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Coronavirus

Directora de la Escuela Paul Harris, Elizabeth Ulloa, con ocasión de la pandemia: “Para los niños la primera instancia de socialización es la escuela y eso es lo que ellos no tienen y lo extrañan”

Por La Prensa Austral viernes 22 de mayo del 2020

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Si los sistemas educativos se han puesto a prueba durante la pandemia por Covid-19, en la educación especial la misión ha sido aún más dura. Las particularidades de cada niño o adolescente que se encuentren en este sistema, obliga a los establecimientos a tener un equipo en el que, además de profesores, deben contar con fonoaudiólogos, psicólogos, kinesiólogos, terapeutas ocupacionales, entre otros profesionales, para atender las necesidades de los alumnos, lo que se complica doblemente, en estos tiempos sin clases presenciales.

Esta situación ha hecho crisis en algunos países, donde los estudiantes sufren el estrés de estos meses de encierro y muchos padres no cuentan con todas las herramientas profesionales necesarias para resolver dificultades específicas. En Punta Arenas, la Escuela Rotario Paul Harris ha sido una de las que ha debido adaptarse a esta contingencia.

Con una matrícula de 85 estudiantes, de 4 a 14 años, desde que se inició el estado de emergencia en el país, han estado desarrollando clases online y entregando cápsulas educativas a través de mensajería virtual. La directora del establecimiento, Elizabeth Ulloa, quien también está a cargo del Centro de Capacitación Laboral, destaca la disposición que tienen los padres y apoderados de los niños con algún tipo de discapacidad, para poder sobrellevar esta situación.

El establecimiento tiene dos áreas: discapacidad intelectual y otra de lenguaje. “Nuestra labor es la continuidad de los procesos pedagógicos y de las terapias, porque ellos tienen la atención de diversos profesionales, como terapeuta ocupacional, fonoaudiólogo, psicólogo, trabajadora social, kinesiólogos y debe haber una continuidad en sus tratamientos. Buscamos estrategias para que esto ocurra en las casas y diseñamos cápsulas audiovisuales, que se pueden descargar a los celulares a través de WhatsApp o vía correo. Esta herramienta ha permitido que los papás puedan trabajar con los estudiantes, y a nivel pedagógico ha ocurrido lo mismo, los profesores han enviado guías, algunos link o tecnologías de la educación, para que puedan continuar con los trabajos pedagógicos”, describió la directora que, sin embargo, advierte que “nuestra labor como escuela ha sido apoyar en los procesos, porque no se está produciendo el aprendizaje profesor-alumno. Esto se trasladó al hogar y son los padres los que se están haciendo cargo de este proceso”.

En todo caso, Ulloa aseguró que “los profesionales están llamando de manera permanente a los apoderados, para guiar el trabajo y hacer un seguimiento y lo mismo que las profesoras, pero nuestro principal rol es considerar que lo que estamos ejerciendo es docencia remoto de emergencia y ahí lo fundamental es el apoyo socioemocional, porque como son niños que tienen discapacidad intelectual, también tienen enfermedades de base y eso implica que las familias han extremado los cuidados y prácticamente, los hogares son burbujas, por el temor a que los niños se enfermen. Cuando hay personas con discapacidad en las casas, también es un elemento más de barreras, de tensión, y como escuela hemos tratado de bajar estas barreras, que las familias tengan apoyo emocional y el estar presente; sin ser invasivos y en la medida que los apoderados también lo permitan, es brindar apoyo educativo, socioemocional y contención emocional”.

Para quienes dudan de la eficacia de las plataformas virtuales, en este caso, por poner un ejemplo, “la profesora de Educación Física hizo un video de actividades motoras, y muchas mamás comentaban que para los niños era muy bello, porque lo conectan al televisor y ven a la profesora haciendo ejercicios, alguien cercano, y para ellos fue muy gratificante”.

Afectos de cariño y compromiso

La directora enfatiza que ese trabajo se realiza con los niños desde el primer día de emergencia, porque “en la escuela se crea un vínculo importante, de afectos, de cariño, de compromiso. Para los niños es muy complejo, porque para ellos, la primera instancia de socialización es la escuela y eso es lo que ellos no tienen y lo extrañan. Muchos han enviado videos a sus profesoras y extrañan la dinámica escolar; sus salas de clases, compañeros, rutina del día a día”.

Este problema se agravará a medida que este estado de emergencia se prolongue en el tiempo, lamenta Ulloa, “y que se produzca un tema de dependencia, porque ellos tienen que recuperar una vida y el objetivo de la situación de discapacidad es la inclusión, que ellos puedan acceder a la cotidianeidad”.

Asimismo, otro aspecto que será muy difícil de implementar cuando se regrese a las actividades presenciales, es la distancia social con los niños. “Ellos son personas que se expresan a través del cuerpo, los afectos. En general, los niños van a volver a la escuela con altos niveles de estrés, primero por la situación de encierro, y segundo, por la gran diversidad en las familias, que viven muchas situaciones. Y en caso de los niños con algún grado de discapacidad, ese estrés será mucho peor, porque hay más dificultades de comprender la situación y principalmente, por la distancia social”.

Donde esta realidad ha sido mucho más compleja es en el Centro de Capacitación Laboral, donde “quedaron todos los procesos inconclusos, porque son jóvenes-adultos, que tenían no solamente una vida más en el colegio, sino en un entorno más comunitario-laboral y están en la casa. Ahí se ha requerido más participación del equipo, porque hay más grado de estrés y frustración”.

Es por ello que Elizabeth Ulloa indica que a medida que la comunidad vaya aprendiendo sobre estos procesos que han venido aparejados con la pandemia, “tiene que haber un plan de salud mental importante en nuestros estudiantes. Hay algunas líneas de trabajo, pero este es un proceso que no había ocurrido nunca y es una instancia de aprendizaje”.

Los viernes, el establecimiento entrega libros de parte del Mineduc, material pedagógico impreso para quienes no tienen acceso a impresoras, canastas Junaeb, que se distribuyeron a las familias. En cuanto al personal, alcanza a las 50 personas, entre profesionales no docentes, profesoras y asistentes de la educación.