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Daniel “Nany” Soto: un magallánico al que la vida le dio una nueva oportunidad en Austria

Por La Prensa Austral jueves 13 de febrero del 2020

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Ex delantero goleador del Club Deportivo Magallanes en los ’70

Su vida cambio drásticamente después del Golpe de Estado de 1973. Fue torturado y perdió su trabajo. Por familiares residentes en este país de Europa central llegó, hace ya 40 años, a la tierra de Wolfgang Amadeus Mozart, donde formó su familia. Hasta fines de febrero estará en Punta Arenas, saludando a sus antiguos compañeros y amigos que dejó en las entonces polvorientas canchas australes

Una historia que pudo terminar mucho antes, y de manera muy trágica. Como le pasó a muchos compatriotas. Pero él sobrevivió y pudo contar cómo salió adelante, a pesar de las dificultades. José Daniel Soto Vallejos nació en Punta Arenas, el 15 de agosto de 1951, hijo de José Soto Muñoz, oriundo de Chiloé, y de Gertrudis Vallejos Muñoz, de Valdivia, quienes además fueron padres de Margarita Soto Vallejos.

Transitó tranquilamente por la vida, en el colegio, en el trabajo y como promisorio delantero, primero en Río de los Ciervos, después en Miramar, Victoria y Magallanes. Con el elenco albiceleste alcanzó la gloria en la temporada 72-73, donde consiguieron ser campeones.

Pero llegó el Golpe de Estado de 1973 y todo cambió.

“Perdí mi trabajo, en ese tiempo estaba en el Servicio Agrícola y Ganadero en el laboratorio de diagnóstico animal, era un buen trabajo. Pero me detuvieron después del Golpe, estuve dos meses detenido, y cuando salí había perdido todo, quedé muy mal. No militaba, pero tenía ideas socialistas como mi padre, pero era deportista neto. Justamente ese fue el año increíble del Magallanes, donde se juntaron muchas figuras y salimos campeones casi invictos y fui goleador de ese torneo”, resume sobre ese giro que tuvo su existencia.

Una experiencia demoledora

Esa experiencia de haber sido detenido, le afectó mucho en el aspecto psicológico: “Anduve muy mal, con los interrogatorios, golpes eléctricos que recibí, me torturaron y me dejaron muy mal durante seis años. Y justamente, mi mamá tenía contacto con gente que ya se había ido de Europa, eran primos-hermanos míos, quienes les contaban que la situación allá era buena, pero nosotros no teníamos dinero, mi papá había fallecido dos años antes, y nos quedamos sin nada. Mis primos me decían que vaya a Austria y yo respondía, ‘de dónde, nunca he escuchado una palabra de alemán’. No quería irme, pero la situación estaba tan mala. Aparte la policía militar nos pillaba en la calle y nos metía adentro por cualquier cosa. Hasta que el 29 de julio de 1979 me fui, le dije a mi mamá ‘en dos o tres años vuelvo’, y no regresé más”.

A pesar del cambio, Daniel Soto supo adaptarse: “Con 29 años comencé otra vida, empecé a trabajar, me dieron el asilo en Austria, conocí a mi esposa después de dos años y nos casamos. Lo que más costó fue el idioma, pero hice los cursos básicos de gramática y con mi mujer, aprendí rápido. Trabajé 35 años en Europa y me jubilé hace cinco años. Empecé en encuadernación de libros y me cambié a la impresión; los últimos 13 años los trabajé en el Ministerio Social y del Trabajo, en impresión digital. Actualmente estoy jubilado, pero allá en Austria es otra cosa, se puede vivir con el dinero de la pensión, viajar”, advierte.

Ahí asoma su crítica hacia la situación actual del país, porque él vive otra realidad, en la que un jubilado no tiene que ponerse a trabajar de cualquier cosa para poder subsistir, sino que puede descansar sus años declinantes, con tranquilidad. “La gente acá en Chile trabaja toda la vida, jubila y tiene que seguir, no alcanza el dinero para nada. La situación desgraciadamente es muy mala. Por eso me quedé allá, Austria es uno de los mejores países en el mundo, tiene leyes sociales increíbles con las que solamente podríamos soñar acá; estamos a años luz de los avances que hay en Europa”, lamenta.

Retorno a las canchas

Pero además de su trabajo, Soto volvió a las canchas en Austria. “En los primeros años llegó una colonia grande de Chile, unas mil familias y formamos un club latino, que bautizamos ‘Tito Palestro’ (Mario Palestro Rojas, histórico dirigente del Partido Socialista) y nos metimos en una liga vienesa, el primer año salimos segundos, nos encontramos con figuras que hubo en Chile y que se habían casado con austriacas, como el goleador del Huachipato campeón del torno 1974, Carlos Sintas (uruguayo que jugó en el Austria Viena entre 1978 y 1979). También llegó a parar allá el “Matador” Mario Kempes, a quemar sus últimos cartuchos (histórico goleador argentino campeón mundial de 1978, que entre 1986 y 1992 militó en tres clubes austriacos). Ahí los conocí a ambos, porque había muchos cafés latinos”.

