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Desde la linotipia a lo digital: los 50 años de José Lara dando forma a las noticias

Por La Prensa Austral viernes 10 de julio del 2020

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Vinculado desde 1968 a El Magallanes

Con más de medio siglo de actividad ligada a El Magallanes y La Prensa Austral, este operador que hoy se acoge al retiro definitivo supo transitar de la máquina de fundición de líneas para impresión a las nuevas tecnologías que revolucionaron la industria editorial de periódicos

Para la comunidad en general, su trabajo pasa inadvertido. Esto es más patente en los medios de comunicación, como en este diario, donde su nombre no aparece entre los más reconocidos. Pero para quienes están al interior de una empresa como ésta, su labor resulta fundamental. Son quienes hacen que lo escrito en una carilla, antiguamente, o en un Word, pase un proceso que terminará con el diario impreso que usted termina leyendo. Esa labor la cumple en La Prensa Austral y El Magallanes, el turno de Producción Noche, que vive un horario diferente al común, entrando bien pasada la tarde y saliendo de madrugada.

Una rutina que José Armando Lara Hernández cumplió con responsabilidad desde que en 1968 ingresó a El Magallanes y que continuó en su paso a La Prensa Austral. Primero, a las 17 horas y después a las 19, sus silbidos de una melodía daban cuenta de su llegada, mientras saludaba con alguna broma y siempre una sonrisa. Una rutina que llega a su fin, ya que desde la semana que pasó, el “Viejo Lara” como era conocido, decidió que a sus 72 años ya estaba bueno de tantos sacrificios y se retiró a descansar a su hogar y cuidarse del Covid-19, junto a su esposa María Díaz Vargas.

Acorde al bajo perfil que siempre cultivó, costó convencerlo de que contara sus vivencias. Pero al final aceptó. Es que para esta casa periodística es historia viva. De hecho, siempre para las ediciones del Día del Patrimonio, la gente que visitaba el diario conocía de su labor, la que puede verse en una fotografía que adorna el pasillo, y que data de 1976, en la que aparece digitando en la antigua linotipia. Lo divertido es que muchas veces él estaba presente y reclamaba con ironía, “ya me van a mostrar”.

La linotipia fue su compañera de años y la responsable de muchas cicatrices y quemaduras en sus manos. Pero llegó el cambio tecnológico y la aparición de los programas computacionales, ante los cuales José Lara se adaptó igual, aprendiendo a usar el In-Design para armar las páginas, labor que desarrolló hasta hace unos días.

“En 1968 entré a El Magallanes, con 18 años más o menos, donde estuve sacando pruebas, después me iba a la impresora a sacar el diario. Hasta que Gabriel “Chuno” Ojeda, me dijo un día ‘¿te gustaría aprender a trabajar en la linotipia? Yo te enseño’. Acepté y me dijo ‘ahora me voy a almorzar, te quedas trabajando y si la máquina se traba, bajas la palanquita y me vas a buscar’, pero gracias a Dios nunca pasó nada. La primera vez hice como siete líneas y cuando corregí faltaba la mitad de la letra y si en una de las plaquitas, si te equivocabas tenías que arreglar todo lo que hiciste”, parte recordando Lara, nacido el 26 de mayo de 1948.

Posteriormente, tras un paréntesis, arribó a La Prensa Austral en diciembre de 1973, “por intermedio de Jorge Babarovic, tenía como unos 21 años, ya en linotipia. Siempre trabajé de noche, primero a las 5 de la tarde, después a las 7 y en ese tiempo salíamos a las 5-6 de la mañana, porque a las 7 salía el diario, era más largo el tirón. En invierno era complicado por la nieve, en Pérez de Arce, donde vivía antes”, recordó Lara.

Entre los compañeros con los que más compartió esta labor, se apura en mencionar al ya fallecido Mario Núñez y Ramón Gómez, quien actualmente se desempeña en la sección de fotodigitalización, aunque no recuerda bien las fechas. “Es que ha cambiado tanto, ha pasado tanta gente, una vez me encontré con un cabro que me reconoció y no me acordaba de él; había trabajado en fotografía y no pude dar con el nombre. Antes había más compañerismo, uno llegaba a la sección y había tallas. Un tiempo en que cuando teníamos que esperar las crónicas, jugábamos al dominó, truco, hasta que el director Manuel González se enojó y dijo que no era casino. Un tiempo jugábamos a la Lotería, porque había tiempo”. También hubo otra época en la que, en los tiempos ‘muertos’, jugaban ping pong.

En ese tiempo había más espacio para el esparcimiento, porque al ser siete en la sección, cada uno tenía algunas pocas crónicas que colocar en página. “En tres carillas, si uno era rápido, demorabas unos veinte minutos, y después sacabas la prueba, la corregías, volvías a sacar la prueba”, cuenta como era su labor. “Antes había ‘pegoteo’ con Ramón Gómez, Belarmino Muñoz, Gómez, ‘Schillachi’. Uno escribía y lo mandaba a la máquina, que te mandaba la prueba, entonces tú pegoteabas y si tenías para tres columnas, lo hacías; con pegamento lo pegabas a la página y de ahí pasaba a la plancha”, cuenta Lara sobre ese proceso que ahora, con tanta tecnología, cuesta comprender.

