Necrológicas
  • José Miguel Bahamonde Bahamonde
  • Danilo Heriberto Passeron Callahan
  • Juan Hilario Ruiz Muñoz
  • Enrique Ulloa Velásquez
  • Víctor José Delgado Flores
  • Isabel Barrientos Barría

Eduardo Menéndez Glasinovic: alcalde “accidental” por seis años

Por La Prensa Austral domingo 24 de julio del 2016

Compartir esta noticia
1.419
Visitas

El 26 de enero de 1944, vio la luz en Punta Arenas, Eduardo Menéndez Glasinovic, a quién, según dice él mismo, “los viejos me saludan y los jóvenes me ignoran”.

Claro, porque los muchachos de hoy, quizás no conocieron el desempeño de este alcalde de Punta Arenas que ejerció el cargo por accidente –como él lo califica, por casi seis años.

Sus padres fueron Enrique José Menéndez Martínez, hijo de españoles y de Zorka Glasinovic Simunovic, croata que arribó, junto a sus progenitores, a los 6 años a Punta Arenas. Aclara que la única relación existente con el pionero asturiano fue por parte de su madre que trabajó para el potentado, aunque se manifiesta que el apellido Menéndez, natural de Oviedo, se esparce en algunos pueblitos españoles del lugar, siendo bastante común.

Dio sus primeros pasos en su casa paterna de Mejicana 37, entre las calles Zenteno y Patagona, donde se encontraba la Cervecería Austral, siendo sus relaciones de amistad con los niños de ese pequeño sector constituido por algunas manzanas del Cerro de la Cruz. En la Avenida República había otro grupo de niños a los cuales invitaban a participar de sus sanas travesuras.

“Cercana al lugar -recuerda- estaba la ladrillería Dubrasic. Había allí muchos alemanes y de otras nacionalidades, como los Witt, los Eberhard, los Fischer. Yo recuerdo por lo menos cinco casas del lugar habitadas por germanos.

“Nuestra vivienda colindaba con un pasaje donde había tres o cuatro casas arrendadas. En una de ellas vivía una familia que cada año le celebraba el cumpleaños al padre “tirando la casa por la ventana”. Eran cinco hermanos que, cuando ya se pasaban de copas y con mucho alcohol en la sangre, salían a pelear a la calle de capitán a paje, arrancando los piquetes de madera del cerco de la cervecería para usarlos a modo de armas, con los cuales se daban por donde cayera, hasta que se cansaban y les daba sed regresando de nuevo a beber a la fiesta. Nadie se enteraba de lo ocurrido y, lo único que todos los vecinos que no habían escuchado la pelea, trataban de esclarecer, era porqué faltaba madera en los cercos. Eso era lo más trágico del barrio ya que entre los niños lo que siempre ocurría era que, un chico facilitaba un balón para jugar una pichanga de fútbol,  cuando le pasaban un gol al equipo del dueño de la pelota este, de picado, tomaba el esférico y se lo llevaba para su casa con lo cual terminaba el partido”.

Se humedecen los ojos del ex alcalde cuando, rememorando su niñez, manifiesta que los sectores de juegos eran simplemente la calle, porque como estaba casi al borde de la ciudad no había mucho tránsito. Agrega que el único cuidado que había que tener, era porque por allí bajaban piños de vacunos que eran arreados hacia el matadero. Muchas veces algunos animales se escapaban y se metían al pasaje donde ellos vivían.

“Nuestros pic-nic los realizábamos en el lugar donde hoy se ubica la población Carlos Ibáñez.  Eso era campo. Antes de Pascua, las familias yugoslavas se reunían en el lugar y se hacía un gran asado, se jugaba fútbol y se bebía moderadamente. En invierno se aprovechaba la fuerte pendiente que existe en la calle Patagonia entre la avenida Colón e Ignacio Carrera Pinto para deslizar los trineos pequeños y grandes hasta para cuatro personas. Otro lugar preferido por su gran declive, era calle Valdivia (José Menéndez) entre Señoret y avenida España, donde se unían a la fiesta los Damianovic que vivían en la esquina”.

De su época escolar confiesa que esta partió en un kínder mixto del  Liceo María Auxiliadora y de ahí pasaban al Liceo San José, cuando éste se encontraba detrás de la Parroquia Catedral. En ese establecimiento educacional realizó sus estudios primarios y secundarios, en 11 años, puesto que sus habilidades  lo hicieron saltar de tercero a quinto año. De sus compañeros de colegio dice que muchos de ellos hoy son profesores universitarios, doctores, como el caso del fallecido Emilio Salles, Rudi Mijac,  Sergio Lausic, Fernando Barguetto, etc. Rememora los artistas estudiantiles del San José, destacando a Ernesto Márquez, que estuvo en Los Trianeros, el cual tocaba el piano en todas las actividades culturales del establecimiento y Rudi Mijac, que usaba magistralmente el acordeón.

