Necrológicas
  • Ana Julia Berrios
  • Juan Castillo Valdebenito

Día del Profesor Normalista

Por La Prensa Austral martes 27 de agosto del 2019

Compartir esta noticia
408
Visitas

Las escuelas normales de Chile se constituyeron entre los años 1842 y 1974 y, en los primeros momentos de gestión, imitaron los modelos educativos que tenían los franceses. El profesor normalista siempre tuvo y tiene como premisa en su accionar el decir: “lo principal es querer al alumno”

El Día Nacional del Profesor Normalista fue instituido por Decreto Nº162 del año 2005, un 26 de agosto, firmado por el Presidente Ricardo Lagos Escobar. Esta fecha coincide con la promulgación de la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria en el año 1920.

La pedagoga magallánica María Cristina Mancilla Bontes, se refiere a esta conmemoración en los siguientes términos:

“En este día tan especial, les solicitamos hacer un alto en su acelerado ritmo de vida y meditar sobre la profunda relevancia que tuvo y tiene en la sociedad actual el haber explorado sus primeras letras y conocimientos con un maestro de vocación, con un maestro formado por una escuela normalista, institución donde se les entregó la mística y se le profundizó su vocación de servicio junto a su constante interés por lograr que los niños y niñas que les correspondía atender lleguen a ser personas de bien común, con valores, actitudes y hábitos propios de las necesidades y requerimientos sociales. Hablamos de ese maestro o maestra normalista muchos de los cuales ya están acogidos a un merecido descanso y otros ya no nos acompañan físicamente; pero no podemos dejar de pensar que todos y cada uno de estos insignes profesionales de la educación dejaron un hermoso legado cultural en sus estudiantes.

Estos maestros, con la esperanza de un mundo mejor, surcaron los escarpados caminos de la vida, soñando con descubrir las bellezas del mundo interior de sus educandos, de tal manera de fortalecerlos y ayudarlos a crecer como personas dignas y auto realizadas.

Cuando ellos decidieron ser maestros o maestras se cubrieron de un manto de ternura, y perseveraron en la exploración del mundo del saber, porque el maestro normalista se caracteriza por ser una persona inquieta, con altas expectativas de lo que sus estudiantes pueden lograr; es resiliente, creativo y con alto espíritu de superación, sin perder la ilusión y esperanza de lograr formar estudiantes desarrollados integralmente como personas.

Los educadores normalistas de la región, cada 26 de agosto celebran el Día del Profesor Normalista, junto con conmemorar la promulgación de la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria, fecha memorable y trascendental en nuestro país, ya que ese día se comenzó a soñar con un proceso educativo que iría en directo beneficio de la sociedad, que requería y necesitaba ser culturalmente alfabetizada.

Las escuelas normales de Chile se constituyeron entre los años 1842 y 1974 y, en los primeros momentos de gestión, imitaron los modelos educativos que tenían los franceses.

El profesor normalista siempre tuvo y tiene como premisa en su accionar el decir: “lo principal es querer al alumno”.

En esta fecha conmemorativa la sociedad no puede dejar de reconocer la relevante labor educativa realizada por los profesores normalistas ya jubilados.

Esta es una efeméride que nos permite invitar a estos maestros y maestras a unirse y recibir un homenaje digno y solemne a la altruista labor que realizaron en bien de la comunidad y del desarrollo de la educación en Chile, por haber sido cada uno de estos educadores un pilar fundamental en el crecimiento de la pirámide existencial de muchas de las personas que hoy son altos ejecutivos, profesionales, artesanos y,   en general, trabajadores responsables y comprometidos con su tarea y función dentro del grupo social que le circunda, sin desconocer además, que lo más significativo para ellos, fue lograr que sus estudiantes fueran seres que se caractericen por ser buenas personas, con grandes valores y proyectando una actitud de vida basada en la paz y el amor.

Fueron estos maestros y maestras los que formaron muchas generaciones de jóvenes que hoy dirigen los destinos de nuestro país, y no sólo eso, también formaron jóvenes con un sentido positivo de la vida, gestores de un ambiente de convivencia armónico, capaces de utilizar el diálogo como la herramienta esencial para la resolución de conflictos.

No podemos dejar de destacar que cada uno de estos muchachos que crecieron junto al profesor normalista tiene un fuerte compromiso con su vida personal, profesional, laboral y familiar, puesto que fueron parte de una generación educativa, donde el maestro y maestra era autoridad y eran dignamente reconocidos por su altruista y loable labor educativa, donde el valor del respeto era altamente valorado por la familia y sociedad en general.

Esta época que vivió el profesor normalista dejó un sello de bienestar, de comunicación, de sensibilización y, por sobre todo, dejo un sello de valoración de las normas, reglamentaciones y la jerarquía, donde se formó una generación que, sin dejar de tener opinión, respetaba las decisiones y la autoridad que ejercía la familia y muy en especial el profesor.

Los maestros y maestras normalistas que aún se reúnen, disfrutan de los momentos que tienen para recapitular todas las vivencias que por años fueron acumulando en este difícil arte de educar. Cuantos estudiantes pasaron por sus aulas; cuantos jóvenes aprendieron a leer sus primeras letras y palabras con un profesor normalista, cuantos tomados de la mano de ellos fueron soñando con alcanzar sus grandes ideales, pensando en ser grandes profesionales, ilusionándose de cumplir sus metas personales y laborales, y en especial, cuantos muchachos y muchachas aprendieron a darle calidad a su vida gracias al apoyo y conducción de sus maestros.

Ellos siempre estuvieron preocupados de sus estudiantes, y que estos no pierdan la motivación intrínseca por el estudio. Vestían sus aulas de hermosas escenografías, haciendo de ellas un escenario donde el teatro, la música, la creación, la actuación, etc. fueran herramientas de encanto, paz e interés de los estudiantes por ir descubriendo el mundo del saber.

Quienes ya son adultos, deben recordar cómo sus maestros normalistas los hacían disfrutar de las bellezas de la vida a través de la dramatización de un cuento, a través del juego, la música y las anécdotas, logrando que cada hora de clase estuviera llena de sorpresas, de entretención y de recursos que permitieron a sus estudiantes solidificar su pirámide existencial con la investigación de sucesos y conocimientos.

A todos y cada uno de los profesores normalistas, le damos las gracias por tan noble tarea, y el legado cultural que sembraron y que hoy es una cosecha de grandes ideales y multifacéticas proyecciones de vida”.