El cambio tecnológico

Lara reconoce que el cambio de sistema fue complicado para él, acostumbrado por años a la linotipia. “Yo de todos los procesos que se hicieron, en ninguno tomé clases. Los técnicos que llegaban a instalar hacían las clases y nunca fui. Les decía ‘no saco nada con ponerme a escribir’ (tomar apuntes) porque no lo voy a agarrar. Yo lo voy a hacer una vez que me digan cómo es’. Lo mismo que el Internet, que no lo trabajé nunca, igual que el correo electrónico”, reconoce.

Pero aunque logró adaptarse, siempre echó de menos la linotipia. “Si a mí me hubiesen dicho que iba a salir un diario que iba a trabajar con linotipia, me iba encantado. Te ocupaba más cosas, uno se preocupaba del calor del plomo, para que salga bien la tipografía, porque si salía frío, se ‘picaba’; si salía caliente, se pegaba, te churreteaba toda la máquina y los calcetines quedaban llenos de hoyos, porque saltaba el plomo”.

“Yo trabajaba en el diario y la imprenta, porque me encantaba; donde había una linotipia ahí estaba yo. Ahora la veía toda desarmada, le faltaba cualquier cosa. Pasaba a mirarla y siempre encontraba que faltaba algo”, comentó sobre la máquina que conocía tan bien y que ahora está en exhibición al interior del diario.

Y aunque reconoce que ahora el sistema ha facilitado el proceso, por el contrario, se aburría más que cuando tenía que estar pendiente de la máquina.

Lo complicado igual para él fue el cambio generacional, ya que por años, logró forjar gran amistad con algunos compañeros, como Mario Núñez, jefe de Producción Noche hasta su fallecimiento, en julio de 2014. “Fue el único compañero que tuve en el diario, hasta última hora fui a verlo, nos llevamos siempre bien. Igual puedo contar con los dedos de una mano a los que no fueron muy amigos ni compañeros”. También recuerda al “Zorro” Vidal, por su sentido del humor, “siempre alegre, nunca hizo algo que cayera mal”.

Sacrificada labor

El horario que José Lara cumplía en La Prensa Austral, representaba muchos sacrificios, porque si bien podía tener la mañana libre para hacer trámites y hora de almuerzo, empezaba su labor cuando la mayoría la termina. Y las salidas de madrugada siempre van minando la resistencia. “No afecta tanto, pero pierdes de todo: cumpleaños, estás tomando once y ya te tienes que ir, Navidad, Año Nuevo. Eso fue toda la vida, cuando empecé en el diario, en El Magallanes, iba a entregar los diarios, pasar al correo, ponerles estampillas y mandarlas a Santiago; pero estuve en eso un par de meses y de ahí pasé a sacar planchas en la noche”.

Al respecto, recuerda un accidente que tuvo: “Una vez me quemé, como sacaba pruebas, y Petusic hacía lo titulares, las placas eran gruesas. Uno las tomaba de cierta manera y la ponía en una bandeja. La tomabas de la parte menos caliente, pero en mi primera vez, tomé los titulares y Petusic me miraba; apreté la prueba y me quemé, pero ahí ya no lo iba a soltar, hasta que lo puse en la bandeja, me hice el leso y me fui, pero estuve toda la noche buscando algo frío para poner en mis dedos”.

Y a pesar del compañerismo, también había competencia “para ver quién sacaba las pruebas más limpias; teníamos todas las pruebas colgadas, porque las que estaban llenas de errores las tirábamos”.

Como desde chico, José Lara destacó en el fútbol y representó al diario en muchos campeonatos. Pero también participó con entusiasmo en las competencias deportivas internas, en juegos, como la rayuela, el dominó y el truco, aunque siempre lo molestaban con que solamente sostenía cartas. “En el truco, si no haces señas, estás sonado. Yo hacía y me pillaban”, reconoció.

Otros recuerdos menos gratos tienen que ver con los años de la dictadura, en la que “llegaban los milicos a corregir, ellos daban el visto bueno y había que dejarles todas las páginas ahí.. Pero no recuerdo que hayan rechazado algo. Con el toque de queda era jodido, porque una vez, los Carabineros que siempre iban a buscar papeles, un día íbamos subiendo con un grupo y aparecieron dos que dijeron ‘a la pared los weones’. ‘Tenemos salvoconducto’ decíamos y nos respondían, ‘a la pared, te dije’ . Y de repente te dicen ‘date vuelta’ y era un conocido”.

En otra ocasión fue detenido y permaneció toda la noche en el calabozo, porque había olvidado el salvoconducto en la casa. “Llegué a la cárcel (que en ese tiempo estaba frente a La Prensa Austral) y me encontré con un carabinero que iba a buscar papeles. Le dije que fuera a avisar al frente que estaba detenido. No le dijo a nadie al final. Pero a las 9 de la mañana me fueron a sacar”.

Y aunque no alcanzó a hacer la enseñanza media, porque empezó a trabajar muy joven, con la práctica aprendió de ortografía, redacción y no pocas veces alertaba de un error a los periodistas y editores, porque siempre tuvo la virtud de preguntar. Por ejemplo, recuerda que aprendió mucho al leer las crónicas de Marino Muñoz Lagos, Arturo Ampuero, que hacía la hípica. Incluso aprendió de astrología, porque era el encargado del horóscopo.

Fotos Gerardo López / Archivo LPA