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  • Julio Sebastián Calderón Maclean

Cómo es permanecer un año completo en la base O’Higgins de la Antártica

Por La Prensa Austral sábado 31 de diciembre del 2016

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Tres soldados del Ejército relataron a La Prensa Austral cuáles fueron sus mayores complicaciones, las experiencias vividas, cómo eran los momentos de recreación y de qué forma llevaron a cabo las labores y misiones que les fueron encomendadas, durante los 365 días que subsistieron en el continente blanco

Roberto Martínez Arriaza

rmartinez@laprensaaustral.cl

Fotos Gerardo López y Ejército

 

Nadie duda que vivir un año completo en cualquier provincia de la Región de Magallanes constituye una proeza para cualquier nortino que se asienta por primera vez en la zona austral. Sin embargo, no muchos compatriotas, oriundos de distintas partes del país, tienen la oportunidad y el valor de lograr residir por 365 días en la Antártica, bajo las hostiles temperaturas, el crudo invierno y, además, lo que significa abandonar la comodidad del hogar, y la compañía diaria de la familia y los amigos.

En este contexto, una dotación integrada por 20 soldados arribó la semana pasada a Punta Arenas, luego de ejercer funciones de mantenimiento, exploraciones de campaña, faenas militares y apoyo a instituciones científicas por poco más de un año en la base General Bernardo O’Higgins, situada en el continente blanco.

Tanto los mayores inconvenientes, como también los momentos de camaradería y recreación, y sin duda la experiencia obtenida, fueron relatadas a La Prensa Austral por tres componentes de la campaña 2016, quienes describieron cómo fue el proceso de postulación, las tareas que desempeñaron, los instantes más complicados y los próximos desafíos que se desean concretar a futuro en la instalación militar nacional.

Un sueño cumplido

Cristián Carrillo partió a la Antártica como comandante de la base y retornó siendo ascendido al grado de coronel, por el comandante en jefe de la Quinta División, general Luis Espinoza y el comandante del Centro de Asuntos Antárticos, coronel Germán Arias. Y pese a tener el deber de cumplir y estar al mando de una misión de tal relevancia tanto en el ámbito personal como para el país, el condecorado expresó que todo lo que le fue mandatado se concretó con éxito.

“Es súper reconfortante poder regresar sin novedad y saber que hemos cumplido una misión que nos han encomendado. Por otro lado, el hecho de terminar esta comisión de servicio y que coincide con el reconocimiento que hace el Ejército por el ascenso es tremendamente reconfortante, ya que se juntan todas las cosas para terminar un año feliz. Nunca había ido a la Antártica, era parte de un sueño que yo tenía en mi carrera profesional”, aseguró.

Asimismo, narró que los principales obstáculos se redujeron esencialmente al factor climático, siendo la convivencia de 24/7 con las demás personas una meta que se fue forjando con paciencia y tolerancia.

“Lo más complejo fueron las condiciones climáticas, que es a lo que uno se ve enfrentado permanentemente a la adversidad con el tiempo, las temperaturas, los vientos de 198 kilómetros por hora, que fue la máxima que tuvimos, con una sensación térmica de 70 grados bajo cero. El resto fue tratar de adaptarse de la mejor manera posible con el grupo humano, que lógicamente con 21 personas, todas con personalidades de carácter distinto no es fácil, pero son los desafíos que tiene uno como comandante, tratar de llevar a un grupo en la forma más armoniosa posible”, sostuvo.

En este sentido, el ahora coronel Carrillo indicó que todo el proceso se comienza a preparar el año anterior, desde que se hace la preselección. En este caso, los trámites comenzaron en febrero de 2015, para luego realizar la postulación en mayo, mientras que en junio se conocieron los resultados “y de ahí comienza todo un periodo de capacitaciones en la Academia Diplomática del Ministerio de Relaciones Exteriores, en las unidades de la Armada en Valparaíso, en la Escuela de Montaña, además todos nos tuvimos que someter a cirugía para evitar apendicitis. Ya en los primeros días de noviembre del año pasado, llegamos a Punta Arenas, hicimos un proceso de capacitación e ingresamos al continente antártico a partir del 2 de diciembre”, añadió.

