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Confiesan damnificados del incendio en población El Pingüino “Aquí siempre habían peleas y tomateras”

Por La Prensa Austral martes 4 de agosto del 2015
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Estaba en mi pieza y de repente sentí una explosión, y se escuchó el sonido de vidrios que saltaban. En ese momento, y tras el encendido rápido del fuego, uno de los arrendatarios me vino a avisar que saliera, porque la casa se estaba incendiando completa”, relata a La Prensa Austral, Sandra Rivera Muñoz, una de las personas que salvó “de milagro” del siniestro declarado que la madrugada del domingo destruyó una vivienda en la población El Pingüino.

Tras recibir atención de urgencia en el Hospital Clínico, la mujer quedó con quemaduras en la parte baja de su espalda y tras ser dada de alta, debió trasladarse a casa de su suegra, lugar desde el cual testimonió que la situación precaria en la que vive junto a su pareja (Víctor Palma Navarro), le han impedido a ambos costear un arriendo de mayor cuantía.

“Hemos vivido cerca de seis años en ese lugar. Al principio lo que le pagábamos al dueño de casa, incluía los servicios básicos, pero luego los quitó del arriendo. Yo trabajo vendiendo ropa en ferias libres y mi marido trabaja como obrero. Pero, tras el incendio, toda la ropa que junté para la venta se quemó. Me quedé sin nada”, afirmó Sandra Rivera, quien no tiene claridad si vale la pena volver al lugar. Considerando que la pieza que arrendaba junto a su pareja resultó dañada por las llamas, el dueño de la propiedad -ubicada en Bahía Decepción 978- les habría ofrecido ocupar una de las divisiones ubicadas en la parte trasera del patio. Dichos espacios, quedaron disponibles, dado que no alcanzaron a ser arrasados por las llamas, porque no estaban adosados a las seis piezas interiores en las que se subdividía la casa afectada.

Consultados respecto a las posibles causas del incendio, Sandra Rivera y Víctor Palma, plantean que -hasta que no se sepan los resultados de los peritajes de bomberos- todo lo que puedan decir se ciñe a simples hipótesis.

“No sabemos cómo se produjo la explosión que derivó en el incendio. Es cierto que -por no haber luz- los vecinos ocupaban velas para alumbrar, pero aquí siempre habían peleas y tomateras. Por lo tanto, no hay claridad de lo que pasó”, afirman Rivera y Palma.

Las personas que quieran tenderle una mano a esta pareja, lo pueden hacer contactándose al fono 96534918.

Situación
incierta

Daniela Mancilla Portolán y Fernando Tello Tello, llevan poco más de ocho meses arrendándole a don Rosamel Rogel, propietario de la vivienda principal que resultó totalmente siniestrada. Si bien, el diminuto espacio destinado como habitación no fue afectado por el incendio, ambos perdieron toda la mercadería en ropa, que había juntado Daniela para venderlas en las ferias libres. Ello, debido a que las bolsas de ropa estaban guardadas al interior de la casa siniestrada, por motivos de espacio. “También había madera de trupán, que dejamos en la casa de adelante y que yo pensaba ocupar para mis trabajos”, acota Fernando, quien se desempeña en la construcción.

Ambos señalan que están viviendo actualmente en la total incertidumbre, dado que la hija de la persona que les arrendaba, les advirtió que en los próximos días, deberán hacer abandono del espacio, a raíz de que la familia del propietario está pensando en no arrendar a nadie más.

“No ha sido cómodo vivir aquí, pero no teníamos otra alternativa. Incluso como el piso era de tierra, yo mismo llené con ripio y luego -con nuestra plata- hicimos el sacrificio de poner baldosas. En un momento, propuse a ‘don Chamel’ (Rosamel) si me permitía agrandar la habitación. Sin embargo, no se pudo porque estaba cerca la cámara de aguas servidas, que se tapó por todos lados. Incluso en las semanas que hubo lluvias, aquí nos inundamos”, afirmó Tello.

El atribulado vecino, señala que nunca el propietario les descontó del arriendo los gastos que hizo en el arreglo de la habitación, indicando que a raíz de que los ductos de alcantarillado se taparon, los arrendatarios ocupaban un balde para hacer sus necesidades básicas.

“Hacemos las necesidades en un balde, porque nos instaló una taza para ocuparla como baño, sin las condiciones mínimas”, señaló Tello.

“No nos alcanza el dinero para pagar otro arriendo. Yo trabajo en la construcción de ventanas de aluminio, ayudándole a un amigo que tiene un taller. Pero el problema es que no puedo optar a tener contrato de trabajo, porque no he podido “limpiar mis papeles”, dado que estuve preso y eso me ha impedido tener un trabajo estable”, agregó.

Su pareja -Daniela Mancilla Portolán- acotó que el día de ayer concurrió a pedir apoyo a la Municipalidad de Punta Arenas. Sin embargo -la asistente social que la atendió- le habría señalado que por no haber sido directamente afectada la pieza en que vive, podría recibir un aporte de 80 mil pesos.

“Varias de mis cosas, fueron incendiadas, porque no alcanzaba a tenerlas en mi pieza, por temas de espacio. Igual resultamos afectados, pero eso no lo ven”, acusó Mancilla.

Ambos refieren a que posiblemente un cortocircuito fue el que detonó el incendio, a raíz que el hacinamiento del lugar, no era el adecuado para dar alquiler a una decena de personas, cohabitando un espacio que no contaba con servicios básicos mínimos, según remarcaron.