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“El ajedrez para mí es una filosofía de vida y una herramienta espiritual y de superación”

Por La Prensa Austral miércoles 1 de mayo del 2019

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Giovanna Arbunic Castro

En su fugaz regreso a Punta Arenas después de treinta años, la brillante ajedrecista recuerda sus inicios, su difícil pero enriquecedor paso por España y su retorno a Chile, donde espera retomar el contacto con la región, enseñando a nuevas generaciones de cultores del deporte ciencia

No fueron pocos los que se sorprendieron ¿Giovanna Arbunic está acá? Muchos le perdieron la pista a la brillante ajedrecista surgida en Punta Arenas a fines de los ’70 y que abandonó la región en 1983. Se pensaba que estaba en España, país en el que se radicó por casi veinte años, pero no, desde hace dos años está de vuelta en Chile, viviendo en Santiago, junto a su compañero Daniel Barría y su hijo Manuel, ambos también cultores del milenario juego.

Su regreso a Punta Arenas se dio casi por casualidad. Luis Poblete, ex decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Umag y también destacado ajedrecista, se encontró en un torneo en la Región de Valparaíso con Daniel Barría. Ahí supo que Giovanna estaba en Chile y la invitó a formar parte del equipo que el fin de semana pasado, disputó el torneo Patagónico de ajedrez, en Río Grande, Argentina.

Obviamente, Giovanna no podía decirle no a su otrora formador. “Luis Poblete fue profesor mío de cuando yo tenía 14 años, me tiene mucho cariño y hay una relación muy estrecha de amistad”.

Quienes han conocido de siempre a Giovanna Arbunic, saben de su particular carácter. Apasionada, de convicciones firmes, expresión libre y sin temor en decir lo que estima correcto, frontalidad que a veces puede ser malinterpretada. Por eso, es enemiga de las frases azucaradas. Así responde cómo fue su reencuentro con Punta Arenas después de treinta años.

“No tengo apego sentimental con Punta Arenas, porque mis padres fallecieron y ni tengo a nadie aquí. No tengo nada que me ate con Magallanes. He recorrido medio mundo y para mí, las ciudades sin gente, son nada, la gente es la que me mueve a mí. Yo viví 18 años en Madrid, sin embargo, a mí no me ata nada a Madrid, porque no me gustó la gente de Madrid”.

Eso no significa que no quiera retribuir todo lo que aprendió en su ciudad natal. Así que aunque estuvo pocas horas en Punta Arenas, aprovechó de reunirse con antiguos amigos y planear proyectos. “Baldovino Gómez fue mi primer profesor, me reuní con él, y con José Maripani, de la Umag, Luis Poblete, Mario Drpic, queremos unir fuerzas para que esta distancia que me separa a mí de Magallanes, entre todos, la podemos salvar”.

Si bien es solamente una idea, Arbunic espera poder entregar sus conocimientos a los niños de la región. “Cuando hablé con Maripani, me dijo ‘de qué cantidades estamos hablando’ para que pueda seguir mi carrera. Las cantidades que pido no son para mi bolsillo, ni para que me haga millonaria, sino para que tenga libertad de moverme en el mundo del ajedrez, ir a torneos a Arica, Concepción, al Sudamericano, esa cantidad, pongamos 100 mil pesos. Yo haría actividades para Magallanes por esa cantidad, que me permitieran tener libertad en Santiago para realizar mi carrera. Necesito un ordenador decente y libros, porque estoy estudiando con Rubén Felgar, que nos pide material de última generación, al que no tengo acceso. Todos esos detalles tendría que tener esa cantidad para relanzar mi carrera como docente y jugadora, lo que en Santiago no puedo lograr”, fue la idea que desarrolló Arbunic, demostrando en palabras como “ordenador” sus años en España.

Sufrimientos europeos

Una prueba de templanza tuvo Giovanna Arbunic para imponerse en esta disciplina, pero no le quedó otra que tomar otros rumbos para crecer. “Mi vida ha estado marcada, desde mi salida de Punta Arenas, por la parte económica, yo no he tenido medios, el ajedrez no te da para vivir, ni para desarrollarte, por lo que siempre he estado coartada por esa parte. Entonces me uní a Daniel Barría, que es maestro internacional y después de estar un tiempo en Chile y no lograr nada, dijimos que había que ir a un centro donde hubiera ajedrez, permanentemente. Nos fuimos con un ordenador bajo el brazo, los dos, a Barcelona y después a Madrid”, recordó.

Sin embargo, “cuando llevaba tres meses en Barcelona, quedé embarazada. Yo no quería, pero quedé embarazada, sin casa y sin medios. Cambió mi vida, porque con Daniel había resurgido en ajedrez, había obtenido grandes premios en Barcelona, pero todo cesó con la llegada de mi hijo, porque en Madrid, donde nos trasladamos, es muy difícil mantenerse. Entonces trabajé de limpieza de cualquier cosa, para sacar nóminas y poder arrendar un piso, porque si en Madrid no tienes nómina, no puedes arrendar y yo quería un piso para mi hijo y para Daniel, que estuviésemos lejos de la gente, que nos jodían, gente envidiosa, terrible, que no nos quería dejar vivir en paz. Arrendé en el barrio de Salamanca y eso se mantuvo por 12 años hasta que mi hijo creció. Pero como no pude desarrollarme en el ajedrez, sí pude hacerlo en la parte académica, como necesitaba dinero y me aseguraba una cantidad, logré el título de monitora de la federación madrileña. Esto se terminó cuando Daniel heredó la casa de sus padres en Santiago, hace dos años. Regresamos a Chile para estar tranquilos en nuestra casa, traer a nuestro hijo, a su pieza, en su habitación con su ordenador y tranquilo. Yo tengo mi pieza, mi ordenador y mi espacio, lo mismo con mi hijo y con Daniel”.

