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Charla abordó orígenes masónicos del feminismo moderno y sus vínculos con los movimientos actuales

Por La Prensa Austral martes 13 de agosto del 2019

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Contrario a lo que muchos piensan, el feminismo no es un movimiento de estos tiempos. Ya en las décadas del ’60 y ’70 hubo activismo en este sentido, pero las raíces son mucho más profundas. Es así como la Agrupación de Mujeres Laicas Cabo de Hornos realizó ayer la conferencia “Pioneras transatlánticas: orígenes masónicos del feminismo moderno”, que se desarrolló en la Sociedad de Instrucción Popular y que se enmarca en el sexto aniversario de este centro femenino.

El principal expositor fue el doctor en Historia y Magíster en Ciencias Sociales, Dévrig Molles, quien además, es director científico del Archivo de la Gran Logia Argentina.

Esta conferencia abordó las relaciones entre el feminismo y la masonería. De entrada Molles establece una distinción: “Se suele decir a veces que la masonería es una asociación masculina, lo cual es falso, pues en realidad la masonería femenina como la masculina tiene 300 años y fue desde el siglo XVIII, siglo de la invención del feminismo y de la teoría feminista, que luego evolucionó. Las logias femeninas fueron uno de los principales laboratorios culturales del feminismo, se amplificó en el siglo XIX y prosiguió en el XX en el mundo latino, puesto que todo eso se enmarca en la geocultura de la masonería internacional entre dos grandes tradiciones muy distintas, que son las masonerías latinas y anglosajonas, estas últimas marcadas no por el espíritu laico, democrático y social, sino por el espíritu más bien religioso, elitista, conservador y sexista, lo cual no es el caso de las masonerías latinas”, manifestó.

Cuatro etapas del feminismo

Es así como Molles establece cuatro etapas del feminismo, que “nació en el siglo XVIII, se desarrolló en el siglo XIX con el nacimiento de las primeras organizaciones feministas y fue durante los años 1960-70 en Europa Occidental y Estados Unidos donde creció la tercera ola del feminismo internacional. Hoy estamos ante la cuarta y ésta tiene su sede principal en el cono sur de América Latina, siendo Uruguay, Argentina y Chile los focos de esta dinámica, por lo que es importante que los historiadores y sociólogos se dediquen a la cuestión no sólo desde el punto de vista académico, sino también para contribuir a la formación y conciencia histórica de sí misma, que las militantes feministas, aquí y en el mundo puedan tener de su movimiento”.

Respecto de los movimientos actuales, estima que al conocerlos desde la militancia de su madre, en la tercera ola, y por su propia participación en movimientos, desde los 17 años, “pude constatar que muchas veces las militantes más jóvenes tienen una cultura histórica escasa sobre su historia y por lo tanto, además del aspecto académico, que es novedoso, también es una contribución a la consolidación intelectual y cultural del movimiento feminista en su cuarta generación”. En ese sentido, puso como ejemplo que “se suele pensar que la masonería es un bastión patriarcal, en ciertos medios feministas. Y es absolutamente falso. Si bien hay corrientes sexistas en la masonería, esta fue desde tempranamente, siglos XVIII, XIX y XX un laboratorio para la teoría y la militancia feminista”.

Belén de Sárraga

De esta manera, Dévrig Molles cita el caso de Belén de Sárraga. “El feminismo militante desembarcó aquí a principios del siglo XX junto con librepensadores y librepensadoras, y masones y masonas, que inspirados del modelo francés, vinieron de España. Una militante muy notable llamada Belén de Sárraga, que junto con Emilio Recabarren realizaron una estadía en Punta Arenas en 1915, sembrando aquí los primeros atisbos de feminismo militante. Ese trabajo que realizó en Punta Arenas lo hizo en toda América Latina, a partir de su primera estadía, en 1906 en Buenos Aires, cuando siendo delegada de sus logias y del librepensamiento español para asistir al trigésimo congreso internacional de libre pensamiento realizado en Buenos Aires, después, motorizada por la red masónica realizó giras de conferencias que la llevó por Jujuy, Córdoba, Santa Fe. Gracias a estas redes sociales, entraba en contacto con las mujeres más ilustradas de la localidad, maestras, enfermeras, algunas primeras médicas del continente, periodistas, y con ellas fundaba los primeros comités feministas militantes”, finalizó Molles, quien expresó un especial interés por comunicarse con las agrupaciones feministas, movimientos que ha visto en toda su familia y que apunta a la igualdad universal.