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Cooperación académica renacentista y el origen de la hipótesis de la Terra Australis

Por La Prensa Austral jueves 14 de diciembre del 2017

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Especial “500 Años del Descubrimiento del Estrecho de Magallanes”

Este especial forma parte del proyecto

“500 Años del Descubrimiento del Estrecho de Magallanes”,

que cuenta con el fi nanciamiento del

Fondo de Medios de Comunicación Social 2017

Doctor Jorge Guzmán

En un conocido pasaje de su relato del primer viaje alrededor del mundo, Antonio Pigafetta afirma que la búsqueda de un pasaje suroeste hacia el océano Pacífico (avistado en 1513 por Vasco Núñez de Balboa desde las costas de Panamá) estaba inspirada en el conocimiento de cierto ‘estrecho muy oculto’ que Hernando de Magallanes había ‘visto figurado en un mapa que el Rey de Portugal conservaba en su tesorería, construido -agrega- por Martin de Bohemia, muy excelente cosmógrafo’. De interés es que en la edición prínceps del relato de Pigafetta publicada en francés en París en 1525, se incluye un mapa de la extremidad meridional de América del cual el observador puede concluir que la costa norte del estrecho interoceánico descubierto en 1520 era, en realidad, la costa norte de una tierra firme austral hasta entonces ‘incognita’.

La carto-bibliografía de la primera circunnavegación de la tierra ha asumido que el experto referido es Martin Behaim de Baviera (no de Bohemia), quien, en 1492, había producido para Núremberg, su ciudad natal, un globo terrestre conocido como ‘Erdapfel’ (tierra en forma de manzana), hoy en el Museo Nacional Germano. Construido el mismo año de los primeros descubrimientos colombinos, en dicho globo no están presentes ni el nuevo mundo americano, ni el océano Pacifico, sino que, solamente, en él está representado el ‘oikoumene’ greco-latino tal como este era concebido durante el Renacimiento, a saber: con el Atlántico confundido con un ‘océano Oriental’ (mar de China), tal como a comienzos del siglo XIV este había sido descrito por Marco Polo.

De importancia es que en ninguno de los cuatro borradores ‘originales’ conocidos del relato de Pigafetta (incluido aquel publicado en 1525) se encuentra referencia alguna sobre la hipotética ‘continentalidad’ de la costa sur del ‘Estrecho Patagónico’. En su relato el viajero italiano sólo menciona la latitud aproximada de dicho accidente geográfico, su extensión total, la presencia de altas montañosas nevadas (aunque 1520 parece haber sido un año de ‘El Niño’, el periodo corresponde al comienzo de la llamada ‘pequeña edad de hielo’), a sus puertos profundos, y al hecho que en su sector meridional los navegantes observaron varios canales.

¿Cuál es entonces el origen de la hipótesis moderna que afirmaba que la costa sur del estrecho de Magallanes era el limite septentrional de una tierra firme antártica?

Durante el siglo anterior al viaje de Magallanes la idea de una ‘terra australis’ desconocida se había popularizado con la difusión de la ‘Geographia’ de Tolomeo, quien, quince siglos antes, había afirmado que una costa austral se extendía entre el limite sudeste de Asia y la extremidad austral de Africa. Conforme con ese esquema, el océano Indico era un ‘mar encerrado’. Sin embargo, una vez consolidada la ruta portuguesa del cabo de Buena Esperanza (descubierto en 1488) y comprobadas la existencia del nuevo mundo americano (1492-1504) y del océano Pacifico (que se interponían entre Europa y China), el citado concepto tolemaico de geografía mundial estaba superado. No así una idea general (y anterior) que afirmaba la existencia de una masa de tierra austral distinta a la postulada por dicho geógrafo, la cual, en términos teóricos, en extensión debía ser equivalente al ‘oikoumene’ tri-continental descrito tanto en la Biblia (Europa, Africa, Asia), como en la literatura de la antigüedad clásica.

Dicha ‘teoría general de la tierra’ tenía su antecedente fundamental en la geografía aristotélica, que en el hemisferio sur suponía la presencia de una ‘contra-tierra’. Con forma de ‘tambor’, dicho hipotético continente debía asegurar el balance terrestre, un aspecto trascendente toda vez que, si la tierra era el centro del universo, entonces su balance era esencial para el equilibrio cósmico.

Esta idea fue recogida por ‘filósofos’ romanos de la importancia de Cicerón y Pomponio Mela, quienes transformaron la ‘contra-tierra’ en un continente habitado por ‘antípodas’ o anticthones (literalmente, aquellos con sus pies opuestos a los nuestros). A comienzos de la era cristiana el concepto fue heredado por filósofos de la influencia de Macrobio y San Isidoro, y aunque algunos pensadores tales como San Agustín negaron la idea del ‘país de los antípodas’ (ausente del canon de geografía judeo-cristiana), lo concreto es que la idea de una ‘tierra austral/país de los antípodas o anticthones’ sobrevivió la ‘prueba del tiempo’: Hacia 1520 este era un concepto útil para explicar la ‘imago mundi’ latitudinal y longitudinalmente ‘más grande’ resultante de los descubrimientos ibéricos en el Atlántica, el Indico y el Pacifico post 1488.

