores como para su núcleo lector. El Primer y Segundo Encuentro Nacional de Escritores de Magallanes celebrados en Santiago y Punta Arenas en 1980 y 82 respectivamente, ubican a Silvestre Fugellie en el diseño de un proyecto global que revolucionó el panorama literario local y que fue seguido con atención desde la capital. El concepto de crear y oficializar una Editorial propia llamada Magallánica que llegó a editar siete títulos; la publicación de un suplemento literario que se mantuvo desde 1983 hasta 1991 y cuya distribución abarcaba desde Arica a Porvenir; y la planificación de esa biblia que constituye a estas alturas la “Historia de la Literatura de Magallanes”(1988) iniciativa conjunta entre la Sociedad de Escritores y la Universidad Local y que plasmó la pluma erudita de Ernesto Livacic Gazzano.

Pero es esto es sólo una parte del personaje. Fugellie Mulcahy escribió innumerables artículos en la revistas Germinal, Infórmese, Impactos, La Gota Pura de Santiago, y en matutinos de Chillán y Valparaíso. Fue colaborador estable de un periódico que marcó época en este territorio: “Noticias Gráficas de Magallanes” y columnista por espacio de más de cuarenta años de La Prensa Austral y El Magallanes.

Autor de esmerada producción. “Solana del viento” fue su primer trabajo lírico editado en 1967. “Imágenes íntimas” es de 1974 y “Sinfonía en alba mayor” de 1976. Recordado es su libro de cuentos “Faunaficción” publicado en 1980 en donde recoge elementos de la flora y fauna regional que se entrelazan como voces infantiles contando el mito y la leyenda del austro. “Los muros de silencio” poemario de 1984 es la obra que precede su nominación como miembro de la Academia de la Lengua en 1988.

Aunque su labor como narrador se acrecienta luego de las ediciones de “Las cuitas de Booz” (relatos jocoserios) en 1994 y de “Las penas de Booz” en 1998, es en el campo de la divulgación literaria en que Fugellie adquiere vital significación: en “50 años de comunidad petrolera” (1995) desmenuza el aporte de la Empresa Nacional del Petróleo en áreas tan disímiles como infraestructura, educación, salud o cultura. Del mismo tenor es “A un siglo del agua” (1996) monografía sobre el vital elemento y su incidencia en el desarrollo de Magallanes.

Durante esos años suena en el imaginario local la posibilidad de conferírsele el Premio Municipal de Literatura, lo que ocurre en 1996. Lejos de esperar un declive en su producción sorprende con la entrega de nuevos trabajos: en ficción surge “Las penas de Booz” en 1998 y las importantes publicaciones de recuperación histórica “Pioneros en la Patagonia” en 2001 y “Magallanes en la edad de Oro” de 2002 con una reedición el 2006.

Cuántas anécdotas quedaron por contarse. A Silvestre Fugellie le aterraban y disgustaban los excesos de figuración. Su entrañable respeto por sus amigos lo revela el hecho que al fallecer Osvaldo Wegmann en 1987, le torturaba poseer los originales de una obra inédita que el narrador de “Primavera en Natales” no alcanzó a ver publicada en vida. Fugellie acometió entonces la empresa y decidió sobrellevar la misión de editar la novela de juventud de Wegmann. Así vio la luz “El tesoro del Capitán Garfio” en 1993.

No es todo eso. Con su partida se va uno de los mayores conocedores de lo acaecido en Magallanes en el período de la implantación del Puerto Libre primigenio: 1868-1912. La obsesión por los detalles, y su amplio dominio de temáticas alusivas al ámbito marítimo lo convirtieron en un referente sobre áreas como la Marina Mercante, naufragios en el estrecho de Magallanes, o la historia de la legendaria Sociedad Ballenera dirigida por el Capitán Adolf Andresen.

Distinguido en diversas publicaciones, parte de su obra ha sido antologada en España y Perú. Todo esto amerita ser estudiado con mayor profundidad al igual que el drama infantil “La tragedia de Olca o la matanza del ona”.

Desafío enorme el que se avecina. Coincidiendo con Ricardo, el personaje central del cuento “La fórmula” de Carlos Vega Delgado, la Sabiduría consistiría en aprender y meditar y no ser un poliaprendedor. La vida y la despedida que nos entrega nuestro biografiado nos obliga a decir Gracias por todo, Silvestre Fugellie Mulcahy.

 

1)     Muñoz Lagos, Marino: “ El académico Silvestre Fugellie” La Prensa Austral, noviembre 10 de 1988.