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Cayó la nieve y todo cambió

Por La Prensa Austral domingo 18 de septiembre del 2016

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Desde el cielo juguetonamente comienzan a caer pequeños copos de nieve que con el correr de las horas darán vida a un nuevo y poco conocido paisaje en el Parque Nacional Torres del Paine. Quizás la nieve no permanezca mucho tiempo sobre la alfombra natural del área protegida, pero será tiempo suficiente para vestirla de novia y admirar con otros ojos la belleza de uno de los lugares más hermosos del planeta.

Comienza el día y el amanecer, con el furioso anaranjado con que despierta el sol por las mañanas, tiñe de vivos colores las extensas planicies donde, a pesar del frío y la nieve caída, la vida animal sigue su curso en uno de los ecosistemas más ricos del mundo. Con un poco de imaginación se podrá ver como las conocidas Torres del Paine parecieran sonrojarse ante tanta belleza, cuando al alba el sol acaricia sus paredes de granito.

Todo cambia, las grandes manadas de guanacos que habitan el parque inician sus migraciones hacia zonas más bajas, a lugares donde la nieve dure menos tiempo y puedan alimentarse con mayor facilidad, pero siempre alertas de la presencia de su único depredador natural, el puma.

Ríos y lagunas, donde en época estival el viento juguetea con la superficie del agua, en invierno sólo puede moldear el hielo que ahora las cubre. El congelamiento de los lugares de brebaje de los animales los obliga a buscar fuentes de agua que no estén congeladas, lo que en ocasiones les significa recorrer varios kilómetros.

Cada vez son más los turistas que comienzan a aventurarse en este otro mundo que ofrece el parque en invierno. Si bien las horas de luz se reducen, el encanto que brinda la nieve está atrayendo, cada vez más, a visitantes nacionales y extranjeros, ávidos por visitar a la Octava Maravilla del Mundo y verla vestida de blanco.

Por Rodolfo Soto