Con esto en consideración, un año antes de la publicación de relato de Pigafetta, vio la luz (al parecer en Amberes) una obra titulada ‘De Orbis Situ Ac Descriptione’ (‘Sobre la situación y descripción de la tierra’) del erudito flamenco Franciscus Monachus (Francisco de Mechelen). En este trabajo la tradiciones geográficas clásica y cristiana se mezclan con la tradición medieval de los ‘viajes’ de Marco Polo, Odorico de Pardenone y John de Mandeville, la cual enseguida es suplementada con ideas tomadas de matemáticos y geógrafos Petrus Apianus y Johan Schönner (dos contemporáneos de Monachus que, en plan de la obra, contribuyen a la construcción de un contexto ‘propiamente científico’ para explicar los descubrimientos castellanos en América, desde México al Rio de la Plata). Contemporáneamente esos territorios estaban siendo descritos en, entre otros, las obras de Pedro Mártir de Angleria (el primer americanista) y las ‘cartas de relación’ de Hernán Cortes (temprana exploración del Pacífico).

Relevante es que en 1515 y 1520, Schöner había producido sendos globos terrestres en los que postulaba la presencia de un continente que, en forma de toroide, rodeaba al Polo Antártico. En su sector americano dicha tierra firme formaba un estrecho ‘aun por descubrir’ que enfrentaba la región que más tarde Magallanes llamaría ‘el país de los Patagones’. Es por lo mismo probable que la referencia de Pigafetta sobre la existencia de un ‘estrecho oculto’ mucho más al sur que el Rio de la Plata fuera en realidad una referencia a un trabajo de Schöner, quien, como Behaim, era de

En su obra, Monachus (miembro de la corte de la Archiduquesa Margarita Austria que, con sede precisamente en Mechelen, era visitada por personajes del calibre de Erasmo de Róterdam, Alberto Durero y el también cronista de la expedición de Magallanes, Maximiliano Transilvano), incluyó un mapa en dos hemisferios en el cual ‘el sur del mundo’ era caracterizado con un diseño geométrico descrito con la expresión ‘estas regiones no han sido aún descubiertas por los navegantes modernos, pero existen’ (‘Hec Pars Ore is Nobis Navigantibus Detecta Nundum Existit’). Hacia 1527 ese diseño fue reproducido en un globo terrestre construido por el erudito Gaspard van der Heyden, colega de Monachus, quien sólo dos años más tarde volvió a reproducir la idea en un globo ejecutado con la ayuda de Gemma Frisius. Luego de estudiar bajo la tutela de Monachus, Gemma (uno de los más influyentes científicos del siglo XVI) se convirtió en el maestro del joven Gerardo Mercator, cuando este estudiaba en la Universidad de Leuven.

En 1531 -bajo le expresión ‘terra australis incognita’- el concepto de Schöner, Monachus, van der Heyden y Gemma (que en su sector americano ‘explicaba’ el estrecho descubierto en 1520 por Magallanes), fue reproducido por el profesor de la Universidad de París, Oronce Finé (cuya correspondencia con Monachus, Gemma y Mercator es conocida).

En simple y doble proyección cordiforme (forma de corazón) la idea de una ‘tierra austral aún por descubrir’ fue desde entonces reproducida por decenas de cartógrafos y editores, entre ellos el propio Mercator, quien, en su primer mapa del mundo (1538) y su primer globo terrestre (1542), la convirtió en un componente fundamental de la ‘imago mundi’ de la época de la conquista de América.

En 1569 el mismo Mercator reiteró el concepto en el mapa del mundo con el cual se introdujo la proyección cartográfica nombrada en su honor. Este famoso mapa ilustra cómo la hipótesis de la ‘terra australis’ había derivado de hipótesis a ‘hecho deducido y/o inducido’ de la progresión de la exploración europea del hemisferio sur. En ese marco las dos más diagnosticas imágenes de tal hipótesis austral son, precisamente, los mapas del mundo y de América del famoso ‘Atlas Mercator’ (1582-1595), en los que un inmenso continente circumpolar forma, en su sector americano, un ‘Estrecho de la Victoria de Magallanes’.

La hipótesis que afirmaba que la costa sur del Estrecho de Magallanes era en realidad el límite de un continente antártico sobrevivió hasta que las noticias del descubrimiento de la ruta del Cabo de Hornos fueron publicadas en Holanda (1619), y la verificación del mismo practicado por la expedición hidrográfica de los hermanos Bartolomé y García Nodal (que por primera vez circunnavegó vez el archipiélago fueguino) fue publicada en Madrid (1624).

Esto, no obstante, no significó que la hipótesis de la ‘terra australis incognita’ despareciera: simplemente implicó que los cartógrafos y editores se vieran ‘obligados a corregir’ el diseño del supuesto continente antártico, situando su límite más al sur del Cabo de Hornos.

‘In extremis’, dicho concepto sobrevivió hasta comienzos de 1819, cuando un bergantín inglés procedente de Montevideo informó a las autoridades republicanas de Valparaíso el avistamiento de ‘nuevas tierras’ al sur del Cabo de Hornos, partir de lo cual se inició la ‘rebúsqueda’ de la ‘tierra firme austral’ hipotetizada en el contexto de la cooperación académica’ de las décadas de 1510 a 1530.