Las diferencias entre España y Chile

Pese a sus logros en el ajedrez, que son muchos, Giovanna Arbunic se dio cuenta que a su regreso al país, eso había quedado archivado en libros de historia del deporte. Más aún si en España se dedicó más a perfeccionarse como formadora que como ajedrecista.

“Tengo el título de monitora de la Federación Madrileña de Ajedrez, que manda instructores a todos los colegios y que es una idea que se podría instaurar y que sería maravilloso. Ningún colegio toma un profesor por su cuenta y ningún profesor llega a ofrecer sus servicios. Tiene que ir a ofrecerlos a la federación que es la que manda a cada monitor a los colegios, según su nivel. La central del ajedrez de los colegios es la federación, y se hacía cargo para llevarme a institutos o colegios, no tenías que andar mendigando puerta a puerta, y a veces te cambiaba de instituto, pero nunca te dejaba sin trabajo. Esa es la gran diferencia con Santiago. Cuando llegué, toqué puertas de varios colegios y ninguna me abrió. Y anduve mendigando de aquí para allá, con mis títulos a cuesta y solamente tomé un taller en Renca, que me pagan 100 mil pesos por dos veces a la semana, pero tengo que meterme 30 estaciones de metro, media hora esperando bus, y 45 minutos en un bus cacharriento, entonces ¿vale la pena eso? Es un abuso, además que no quiero ser crítica, pero a la gente a la que llego, no le importa nada el ajedrez, son chicos que solamente sus padres les obligan que tomen un taller y no tienen interés. Para mí, eso es un tiempo muerto”, lamentó.

Más que un juego

Consultada sobre cómo logra motivar a los niños a jugar ajedrez, tomando en cuenta todas las alternativas tecnológicas y estimulantes presentes en el diario vivir, Giovanna Arbunic responde con una sonrisa pícara: “Con mucha maña, yo tengo una filosofía del ajedrez, que es propia. En la primera clase les digo ‘chicos, el ajedrez no es un mueve piezas’, no existe ni la casualidad ni la suerte. El ajedrez es como una maqueta de la vida, es la guerra del bien y del mal. Existe el centro, el espacio, el tiempo, el material, el desarrollo, que son básicas en la vida y que también lo son en el ajedrez. Y las cosas que son de alto nivel en la vida también. No es un juego, es una filosofía, que la vas entendiendo a medida que vas teniendo experiencia”, manifestó.

-¿Cambió mucho su visión desde que estaba en Punta Arenas hasta ahora, después de su experiencia en Europa y si así fue, qué fue lo que cambio?

“Hay algo muy importante del tiempo que yo jugaba, al tiempo actual, que es la informática, lo que cambia todo, porque cuando empecé, no era tan importante la parte de programación, los ordenadores no eran la vía del ajedrez como es ahora, entonces hay que incluir esa parte, porque las aperturas la manejan todos los ordenadores, entonces tienes que estar muy bien preparado porque si no, no puedes jugar nunca. Para poder ser libre y pensar, tienes que tener una cantidad de información incorporada. Es como la universidad. Mientras más conocimientos, más vuelas. Para poder volar con el pensamiento libre en ajedrez, tienes que tener acumulados una gran cantidad de conocimientos informáticos, así es el ajedrez ahora. Antes yo volaba sola”.

Por lo mismo, recalca que la tecnología, “es un avance para el ajedrez, porque yo he conservado todas las capacidades que gané jugando de esa manera, pero yo tengo mi ordenador propio, estoy abundando la parte informática, y las dos se relacionan y se entienden, una se coopera con otra y acrecienta el ajedrez. Si no tienes la parte informática, te quedas atrás, es un ajedrez caducado”.

-¿Qué le diría a un niño que no conoce el ajedrez y en qué podría beneficiarlo?

“El ajedrez es una herramienta espiritual, de autoconocimiento y te permite volar con tu propio pensamiento, antes que las herramientas que te da el colegio. El colegio entrega mucha información, pero no te permite volar”.

-¿Y en su familia comparten esta visión?

“Ellos me escuchan, pero muchas veces dicen que soy loca jajaja, mi hijo siempre lo dice. Ellos no han pasado por la experiencia mía, yo he dado todo por el ajedrez. Tuve una pareja que era millonario, que tenía estancias, tres pisos, auto último modelo y yo lo dejé por Daniel, de quien me enamoré por el ajedrez. Me gustó tanto cómo estudiaba que era como yo veía el ajedrez, que dije ‘no, este no lo dejo pasar, este es mío’, jajaja. Llevamos juntos 18 años, pero es un amor ligado al ajedrez. Lo que adoro en este mundo es mi hijo, aparte que es guapísimo y es un angel. El no me hace mucho caso, él habla poco conmigo, tiene sus ideas propias pero habla con sus amigos y su novia, y de mí, dice que estoy obsoleta jajaja, lo que es un error, pero que algún día se dará cuenta, espero que no sea cuando esté en la tumba”, finalizó, en su estilo, Giovanna Arbunic.

Fotos Rodrigo Maturana