Cristián Carrillo partió a la Antártica como comandante de la base y retornó siendo ascendido al grado de coronel, por el comandante en jefe de la Quinta División, general Luis Espinoza y el comandante del Centro de Asuntos Antárticos, coronel Germán Arias.

Una decisión difícil y en familia

Para el suboficial Miguel Barría Saavedra, proveniente de la ciudad de Los Andes, haber tomado la determinación de adentrarse en el continente antártico por primera vez no fue un asunto fácil de resolver al momento de pensar en postular, debido a todo lo que conlleva dejar a los seres queridos, en especial a los hijos.

“Lo más adverso fue el tomar la decisión para postular, que no es fácil, y conversarlo con la familia, porque es una determinación grupal que se debe tomar aunque uno tenga todas las ganas de hacer las cosas. En primera instancia ellos no creían que yo lo iba a hacer, pero cuando ya lo conversé con mi señora y con mis hijos, ellos me respaldaron en todo momento hasta el día de hoy, el apoyo de ellos de forma incondicional ha estado siempre“, expresó, señalando que la comunicación desde la base con sus seres queridos no resultó ser un dilema, como él lo había pensado inicialmente, ya que allá contaban con servicios de telefonía e internet, pudiendo acceder a Skype, WhatsApp o Facebook.

En otro aspecto, y recordando uno de los momentos más difíciles que debió vivir, Barría detalló que “tuvimos que enfrentarnos a una tormenta durante el desplazamiento de una exploración, en la cual llegamos al sector de Portezuelo Alto, a 22 kilómetros de la base, y en ese lapso nos entró un temporal de la nada, con una intensa ventisca de 50 km/h y visibilidad a dos metros. Así que en ese momento tomamos la decisión de volver porque no sabíamos qué nos podría pasar más adelante”.

Unión a toda prueba

El apoyo a la actividad científica fue la primordial misión que cumplieron los 20 integrantes de la dotación, ejercicio que se llevó a cabo durante el periodo estival, desde los primeros días de enero hasta marzo, recibiendo un total aproximado de 45 personas por expedición. El apoyo se volcó a las actividades de toma de muestra de testigos de hielo en el glaciar antártico, además del control de la fauna con distintos pingüinos que hay en las diferentes islas aledañas a la estación.

“En cuanto a las exploraciones, no fue una labor fácil porque allá las limitantes no las coloca uno, sino que las coloca el medio y sobre todo lo que es la climatología, por lo que tuvimos día a día estar atentos a las condiciones que eran muy cambiantes, y así como muchos objetivos los logramos, otros fueron muy condicionados y algunos no se pudieron ejecutar, pero estuvimos sin problemas ni riesgos humanos, que era lo principal”, aseveró el sargento segundo Luis Martínez Díaz, operador del equipo ingeniero de la base.

En este último punto, el soldado explicó que “todo lo que es abastecimiento y la logística normalmente son temas complicados allá por los factores climáticos. El suministro llega en periodo estival, y con lo que queda nos manteníamos hasta la proyección del año y ocasionalmente en vuelos del grupo de helicópteros que nos abastecían”.

Espacio para el esparcimiento

Pero no todo fue trabajo, sino que tras las atareadas faenas diarias que implicaban enormes esfuerzos, y al igual que cualquier grupo humano, la distracción y el esparcimiento jugó un rol fundamental como factor psicológico al interior de la dotación.

“Dentro de la infraestructura que hay allá en la base hay un buen gimnasio para hacer deporte, multicanchas techadas, salas de juegos, hacíamos bingos y ahí durante el año se iban coordinando actividades para realizar y que las personas se fueran desestresando de lo complicado que es permanecer todo ese tiempo allá, manteniendo el espíritu y la unión de la dotación”, puntualizó Martínez.