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Celebran matrimonio a la usanza kawésqar tras recuperación de isla ancestral

Por La Prensa Austral domingo 9 de septiembre del 2018

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– Semidesnudos, cubiertos apenas con cuero de lobo marino, Miguel Maldonado y Sara Jofré recibieron la bendición de la abuela Rosa Catalán, rememorando las ceremonias nupciales de los antepasados canoeros.  Sólo unos pocos privilegiados pudieron participar, sin celular ni cámaras fotográficas: “Queremos respetar a los antiguos y mantener la intimidad”, explicó la dirigente kawésqar, Celina Llán Llán.

La abuela Rosa Catalán, hija de madre y padre kawésqar, volvió a despertar en el mismo lugar que nació, respiró nuevamente la tierra húmeda y sintió el cobijo del “At”-especie de toldo cubierto con cuero de lobo marino, en un soporte de ramas atadas con lienzos de junco- bajo una noche lluviosa a orillas del mar de Otway.  Hoy, tiene más de noventa años, el paso cansino, pero la memoria intacta.

“Dormimos acá con la mamá, como lo hacíamos antes, hacía frío, la leña estaba húmeda, pero está feliz, puede que sea el último matrimonio que dirija y los chicos querían su bendición y recrear la ceremonia que hacían nuestros antepasados”, afirmó su hija Celina Llán Llán, 62.

La insigne abuela, durante más de la mitad de su vida, recorrió los canales australes, la otra estuvo confinada a Punta Arenas. La familia dice que despertó activa, dirigió la construcción del “At”. Y se sentó con un mate a esperar a los invitados.

Hace un par de semanas, Bienes Nacionales cedió gratuitamente la isla Englefield a la comunidad kawésqar que lidera Celina.  Después de más de tres décadas de gestiones y oposición de distintos gobiernos e incluso la Conadi, las 15 familias de la comunidad Ekcewe Lejes Woes vuelven a tomar posesión del territorio que ocuparon sin restricciones sus antepasados.  El ministro Felipe Ward viajará durante este mes para hacer efectivo el traspaso.

En el lugar, una pequeña fogata y una veintena de personas son los únicos testigos de la nupcia. La pequeña ínsula de 444 hectáreas tiene manchones de un pasado estanciero, una pequeña casa en la que habitó Celina junto a su esposo, y varios conchales que dan cuenta de las travesías nómades del pueblo canoero austral.

Los novios salen del “At”. Sara Jofré, 51, lleva un cintillo y collar confeccionado en junco y cubierta con una piel de lobo marino.  Miguel Maldonado, 37, luce un penacho de plumas de caiquén y una manta de lobo atravesada en la cintura.  Avanzan de la mano semidesnudos y se ubican al lado de la abuela Rosa.

Los novios hace once años viven juntos, tienen tres hijos. Creen que después de la ceremonia no serán los mismos. Para ellos todo es una sorpresa.  Miguel lleva la cultura en la sangre y su esposa está orgullosa de aceptarla.

Lo hijos y sobrinos hacen una ronda, cantan en kawésqar, abrazan a los novios, y a la abuela.  Luego, en tono pausado y enérgico, Celina, dice: “Queremos mantener la intimidad de este espacio y que sólo se limiten a observar nuestros invitados”.  Retiran cámaras, celulares y una brecha de buen tiempo rompe el nubarrón gris de la tarde, en un silencio que respetan los asistentes.

“Nunca me había imaginado casarme así, tengo la bendición de la abuela. Es la cosa más linda que me pudo haber pasado. Estamos aprendiendo a vivir la cultura kawésqar”, afirmó Jofré.

Un compromiso que refrenda Miguel Maldonado.  “Soy pescador porque me gusta el mar. Cuando estoy en la lancha, siempre imagino que mis antepasados hacían lo mismo y me pregunto qué pensaban. Nos sentimos más kawésqar que nunca”, contó emocionado, tras recibir la bendición de la abuela Rosa.

Ariel Maldonado, 9, hijo de la pareja, sintetiza la alegría.  “Ahora vamos a ser mucho más felices y me gusta que mis papás estén casados. Se ven muy lindos. Sólo me dio un poquito de pena mi abuelita que no pudo caminar”, dijo.

Para el invitado Hans Mulchin, periodista e investigador, y realizador de Calafate, zoológico humano y Alas de Mar, la hazaña tiene una doble significación. “Primero, la toma de posesión de una isla que reivindicó (Celina) por muchos años y con toda la oposición de los gobiernos desde el año 1990; y por otro lado, probablemente el matrimonio de su hijo, sea el último a la usanza kawésqar que se vaya a desarrollar”, indicó.

Después del matrimonio kawésqar, la oficial del Registro Civil, Bernardita Velásquez, los casó bajo las leyes chilenas. Y los invitados compartieron un pequeño cóctel, antes de volver a cruzar el mar de Otway, en una dificultosa travesía.

El dificil arribo a isla “Kawesqar” 

La isla Englefield está ubicada en medio del mar Otway, a sólo 62 km al oeste de Punta Arenas.  Pero para llegar, fácil uno se puede tardar más de tres horas de viaje, eso si es que logra hacer coincidir un circuito de cruces, primero en el canal Fitz Roy hacia Isla Riesco; y luego a la altura de la Estancia Invierno al islote.  Ahora, contar con la buena voluntad de las embarcaciones que recorren la zona es otra historia.

De ahí el llamado de la alcaldesa de Río Verde, Tatiana Vásquez, por dar un apoyo más rotundo del gobierno y de empresas a una comunidad que busca mantener tradiciones y una forma de ver el mundo que está por desaparecer.

“Hoy día estamos saldando parte de una deuda histórica, pero es imposible hacerlo si no somos capaces de avanzar con ayuda concreta.  Es muy difícil llegar a la isla, la logística es tremenda y, cuando no tienes una embarcación, peor aún.  Ahora no los podemos dejar solos”, dijo Vásquez.

Precisó que hay que ayudarlos a construir su proyecto etnocultural. “Así toda la región se enriquece, porque avanzamos con una mayor conciencia de nuestra diversidad y grandeza de nuestro patrimonial cultural”, indicó.

Para Celina la tarea es más difícil.  “Hoy día nuestra juventud es de ciudad, es de computadores, ellos no se estarían pasándose de agua así como estamos ahora, porque se enfermarían y nosotros antes no nos enfermábamos.  Va a ser difícil, pero están las ganas de mantener la cultura, aunque sea en recreaciones. Que sepan que vienen de una cultura ancestral, somos un tesoro de la cultura que está en Magallanes, en esta región”, aseguró.

Otras de las próximas luchas de Celina es cambiarle el nombre a la isla Englefield, bautizada así por las expediciones inglesas que surcaron a mediados del siglo 19 los canales adyacentes al estrecho de Magallanes. Durante el matrimonio, por la difícil pronunciación, los invitados comenzaron a llamarla la isla Kawésqar.