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Cuequero, corralero y gaucho

Por La Prensa Austral domingo 12 de noviembre del 2017

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Mauricio Sánchez

La historia del rodeo y las jineteadas en Magallanes

Por Mario Isidro Moreno

Fotos cedidas por entrevistado

La Reforma Agraria en Chile produjo cambios radicales en la estructura predial. El proceso mismo consistió en la redistribución de las tierra agrícolas, con el fin de mejorar la situación de los sin tierra y aumentar la productividad agrícola. Las expropiaciones tuvieron distintas intensidades en las regiones del país, siendo, en general, más afectadas las regiones de la zona central y la Región de Magallanes.

En el caso de esta región austral, el Estado expropió las estancias Wagner, Peckett Harbour, Punta Delgada y Bellavista. En total fueron 330 mil hectáreas que dieron vida a seis cooperativas campesinas: Cacique Mulato, El Ovejero, Estrecho de Magallanes, Ciake, Bernardo O’Higgins y Cañadón Grande, a los que se agregó Timaukel, formada en la antigua estancia Cameron, en Tierra del Fuego.

Hoy, la única cooperativa vigente de los tiempos de la Reforma Agraria es Cacique Mulato. Las otras fueron vendidas por los asociados y descendientes a distintos empresarios.

Y, es precisamente en estos últimos campos, donde nació Mauricio Javier Sánchez Saldivia, hijo de asentados del lugar; un campesino que lleva en su sangre y en su alma los colores patrios y sus tradiciones: el rodeo y la cueca chilena y ahora los concursos de jineteadas que lo catapultaron a obtener galardones por su destacada participación en este tipo de eventos culturales.

“Nací el dos de marzo de 1968, hijo de Pedro Segundo Sánchez Parra y de Yolanda del Carmen Saldivia Alvarez. Mi madre vino jovencita de Tenaún, en Chiloé, junto a sus padres y seis hermanos. Mis abuelos paternos, Pedro y Emilia, se fueron con mi progenitor a isla Dawson, para trabajar en la estancia Esmeralda que recién se estaba formando.

Barrio Matadero

Mis padres se conocieron en el sector del barrio Matadero donde residían sus familias. Por parte de mi mamá, vivían en lo que fue la Escuela 12 donde mis abuelos maternos eran cuidadores. Mi abuelo, paterno, trabajaba en el galpón de los Mihovilovic, en el Matadero. Una vez que mis padres contraen matrimonio, trabajan en el campo, en las estancias Berta y Cerro Negro. Encontrándose en la isla Riesco postulan a la Reforma Agraria y su amigo Pedro Goic, vecino del barrio Matadero, les ayuda y mi padre se traslada con su caballo, su pilchero y sus perros, hasta el sector de Bellavista -nombre antiguo del lugar que hoy se conoce como Villa Tehuelches- donde había un par de casas que pertenecía a la estancia Laguna Blanca.

De a poco, fueron llegando más compañeros de trabajo de diferentes sectores y así se fue formando la Cooperativa que llevó el nombre del principal jefe tehuelche de la Patagonia chilena: el cacique Mulato. Finalmente fueron veinte socios de la institución. Veinte casas que cobijaron a igual número de familias. En mi caso, Mi papá, mi mamá, mi hermana Emilia y yo. Así se formó el poblado de Villa Tehuelches.

Yo estudié hasta sexto año básico en la Escuela G-35 del lugar, hoy Diego Portales. Partió con dos salas, pareadas con la casa de los profesores Juan Sarabia y su esposa Gloria Dibasto Prieto, sobrina del famoso cantante Antonio Prieto. Se instaló el Retén de Carabineros cuya dotación consideraba un práctico en primeros auxilios, el cabo Pedro Quinsacara Mena, que atendía una especie de pequeña Posta Rural.

Siempre mantuvimos una excelente relación de amistad con la gente de la estancia Laguna Blanca; con los administradores gringos (porque los dueños nunca estaban allí) y con los trabajadores. Alternábamos por ejemplo con los Fortes, toda una descendencia, compañeros de colegio, amigos en las fiestas de la estancia, etc. Los habitantes de la villa éramos una verdadera familia y también considerábamos a la gente de la Cooperativa El Ovejero, que estaba a siete kilómetros de nosotros. Con los niños jugábamos a los cowboy, usando como revólver una parte de la quijada de un ovino, pero a diferencia de los chicos de pueblo, usábamos caballos de verdad y no de palo. Cuando iban a visitarnos los primos, formábamos grupos y montados recorríamos los campos en busca de calafate o frutillas”.

Situaciones mágicas

Le recuerdo a mi entrevistado que Carlos Alarcón (Q.E.P.D.) funcionario municipal, contaba que en la Cooperativa El Ovejero había muerto un niño y su fantasma se veía dentro de un auto abandonado. Mauricio Sánchez, me dice que no sabía de esa creencia, pero me aporta otras situaciones mágicas.

“La gente cree en la famosa luz mala, que se aparece en los campos de Laguna Blanca. En tiempos antiguos solían pasar por allí muchos pasajeros (conocidos también como tumberos) y mercachifles. Uno de ellos, de apellido Mansilla, hacía la ruta Punta Arenas-Natales a pie. Alojaba en nuestra casa mientras vendía sus productos, y a cambio del favor ayudaba a picar leña y en las tardes conversaba mucho con mi padre contando historias.

El era mi amigo especial. Su baja estatura lo hacía ver un niño más. Los otros chicos le tenían miedo porque, además de ser de tez morena y no bien parecido, portaba una bolsa en su espalda, imaginándolo como “el viejo del saco”, tan temido por los pequeños. Yo era el único que lo salía a encontrar cuando lo veía venir por la carretera, mientras el resto huía como alma que lleva el Diablo.

