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Conmemoración de los 400 años del descubrimiento del Cabo de Hornos abre nueva ruta a la ciencia y el turismo

Por La Prensa Austral sábado 13 de febrero del 2016

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– Autoridades holandesas, chilenas, yatistas y científicos llegaron hasta el mítico peñón que decreta el fin o el principio del mundo para recordar la hazaña de Willem Schouten y Jacob Le Maire y relevar la estratégica ubicación del paso que une los océanos Pacífico y Atlántico

Así como los astronautas sueñan con pisar la Luna, los marineros de todas las naciones, al menos una vez en la vida, intentan en una nave a vela cruzar el cabo de Hornos, un mítico peñón ubicado en la isla Hornos, en el meridiano 90 y que tiene inscrito en su bitácora el naufragio de más de 800 buques y la muerte de 10 mil marinos. De ahí que también lo llamen el “Cabo de las Tempestades” o “Donde se acaba el Mundo”.

En ese lugar, la Armada desafió el clima y organizó un impecable acto para recordar a los marinos holandeses Willem Schouten y Jacob Le Maire que descubrieron el 29 de enero de 1616 una nueva ruta comercial entre Europa y las Indias, hito que además le daría una forma definitiva a la cartografía del planeta en el Siglo XVII.

A las 6 de la mañana, justo 400 años después de la gesta histórica, el imponente Aquiles y otros tres buques de la Armada llegaban con un centenar de visitantes hasta la isla Hornos. Otros siete pequeños yates seguían atentos las maniobras del helicóptero y los botes a goma dispuestos para el desembarco de las autoridades holandesas, chilenas, científicos y artistas, en medio de un inusual sumiso clima.

Un día distinto para la Alcaldía de Mar, y el sargento segundo José Alejandro Aguayo y su esposa, Natalia Rodríguez, que residen junto a sus hijos Vicente (11) y Monserrat (5) desde el 27 de noviembre del año pasado. “Estoy las 24 horas con mis hijos, eso es impagable y estamos orgullosos de vivir acá justo cuando se conmemoran los 400 años del descubrimiento de Cabo de Hornos. Eso nos emociona como familia”, dice Aguayo.

Ciencia y conocimiento

Fue una ceremonia sencilla y emotiva, marcada por la musicalización en Morse de un breve texto del diario de los marinos holandeses, a cargo de la artista plástica Teresa Aninat y la entrega de dos placas alusivas a los 400 años.

Por Holanda hablaron la embajadora de Países Bajos en Chile, Marion Kappeyne van de Coppello, y su director de Defensa, vicealmirante Matthieu Borsboom. Ambos apelaron a la unidad y el trabajo conjunto entre países.

Por Chile, el ministro de Defensa, José Antonio Gómez, destacó la gesta histórica y al mismo tiempo aseguró que el Cabo de Hornos encierra nuevas oportunidades para el país y el planeta. “No es el fin, sino que el principio del mundo para avanzar en la paz y el desarrollo y construir la visión de lo que es y queremos en nuestro país”, precisó, mientras una pequeña lluvia aceleraba los discursos y la naturaleza pactaba una tregua de “buen tiempo”, con una sensación térmica de 2 grados y vientos con rachas máximas de 40 kilómetros por hora.

En tanto, la senadora Carolina Goic, presente en la ceremonia, categórica aseguró que otro capítulo comienza a escribirse. “Hoy día, abrimos una nueva ruta, a la ciencia y el conocimiento. Este territorio es una oportunidad para avanzar y hacia allá tenemos puesta la mirada y los recursos”.

Idea refrendada por el Premio Nacional de Historia, Mateo Martinic. “El Cabo de Hornos representa un ícono único en el planeta, desde el punto de vista histórico y geográfico, pero también desde la ciencia, porque es un laboratorio natural, ubicado en el territorio subantártico, y donde hoy ya se realiza un trabajo de investigación del primer nivel a cargo de Omora, la Universidad de Magallanes y otras instituciones que abren una ventana al desarrollo del país y la región”.

Por su parte, el comandante en jefe de la Armada, almirante Enrique Larrañaga Martin, relevó el rol de esa institución en el apoyo logístico permanente a los científicos y el resguardo de la soberanía y la seguridad de la navegación en el territorio.

En la actualidad 500 embarcaciones cruzan el paso que une los océanos Pacífico y Atlántico y 4 mil personas recorren cada año la Isla Hornos, avanzando por una pasarela de madera que protege la turba. Una verdadera arteria con ramificaciones que suma casi dos kilómetros y conecta la costa con el faro, la capilla, la alcaldía y el monumento al albatros, ave errante que simboliza el espíritu de los navegantes.

“Estamos trabajando en un turismo basado en el conocimiento y hacia allá debemos dar los pasos. Hoy hay una inversión histórica en la zona que va a dotar al territorio de infraestructura y permitirá dar un salto cualitativo a cabo de Hornos, reserva de la biósfera, transformándolo en un pilar del progreso y desarrollo”, señaló el gobernador de la provincia, Patricio Oyarzo.

Una vez finalizada la estadía en Isla de Hornos, las autoridades procedieron a lanzar, desde el AP “Aquiles”, una ofrenda marinera frente al Monumento “Cabo de Hornos”, en memoria de los hombres de mar, de todas las naciones, que perecieron luchando contra las inclemencias de la naturaleza en los mares australes próximos al mítico peñón.

El regreso fue un viaje tranquilo, muy distinto al de los holandeses Le Maire y Schouten.

Los europeos zarparon en junio de 1615, acompañados por 85 tripulantes y dos embarcaciones de apenas 34 metros de eslora.  Sólo una, el bergantín Eendracht, alcanzaría la meta, la otra naufragó en las costas del actual Puerto Deseado, en la provincia de Santa Cruz, en Argentina.