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Boyas inteligentes que detectan ballenas podrían llegar al Estrecho

Por La Prensa Austral lunes 22 de junio del 2020

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Las colisiones de embarcaciones con ballenas han hecho que surjan iniciativas tendientes a evitar estos accidentes, que en los últimos años, han afectado significativamente a algunas especies, consideradas en peligro. Entre 2007 y 2019, ya han muerto más de 1.200 ejemplares de estos cetáceos. En Chile, desde 2017, han muerto ocho ballenas a causa de esta situación.

Considerando que el 90% del transporte de mercancías a nivel mundial es a través de las rutas marítimas, la fundación Meri y el Ministerio de Medio Ambiente anunciaron el desarrollo de un proyecto piloto de alerta temprana en la Patagonia Norte -denominado como Blue Boat Initiative- que, por medio de boyas inteligentes, entregará información a las embarcaciones sobre la presencia cercana de estos mamíferos y así evitar colisiones. El anuncio fue dado a conocer esta semana en el Seminario online “Océanos: desafíos y soluciones asociadas a la economía azul” y contempla la instalación de estos dispositivos en el Golfo Corcovado y la Isla de Chiloé.

Los hidrófonos ubicados en la boya captarán el sonido de las ballenas y podrán enviar vía satélite -en tiempo real- desde el transmisor de la boya a la embarcación, el punto donde se encuentra el mamífero. Pero además de esta información, se entregarán datos relevantes sobre los factores oceanográficos que inciden en el cambio climático como temperatura del mar, acidez, oxígeno, entre otros.

La encargada del área de océanos de Fundación Meri y diseñadora del proyecto, Sonia Español Jiménez, indicó que “habrá tres boyas en el mar interior y otras tres en el exterior, para monitorear a las ballenas que entran y salen de esta ecorregión, una de las principales que usan las ballenas para alimentarse”.

A los barcos, les llegará una señal por radio, que dará aviso de que en la zona en que navegan hay presencia de ballenas, y puedan contar con la capacidad de reacción necesaria para evitar un accidente.

Respecto de los inicios de este proyecto, recordó que “desde el 2012 la fundación hace un estudio de las ballenas azules principalmente, en el golfo Corcovado, para determinar por qué están en esta zona y cuáles son sus patrones de comportamiento y movimiento; de ahí se han generado diferentes proyectos científicos, que desde el principio incluyeron la parte de acústica, que es estudiar a las ballenas a través de sus sonidos. Se genera una gran cantidad de evidencia científica que demuestra que el comportamiento de las ballenas, al ser diferente por la noche en relación al día, tienen más riesgo de sufrir colisiones; son más vulnerables en la noche porque su comida, el krill, sube a la superficie y como las ballenas la siguen, están más tiempo y esto sumado a la visibilidad menor, la probabilidad de colisión es mayor. Vienen a cierta velocidad desde la profundidad y cuando abren la boca para capturar esta cantidad de agua, su capacidad de reacción es nula, y no pueden voltearse o escabullirse”, explicó.

De acuerdo a las experiencias en otros países y la tecnología disponible, se generó esta iniciativa que será evaluada, con la posibilidad que llegue en un futuro cercano, a mares magallánicos, “que sabemos que es un área muy importante, por ejemplo para la ballena jorobada y que ha sufrido colisiones. La idea de este proyecto no es regular la velocidad, sino que sea una herramienta que ayude a las embarcaciones a que sepan que hay una ballena y por tanto, puedan reducir la velocidad o tomar otra medida como puede ser un vigía”.

Dependiendo de las zonas, las boyas en principio están calculadas para detectar ballenas a una distancia de 60 kilómetros, principalmente de las especies azul, jorobada, sei, y franca, que son las que están en mayor peligro. Igual otro aspecto a considerar es la velocidad de cada cetáceo. “La ballena sei se sabe que es muy rápida, en principio y tendría mayor capacidad de escabullirse, pero siempre y cuando la detecte o esté alerta, en comparación a otras ballenas como la azul, que es muy grande y corre más riesgo de que cualquier parte de su cuerpo sufra alguna colisión. Otras son más curiosas, como la jorobada, que tienen un poco más de tendencia a acercarse a las embarcaciones”, detalló finalmente, la diseñadora del proyecto.

Fotografías gentileza de Fundación Meri