Otro caminante era uno de apellido Pérez, pero éste andaba a caballo con su pilchero y un perro. Su profesión era zapatero y se encargaba de reparar el calzado de la gente del campo. Concurría a la Cooperativa especialmente en tiempos de faena. Se le entregaba una pieza para alojar y se dedicaba a arreglar botas y zapatos.

Su pasión por el folclore y los caballos

Contagiado quizás por el mismo entusiasmo de la raza tehuelche que recorrió esos campos, a los cuales les encantaba la crianza de equinos, Mauricio Sánchez nos cuenta de su pasión por los jamelgos.

Cuando uno vive en el campo uno va aprendiendo todo por inercia. Sale con su papá, como para jugar, pero es en esos momentos cuando se van adquiriendo los conocimientos campesinos. La gente adulta nos enseñaba a los niños los secretos de las distintas faenas.

Mi padre fue un apasionado de los caballos. Podría faltarle cualquier cosa, pero si veía un pingo que le gustara reunía el dinero y lo compraba. De allí heredé ese gusto. Igual en el folclore, a él le encantaba y vio con muy buenos ojos que yo participara tanto como bailarín de cueca como integrante de grupos. Participé con Anakay el primer conjunto que se atrevió a mostrar el folclore de Magallanes con canciones y vestimentas auténticas, yendo incluso con este grupo a representar a la región a la Fisa de Santiago. Allí mi pareja de baile era mi prima Margarita Pacheco y participaba también mi tía Marina Saldivia. Estuve en el conjunto del Instituto Don Bosco, con Manuel Bustamante; en Trigal con Lina Muñoz, y en el Conjunto Municipal.

En cuanto a la cueca, tuve la fortuna que en 2001 integrara la pareja que obtuvo el Campeonato Regional y concurriera al Nacional de Arica, con Pamela Villarroel. En el año 2005, en Osorno, fui campeón Nacional del Campeonato de Funcionarios Municipales; en 2008, también obtuve el primer lugar en el Campeonato Nacional Senior, en Melipilla y, posteriormente, en Linares obtuve el Segundo Lugar en esta categoría.

Un primo lejano, Jaime Lira, le sugirió a mi papá que me inscribiera en el Club de Rodeo de Punta Arenas. Yo tenía como diez u once años. Los socios me fueron enseñando, especialmente mi amigo Luis Orlando Bahamóndez. En ese tiempo se permitía correr en la medialuna con caballos mestizos o no inscritos. Mi papá me compró una yegua fina, pero no inscrita y me la entregó como mi primer regalo de corralero”.

El corazón de Mauricio Sánchez se enternece y junto con asomar a sus ojos unas lágrimas cristalinas, ante ese grato recuerdo de su progenitor, que ya emprendió el camino sin regreso, su voz se quiebra por la emoción.

“Después tuve una collera de caballares procedentes del lado de Purranque, cerca de Osorno: Monarca y Pistolera. Tuve la suerte que la yegua venía preñada y me dio una potranca, la “Novicia” y luego un potro “Respetado”, los que fueron trabajados por Juan González Galleguillos, de San Felipe. Con esos caballos propios, criados en Magallanes, tuve la suerte de llegar a correr en el Champion de Rancagua, con Pepe Latorre y luego con Peter Almonacid.

“Estuve por mucho tiempo como presidente del Club de Rodeo de Punta Arenas. Para mí y todos los corraleros es preocupante la situación que se produce con los enemigos de este deporte que no puede morir. Ellos deberían primero conocer a fondo esta competencia. Estamos siempre dispuestos a explicar. El rodeo tiene un reglamento que es muy estricto, dentro de la medialuna y fuera de ella en cuanto al cuidado del caballo y del ganado”.

Su amor por lo regional 

La raíz patagónica de Mauricio Sánchez, lo ha llevado, junto con seguir las prácticas de las faenas de campo, a derivar su entusiasmo a los campeonatos de jineteadas.

“Me dicen que soy el heredero natural del gran Eduardo Balaguer (Q.E.P.D.) por cuanto me he hecho cargo de la animación y relatos de este deporte.

De alguna manera uno tiene que volver a sus raíces. La jineteada para mí es algo normal que yo vengo viendo en el campo desde niño, cuando se trabaja con caballos indomados para dejarlos en condiciones de uso. Igualmente, a manera de diversión, se montaban algunos potros ariscos en los rodeos. Era una actividad normal. Luego llega desde Argentina el Campeonato de Jineteada traído por Balaguer. Había tropillas para el lado de Natales. Se realizó el certamen en Agua Fresca, con Guillermo Rohers, en Laguna Blanca y yo colaboraba como capataz o palanquero o bien acarreador de pilchas y cuando se organizó la primera jineteada en Punta Arenas, en la medialuna de Río de los Ciervos, con participación de Agua Fresca, Club de Rodeo, los Cárdenas de Castillo y ahí comencé con Eduardo Balaguer, el argentino, a relatar el certamen. De ahí no he parado. He estado en Agua Fresca, en Cerro Castillo y me acompaña el payador Jonathan Hernández.

El amor llega a mi vida desde mi época de estudiante donde conocí a la alumna del Instituto Sagrada Familia Viviana Gallardo Barría. Pololeamos como diez años y nos casamos el 22 de febrero de 1992. De nuestra unión nace Paulina, estudiante de Pedagogía en Música en Chillán, amante del folclore y los caballos y Catalina que termina cuarto medio, bajista y cantante.

Me considero un afortunado de la vida. He participado hasta en publicidades nacionales por televisión. He bailado y he cantado. Mi sueño, es estar viejo, retirado de mis actividades, reposando en un sillón junto a mi esposa y con ambas hijas arrullándonos con su canto”.