“Nuestros límites territoriales de familia eran muy reducidos y no conocíamos mucho de la ciudad. Nuestros padres nos sacaban con mi hermana María Josefina –que fue profesora del Liceo San José- los días domingo, caminando hasta Rómulo Correa donde había juegos; luego llegábamos a Bories donde mirábamos extasiados un sector de café que se llamaba Libertad, después contemplábamos el gran hoyo donde se estaba construyendo el edificio Enap y de ahí regresábamos a nuestra casa. Sólo 10 manzanas conocíamos y ahí vivíamos. De ese lugar al colegio y del colegio de vuelta al hogar.

“Quise estudiar Geología, puesto que me iba muy bien en química, pero cuando di la prueba de bachillerato fue con muy poco interés, pensando que no teníamos los medios económicos para que siguiera una carrera y no saqué el puntaje necesario. Se dio entonces la alternativa de trabajar en el negocio de importaciones de Goiko Maslov, ubicado en calle Bories con Mejicana, una tienda tan rara que allí se vendían camisas, adornos plásticos y automóviles. En eso estaba cuando el director del Liceo San José me dijo que fuera a conversar con don Emilio Salles resultando mi ingreso a la Oficina de Partes de la Municipalidad de Punta Arenas”.

Su período municipal

Eduardo Menéndez tuvo la suerte de ingresar como empleado municipal, porque se dio la casualidad que en ese momento se necesitaba urgente gente joven, dado que seis funcionarios de la oficina de Partes estaban próximos a jubilar y había que reemplazarlos. Durante 8 meses, en sus horas de trabajo, permaneció encerrado en la bóveda leyendo libros, analizando actas ya que su labor posterior fue confeccionar las actas de los regidores y el alcalde.

Se matriculó en el Liceo Comercial vespertino, obedeciendo una recomendación de su madre, y al cabo de cuatro años obtuvo su título de contador, llegando a ser jefe del Departamento de Contabilidad de la municipalidad.

“Mi llegada a la alcaldía fue accidental –me cuenta Eduardo Menéndez-. El alcalde de ese entonces, Jorge Vega Germain, presentó su renuncia y como yo lo subrogaba en sus ausencias, asumí el cargo en forma interina, pensando en que se iba a nombrar una autoridad en el corto plazo, lo que no sucedió. Yo seguí con mi nueva actividad, pero como un funcionario más, formando comités de trabajo de distinto tipo sin tener nunca problemas o dificultades con los empleados puesto que era uno más de ellos. Siempre existió una relación de respeto y confianza mutua. Estuve en el puesto desde finales de 1982 hasta mediados de 1989, casi seis años, en cuyo período nos tocó solucionar, entre otras cosas, el problema de la deuda de las luminarias de la ciudad de dos millones de dólares, lo que se pagó en cuotas. Tengo guardado entre mis cosas más preciadas, una fotocopia de la última letra cancelada. Entre mis logros, puedo mencionar la excelente relación con las juntas de vecinos a través de su Unión Comunal, que presidieron Gerardo Pérez y Lorenzo Giner. Me tocó recorrer muchas poblaciones, compartir con los vecinos y ver sus problemas, atender levantamiento de casas, protección de calles que estaban con derrumbes, instalación de pasarelas, y especialmente solucionar los graves problemas que tenía la municipalidad.”

Terminado su período alcaldicio, obtuvo una entrevista con la gerencia de la compañía Euroamérica Seguros, postulándose a un puesto que quedaba disponible en el mes de noviembre y pese a las malas artes empleadas por algunos enemigos, logró finalmente su contrato, desempeñándose durante 18 años como gerente de la oficina de Punta Arenas y los últimos dos, como gerente de la Región Austral de Valdivia al sur, con seis oficinas.

“A esta altura del partido quedan en mi recuerdo las campañas incluso políticas que en algún momento me tocó hacer, pero lo más trascendente es el cariño de la gente y el hecho que yo pueda circular por las calles y nadie esconda la mirada y me salude. Creo que sólo las generaciones jóvenes no me ubican.

“Mi amor por Magallanes sigue vigente como siempre. Yo nunca he salido de esta región. Viajé a realizar una capacitación a Alemania y he salido a recorrer algo con mi señora, Rosa Lidia Torres Ponce, a la cual conocí de muchacho en esta ciudad. Fue como un amor a primera vista, de esos sucesos en que tú ves a una niña que va caminando y cuando te das cuenta que ella retribuye a tus miradas la sigues y la consigues. Nos casamos en el año 1972 y de nuestro matrimonio surgieron cuatro hijos y nueve nietos que son los herederos de esta unión española-croata que se afincó a orillas del estrecho de Magallanes”.