Soto estuvo cerca de cinco años en ese club que formaron, que con el tiempo se fue diluyendo, ya que por sus carácter amateur, sus jugadores comenzaron a preocuparse de sus labores profesionales. “Ya en esa época ya tenía como 33-34 años y ya no se entrenaba como antes. Yo allá empecé de nuevo, porque después del Golpe quedé físicamente arruinado y psicológicamente también”, reitera.

Recuerdos gloriosos

Daniel Soto habla con cariño de los años en que podía jugar en distintas ligas en Punta Arenas. “Antes se podía, un fin de semana jugaba tres partidos: jugaba en la ‘18’, en Barrio Sur, y en el ‘Estadio’ (Asociación Punta Arenas). Yo empecé en Río de los Ciervos, después en Miramar, pasé a Fitz Roy y en la ‘18’ estuve en Reinerio García y Carlos Dittborn, mientras que en el ‘Estadio’ comencé en el Victoria y terminé en el Magallanes”.

El ex futbolista indica que sus inicios en el deporte fueron gracias a grandes dirigentes, “que nos iban a buscar en vehículo, Manuel Riveros y Ciro Alvarado, que nos iban a buscar en las mañanas. En Magallanes, Juanito Díaz, ‘Lima vieja’ como le decían. En Magallanes, el presidente era Donald MacKinnon Yung que era jefe del Servicio Agrícola y Ganadero, nos sacó el Servicio Militar y nos dio trabajo en el Sag. Así funcionaba antes el asunto, no sé cómo será ahora, pero en esos años nos ayudaban mucho los dirigentes”, reconoció Soto, que estudió en el Liceo Industrial y la enseñanza básica en la escuela de Río Ciervo y después se cambió a la Escuela Nº1 en calle José Menéndez.

Un Magallanes estelar

Mucho cariño también guarda “Nany” Soto de sus compañeros de Magallanes. “Se juntaron muchas figuras como Dolorindo Hernández, que jugó en Coquimbo Unido; ‘Fito’ Martinovic, también profesional; hay mucha historia en ese club. Yo fui goleador, ese año fue increíble. Incluso fui nominado a la selección, pero no pude ni entrenar con ellos, porque fui detenido después del Golpe, pero el destino estaba así; quién se iba a imaginar que me iba a ir tan lejos y empezar una segunda vida”, reflexionó.

La vida en Europa

A su llegada a Austria vivió primero en Viena y en los últimos cuatro años se trasladó a un pueblo al oeste, cerca de Alemania, a dos horas de Munich, llamado Laakirchen, una localidad de 10 mil habitantes. “Tenemos jardín, un buen departamento, un clima hermoso, estaciones muy marcadas, otoño colorido, pero igual el clima ha cambiado, hay menos nieve”.

Soto se casó con Monika con quien tuvo tres hijas: Bárbara, Carola y Rafaela, todas austriacas. “Desgraciadamente, ninguna salió deportista, jugaba fútbol con ellas cuando chicas, pero ninguna se interesó. Tengo un nieto de dos años, por ahí vamos a ver qué pasa”.

Por el hecho de estar en Europa, aprovechó las escasas ocasiones en que la Selección Chilena se acercó al Viejo Continente. “Cuando estaba preparándose para el Mundial en ese tiempo, fui a Stuttgart, vi un Brasil-Austria. Siempre hay posibilidades de ver fútbol en Europa”.

El penal de Caszely

Justo cuando estaba adaptándose a su nueva vida en Austria, se jugó el Mundial de 1982, en que Chile debió enfrentar, precisamente, al representativo de ese país. La Roja perdió 1-0 en un partido que será recordado eternamente, por el penal que se perdió Carlos Caszely. Y cómo no, Daniel Soto tiene su anécdota al respecto: “Lo vi con mi esposa, y nos peleamos. Yo estaba contento cuando marcaron el penal, y cuando se lo pierde, ella se puso a saltar… no nos hablamos en una semana”. Eso, no obstante, no afectó su incipiente matrimonio, porque como dice con orgullo, “llevamos 38 años casados”.

Es por eso que no tiene en sus planes regresar a Punta Arenas. Más por cómo está el país. “A pasear sí, a ver a la familia que queda aquí, como mi madre, que aún vive a sus 91 años, en la población Fitz Roy; mi hermana en la villa Selknam y su hijo.

Una Punta Arenas distinta

Por parte de mi padre, casi no hay. Hace cuatro años no venía, apenas me jubilé vine, y estuve cuatro meses con mi esposa”. Y en esta vuelta, lo que más lamenta es “ver la ciudad hecha tira, tapadas las ventanas, rayado, y me dio pena, porque Punta Arenas lo conocí intacto, una ciudad fantástica, media europea y con poblaciones pequeñas; ahora siento está expandida por todos lados”, advirtió.

Lo otro que llamó profundamente su atención fue “ver tanto auto, parece que ya nadie camina. En Austria están sacando esos vehículos que tienen muchas emisiones, están haciendo avances, ciudades con vías peatonales y con ciclovías, lo que se ve en otros países, como Holanda, Dinamarca, hay buenos caminos. Aquí no hacen nada, se llena de chatarra y autos en las calles. Va a ser, si es que ya no lo es, un problema gravísimo en la ciudad. Pero parece que la política, o mejor dicho la gestión política ciudadana no funciona como debiera”, concluyó.